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Como se acercan las fiestas y el fin de 2018, por aquí estaremos publicando algunos libros recomendados por académicos y amigos del Instituto. Empezamos hoy con las sugerencias de Guillermo Cabieses, quien dice que los mejores libros que leyó en 2018 son:

Cabieses espera leer en 2019:

Con los alumnos de Historia del Pensamiento II (Escuela Austriaca) de la Universidad de Buenos Aires, (Económicas), vemos el artículo de Mises “Reconstrucción Monetaria”, donde comienza explicando el concepto de moneda sana. ¿Qué es una moneda sana? Aunque nadie dice que no deba serlo ya nadie persigue ese objetivo, que se relaciona con libertades civiles básicas. Así comienza:

“El principio de una moneda sana que guió las doctrinas y políticas monetarias del siglo XIX fue un producto de la economía política clásica. Constituyó una parte esencial del programa liberal, tal como lo desarrolló la filosofía social del siglo XVIII y lo difundieron los partidos políticos más influyentes de Europa y América durante el siglo siguiente.

La doctrina liberal ve en la economía de mercado el mejor, inclusive el único sistema posible de organización económica de la sociedad. La propiedad privada de los factores de la producción tiende a transferir el control de ésta a manos de quienes se hallan mejor capacitados para la tarea, y, de esta suerte, a procurar a todos los miembros de la sociedad la satisfacción más completa posible de sus necesidades. Ella atribuye a los consumidores el poder de elegir a aquellos proveedores que los abastezcan más barato de los artículos que solicitan con mayor urgencia y en esa forma sujeta a los empresarios y a los propietarios de los factores productivos, es decir, a los capitalistas y terratenientes, a la soberanía del público consumidor. Ella hace que las naciones y sus ciudadanos sean libres y proporciona sustento abundante para una población cada vez más numerosa.

Como sistema de cooperación pacífica con arreglo a la división del trabajo, la economía de mercado no podría funcionar sin una institución que garantizara a sus miembros que estarán protegidos en contra de los malhechores de adentro y de los enemigos de afuera. La agresión violenta únicamente puede frustrarse mediante la resistencia y la represión armadas. La sociedad necesita un aparato defensivo, un estado, un gobierno, una fuerza policíaca. Su funcionamiento sin tropiezos ha de salvaguardarse mediante el apresto incesante a repeler a los agresores. Mas entonces surge un nuevo peligro. ¿Cómo es posible mantener bajo control a aquellos a quienes se confía la dirección del aparato gubernamental, a fin de que no volteen sus armas contra aquellos a quienes deben servir? El problema político esencial estriba en cómo impedir que los gobernantes se conviertan en déspotas y esclavicen a los ciudadanos. La defensa de la libertad individual en contra de los abusos de los gobiernos tiránicos constituye el tema esencial de la historia de la civilización occidental. El rasgo característico de occidente se encuentra en el afán de sus pueblos por ser libres, preocupación que es desconocida de los orientales. Todas las maravillosas proezas de la civilización occidental son otros tantos frutos que han crecido en el árbol de la libertad.

Es imposible asir el significado de la idea de la moneda sana si no se hace uno cargo de que se concibió como un instrumento destinado a proteger las libertades civiles contra las invasiones despóticas por parte de los gobiernos. Ideológicamente pertenece a la misma categoría que las constituciones políticas y las declaraciones de derechos. La exigencia de garantías constitucionales y de declaraciones de derechos representó una reacción contra los regímenes arbitrarios y la inobservancia por los reyes de las costumbres tradicionales. El postulado de una moneda sana se esgrimió como respuesta a la práctica de los príncipes de rebajar la ley de la moneda acuñada. Más tarde se elaboró y perfeccionó con cuidado en la época que, como resultado de su experiencia con la Moneda Continental de las Colonias Norteamericanas, con el papel-moneda de la Revolución Francesa y con el período de restricción en Inglaterra, había aprendido lo que un gobierno puede hacer al sistema monetario de una nación”.

Publicado originalmente en El Foro y el Bazar el 12 de octubre de 2018.

Según el reporte Libertad Económica en el Mundo: Informe Anual 2018 —co-publicado hoy en EE.UU. por el Instituto Fraser de Canadá y el Instituto Cato— EE.UU. ha vuelto a la lista de las diez economías más libres del mundo, tras una ausencia de muchos años y un declive que comenzó alrededor del año 2000. Hoy, EE.UU. ocupa el sexto lugar en el índice.

