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En la edición de hoy de "fallas del estado" tenemos al hospital estatal que construyó el gobierno ecuatoriano en Monta Sinaí (Guayaquil) sin dotación de agua potable. Esta mega-obra no contempló en su diseño la dotación de agua potable ni el tratamiento de deshechos tóxicos. El hospital lleva tres años de retraso y se ha pasado del presupuesto con $63 millones. Fue presentado por años como el "complejo hospitalario más grande del país", "aunque el edificio está en pie, no puede funcionar".

No tiene desperdicio este reportaje:

En este pasaje el economista austríaco Ludwig von Mises describe su visión de una economía de mercado:

"Es absurdo hablar del "poder" de las grandes empresas. La gran característica del capitalismo es que el poder supremo en todas las cuestiones económicas queda en los consumidores. Todas las empresas grandes crecieron a partir de inicios modestos y llegaron a la grandeza porque el apoyo de sus consumidores los hizo crecer. Sería imposible que las empresas pequeñas o medianas provean esos productos de los cuales ningún estadounidense actual quisiera prescindir. Mientras más grande es una corporación, más depende de la disposición de sus consumidores para comprar sus productos. Fueron los deseos o, como algunos dicen, los errores de los consumidores los que condujeron a la industria automotriz hacia la producción de autos cada vez más grandes y que obligaron a que hoy produzca autos más pequeños. Las cadenas de tiendas y los grandes almacenes tienen la necesidad de ajustar sus operaciones cada día para satisfacer los cambiantes deseos de sus clientes. La ley fundamental del mercado es: el cliente siempre tiene la razón".

Vale la pena resaltar también esta párrafo donde explica los beneficios para todos de la acumulación de capital:

"...Lo que hizo de EE.UU. el país más rico del mundo era el hecho de que su 'individualismo firme' de los años antes del New Deal no colocaron obstáculos serios a los hombres emprendedores. Los empresarios se enriquecían porque consumían solo una pequeña parte de sus ganancias y destinaban una parte mucho mayor de estas a invertir en sus negocios. Por lo tanto se enriquecieron así mismos y a todas las personas. Porque fue esta acumulación de capital que elevó la productividad marginal del trabajo y por lo tanto, el nivel de los salarios.

Bajo el capitalismo la codicia del individuo empresario beneficia no solo así mismo sino a todas las personas. Hay una relación recíproca entre su adquisición de riqueza mediante el servicio a los consumidores y la acumulación de capital y la mejora de la calidad de vida de los trabajadores asalariados, quienes constituyen la mayoría de los consumidores. Las masas están en su capacidad de asalariados y de consumidores de que los negocios florezcan. Esto es lo que los viejos liberales tenían en mente cuando ellos declaraban que en la economía de mercado prevalece una armonía entre los verdaderos intereses de todos los grupos de la población".

¿Es verdad que EE.UU. logró su desarrollo en torno a políticas proteccionistas como las que propone Donald Trump hoy? ¿Acaso los altos aranceles promovieron la industrialización de EE.UU. en el siglo diecinueve? ¿El proteccionismo ayudó o profundizó los problemas de la Gran Depresión? Douglas A. Irwin, profesor de economía en la Universidad Dartmouth, presenta en su libro Clashing Over Commerce, lo que Tyler Cown considera "la mejor historia de la política comercial [de EE.UU.] que se ha escrito".

George Melloan publicó la semana pasada una reseña del libro que vale la pena leer. Melloan dice que Irwin delinea --de manera detallada y de fácil lectura-- la evolución de la política comercial estadounidense desde la era mercantilista de la década de 1640 hasta el presente, cuando el presidente Trump ha hecho de la política comercial algo controversial nuevamente por proponer un retorno a las políticas proteccionistas.

Mary Anastasia O'Grady explica en su columna de hoy la controversia que rodea a las últimas elecciones presidenciales en Honduras. Al parecer, la mano sucia de Manuel Zelaya estaría detrás de la cambiante opinión del candidato izquierdista Salvador Nasralla: acepta un resultado, luego lo protesta con vehemencia; acepta luego de la trifulca atenerse a los resultados de la autoridad electoral, pero luego continúa la protesta. Les recomiendo leer esta columna de O'Grady hoy, así como también les recomiendo pasar por esta sección donde reunimos los artículos, ensayos y documentos pertinentes relacionados a la crisis constitucional que sufrió Honduras en 2009.

Traigo una mala noticia para aquellos defensores del medio ambiente que han pasado los últimos años criticando a los países desarollados por los males que están causando al medio ambiente.

Los árboles cubren una proporción mayor de tierra en los países ricos.

Un artículo en la revista británica The Economist documenta cómo los árboles se han ido extendiendo en casi todos los países europeos. Además, "Los bosques ahora ocupan un tercio de la tierra de Estados Unidos, habiendo crecido un 2% en la última década. Incluso se están expandiendo en Australia, luego de un largo declive". No es coincidencia que este escenario tenga lugar en países desarrollados. Estos países gozan de PIBs per cápita más altos, sus tasas de pobreza son relativamente bajas, como así también las de analfabetismo y mortalidad infantil.