“Durante el mandato 2009-2016 del presidente Obama, la puntuación de EE.UU. inicialmente siguió disminuyendo, tal y como lo había hecho bajo el mandato del presidente Bush. De 2013 a 2016, sin embargo, la calificación de EE.UU. aumentó de 7,74 a 8,03. Esto sigue estando muy por debajo de la marca de 8,62 en 2000, puntuación obtenida al final de la presidencia de Clinton”, señalan los autores James Gwartney, Robert Lawson, Joshua Hall y Ryan Murphy. Tras la crisis financiera, las cinco áreas amplias de libertad que el informe mide —tamaño del gobierno, sistema legal y derechos de propiedad, política monetaria, apertura comercial y regulación— experimentaron declive en su puntaje para EE.UU. que en los últimos años han comenzado a recuperarse.

El informe de este año comprende 162 países y abarca datos hasta 2016, el año más reciente para el que se dispone de datos comparables internacionalmente. El índice sigue encontrando una fuerte relación entre la libertad económica y una gran cantidad de indicadores de bienestar humano, incluida la prosperidad. Los diez primeros países en orden son: Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Irlanda, EE.UU., Georgia, Mauricio, Reino Unido y, empatados en el décimo lugar, Australia y Canadá.

Como grupo, los países industrializados de altos ingresos experimentaron una disminución en su nivel de libertad económica que comenzó la década pasada. El gráfico del informe adjunto aquí muestra que esos niveles han mejorado algo en los últimos años. También muestra que la brecha de la libertad económica entre países ricos y pobres se ha ido cerrando notablemente desde 1980, y la mayor parte de esa convergencia proviene de los aumentos en la libertad económica de los países en desarrollo, incluso cuando los países desarrollados aumentaron su libertad durante el mismo periodo.

Averigüe dónde se encuentran posicionados otros países y la relación entre la libertad económica y la longevidad, la igualdad de género, la felicidad, los ingresos y mucho más aquí.

El historiador Carlos Deustua Pimentel destaca la obra de Juan Pablo Viscardo y Guzmán La paz y la dicha del nuevo siglo: una exhortación a todos los pueblos libres o que quieran serlo. Aunque menos conocida que la célebre "Carta a los americanos españoles", esta nos provee una mayor apreciación de las ideas económicas de Viscardo y Guzmán. Deustua destaca algunas citas que vale la pena destacar aquí. Viscardo y Guzmán sostenía, como muchos autores de la Ilustración, que el comercio era el amigo natural de la paz. Y que las guerras eran la ruina de los estados y las sociedades:

"Consecuencia de tal situación es el aumento constante de los tributos; lo que impide todos los remedios futuros, ya que no se cuenta con las rentas y se hace la guerra con el capital. No es extraño ver a los estados hipotecar sus fondos durante la paz misma; y emplear, para arruinarse, medios que llaman extraordinarios y que son tantos, que el hijo de familia más enajenado apenas puede imaginarlos". 

Para Viscardo y Guzmán, el comercio es de suprema importancia:

"La verdadera medida del poderío es en la actualidad la de la prosperidad del comercio, padre de la industria, que es lo único que enriquece y puebla los estados y cuya presencia es siempre la época de una grandeza que pasa cuando éste termina, pero lo que lo hace infinitamente más precioso, es que siendo amigo de la paz y de la libertad puesto que sólo subsiste con ellas, asegura a los hombres los dos bienes principales de que pueden gozar".

Y agrega:

"El efecto natural del comercio es el de llevar a la paz. Dos naciones que negocian entre ellas se hacen recíprocamente dependientes: Si una tiene interés en comprar, la otra tiene interés en vender y todas las uniones están fundadas sobres necesidades mutuas... El espíritu del comercio une a las naciones, y produce en los hombres un sentimiento de justicia exacta". 

Deustua señala que estas citas provienen de manera precisa de Montesquieu en el Espíritu de las leyes y señala que también encontramos en esta obra algo de Adam Smith:

"El comercio y las manufacturas han traído gradualmente el orden y el buen gobierno, y con ellos la libertad y la seguridad de los individuos, particularmente para los del campo, que vivían antes en un estado casi continuo de guerra con sus vecinos y de dependencia servil con sus superiores. Éste es de lejos el más importantes de sus efectos, a pesar de haber sido el menos notorio".

Deustua destaca la influencia que tuvo Quesnay y los fisiócratas sobre Viscardo y Guzmán, quienes sostenían que había un "cierto orden natural espontáneo, ciertos principios de acción que rigen a los individuos" (Quesnay). Veamos la aplicación que hizo de Quesnay Viscardo y Guzmán:

"Cuando la luz de la razón haya descubierto en todas partes los errores más importantes; cuando conceptos más liberales reemplacen las míseras invenciones del espíritu monopolista, y cuando el comercio, en una palabra, se vea liberado del resto de obstáculos que frenan su tendencia natural a consolidar la paz entre las naciones, se habrá encontrado entonces la solución del problema más importante de la humanidad".

Nada de esto es original en Viscardo y Guzmán, lo que ciertamente parece ser algo novedoso es su tesis de que la invasión española se inició con un "espíritu de empresa" y fue positiva al principio puesto que el monarca delegó en los privados denominados "conquistadores" --permitiéndoles lucrar individualmente-- la tarea de explotar el Nuevo Mundo. Que solo fue cuando se dio cuenta de la importancia y abundancia de la riqueza de "las Indias" fue que decidió cambiar hacia una explotación monopólica y excluyente:

"Con la quinta parte de estos tesoros, y el producto de otros impuestos con que abrumó al coercio, a la industria y a la agricultura de España, agitó y ensangrentó a Europa y al globo, hasta el momento en que la célebre bancarrota de Felipe II hizo ver una vez más cuál era el escollo más peligroso para la ambición. El único propósito que le resultó exitoso fue el consolidar el despotismo civil y religioso más ilimitado, dándole una base sólida fundada sobre las ruinas de la libertad cuyo restablecimiento costó tantos esfuerzos a los españoles después de la invasión de los moros..."

Viscardo y Guzmán creía que valía la pena aprender por qué España pasó de la opulencia a la decadencia: 

"La libertad es el gran resorte del Estado: Roto éste todo se derrumba y se explica fácilmente la extrema súbita decadencia de un pueblo poderoso y rico, por su industria, rodeado desde los más grandes medios de incrementar su opulencia hacia el final del siglo XVI".

Y viceversa, la prosperidad repentina de Holanda y Estados Unidos se debía a "la energía de las fuerzas creadoras y vivificantes de la Libertad".

Viscardo y Guzmán distinguía entre la prosperidad del fisco y aquella de la sociedad: "El rey de España que recibe sumas grandes de su aduana de Cádiz no es, en este sentido, sino un individuo muy rico en un estado muy pobre. Todo se transfiere de los extranjeros a él, sin que sus súbditos tengan alguna participación. Este comercio es independiente de la buena o mala fortuna de su reino".

La respuesta de la gran mayoría sería un contundente "sí". Pero Johan Norberg indica que las fundas plásticas son menos malas, al menos si las reciclamos utilizándolas para deshacernos de nuestra basura y luego son quemadas y convertidas en nueva energía. En cambio, una funda de papel tendría que ser usada al menos 7 veces para tener menos impacto que una funda plástica, esto es porque hacer una funda de papel requiere mucha más energía que hacer una funda de plástico. Pero todavía peor son las fundas de algodón: habría que usarlas al menos 327 veces para que tengan menos impacto que las fundas plásticas. 

No es un problema de colores políticos, y no es exclusivamente español. Sabemos que en otros países también se han producido episodios en los que algunos políticos han sido descubiertos engañando en la formación académica que decían ostentar, sea porque no la tenían en absoluto o porque la habían conseguido por vías irregulares, por ejemplo, plagiando sus tesis doctorales o recibiendo un trato de favor por parte de las universidades.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué se arriesgan las autoridades de forma tan temeraria a perder todo su prestigio y a arruinar sus carreras si tales maniobras son desenmascaradas?

Sospecho que la respuesta no nos remite tanto al rey-filósofo de Platón como a un fenómeno mucho más reciente, que tiene que ver con la hipertrofia de los Estados modernos, incomparablemente más grandes y onerosos que cualquier sistema político del pasado.

En nuestros Estados actuales, la política es demasiado absorbente, y ofrece oportunidades laborales suficientemente tentadoras, como para que sus protagonistas puedan dedicarse con intensidad a mejorar su formación. Y, al mismo tiempo, unos Estados tan voluminosos suelen legitimarse alegando que la política es un asunto técnico, es decir, un asunto que requiere a los mejores profesionales. Como esta contradicción es insoluble, algunos caen en la tentación de hacer trampas para resolverla de forma disfrazada.

Estos laberintos en los que se pierden algunos gobernantes podrían tener una salida que conserve su honor y no quebrante los derechos de los ciudadanos. Se trataría de reconocer que la política no es un tema principalmente técnico, y los mejores mandatarios no son los profesores más sabios, eruditos y geniales. El mejor ministro de Economía no debe ser Premio Nobel. Y el mejor ministro de Sanidad no debe ser el mejor cirujano. Lo que los políticos deben tener, sobre todo, no son doctorados sino principios. Por ejemplo, el principio de no mentir en sus titulaciones académicas.

Si esa sinceridad se combinara con la modestia de reconocer las fronteras de la inteligencia humana, podría potenciarse el principio político más importante para los derechos del pueblo, a saber, el principio de que la libertad no depende de la sabiduría de los poderosos, porque no depende de la forma del poder, sino de sus límites.

Publicado originalmente en El Periódico de Sotogrande (España) el 25 de abril de 2018.

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