Véanlo por ustedes mismos:

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Una de las razones por la que esto está ocurriendo es por "los cambios en el mercado de los alimentos. Como las mejores zonas agrícolas se han vuelto más productivas y los países ricos han importado más alimentos, la tierra marginal se ha vuelto inutilizable para la agricultura ordinaria". También cita el artículo que estos estados han estado favoreciendo a los bosques vía leyes y subsidios. ¿Es lo óptimo? Probablemente no. Pero, como lo indica la curva de Kuznets, es el "lujo" que estos países pueden darse habiendo ya dado vuelta la página en temas como al pobreza, mortalidad infantil, analfabetismo, etc.

La próxima vez que algún ambientalista te diga que los países ricos están destruyendo el medio ambiente, recuerda que en verdad son estos países los que más han hecho y siguen haciendo por el medio ambiente.

En esta nota rindo sentido tributo a los tripulantes del ARA San Juan, quienes han ofrendado su vida en servicio. Un submarino construido en Alemania en 1985 que viajaba de Ushuaia a Mar del Plata patrullando el límite de la plataforma continental argentina. Una tragedia aparentemente ocasionada por desperfectos en las baterías, a su vez agravada por la entrada de agua por el snorkel. Las 960 baterías han operado con mantenimiento insuficiente al momento de producirse el horrible percance que derivó en una explosión, tal como informó la Organización de Control de Test Nucleares con sede en Viena: "Un evento anómalo, singular, corto, violento y no nuclear".

Hasta el presente no ha podido localizarse el submarino que puede encontrarse entre los 200 y 4500 metros de profundidad sin saber nada sobre las condiciones en que se encuentra debido a la antedicha explosión y eventualmente por la presión de la masa oceánica.

El capitán del submarino, Juan Martín Fernández, muy querido por sus camaradas y subalternos, había anunciado que este sería su último viaje para pasar a desempeñarse en tareas en tierra. La única mujer de la tripulación, Elena María Krawezyk, estudiaba ingeniería electromecánica, que tuvo que abandonar por la muerte de su madre y de un hermano para luego graduarse en la Escuela Naval de Río Santiago. Eran 44 almas jóvenes con las ilusiones y los proyectos característicos de esas edades.

La última comunicación fue cuando el submarino se encontraba a 432 kilómetros del Golfo de San Jorge. Destaco muy especialmente la actuación del capitán Enrique Balbi, vocero de la Armada, en esta tragedia. Soy un lego total en esta materia, de modo que mi testimonio es como observador desde afuera, pero tal vez precisamente por eso tiene alguna validez, ya que el destino de los partes no se dirige a entendidos en estas lides. Me pareció una persona prudente, medida, responsable y muy cortés y paciente con los periodistas que lo interrogaban a veces repetidamente sobre un mismo punto, luego de sus reiteradas exposiciones sobre lo que se sabía que venía ocurriendo. A pesar de la muy explicable angustia de los familiares y de la natural requisitoria periodística, el capitán Balbi se mostró en todo momento con una gran caballerosidad, precisión y claridad en sus presentaciones y en sus respuestas, y mostró especial esmero en satisfacer inquietudes varias explicando lo humanamente explicable dada la información disponible. Esa información disponible en la jefatura de la Armada no incluía al momento la que disponía el comandante del Área Naval Atlántica, que ahora pide su retiro, información respecto a los desperfectos del submarino en cuestión, problema sobre el que el ministro de Defensa se enteró por Infobae.

El domingo, después de 11 días de la desaparición, nos anoticiamos de que el capitán Balbi hace mención a la remota posibilidad de "supervivencia extrema" de los tripulantes, lo cual parece otra manifestación de cuidado por los familiares debido al agotamiento del oxígeno que puede proveer el submarino sin salir a la superficie, sin perjuicio de posibles intoxicaciones como consecuencia del referido problema con las baterías y la detectada explosión.

Dentro de este drama que a todos conmueve debe ponerse de relieve la solidaridad internacional para con los tripulantes del ARA San Juan. Catorce países se han hecho presentes con envíos de tecnologías de última generación que están colaborando en rastrillajes, barridos oceánicos y operativos aéreos. Vehículos teledirigidos, barcos oceanográficos, remolcadores, mapeos de diversa envergadura  y médicos especializados en estos trances han sido y están abocados con inmensa generosidad y desprendimiento.

En este contexto debe subrayarse el desempeño sobresaliente de la Armada estadounidense con su muy avanzada tecnología puesta en evidencia especial, aunque no exclusivamente por su nave modernísima que es acoplada al buque privado noruego, Sophie Siem, acondicionado al efecto, que en un principio pospuso su travesía debido a las marcadas inclemencias de la meteorología. También es del caso destacar la contribución rusa con un avión de proporciones nunca vistas en estas zonas y un submarino tecnológicamente muy avanzado que apareció debido a la fatal experiencia del submarino nuclear Kursk en el mar de Barents, el 12 de agosto de 2000, donde murieron 118 tripulantes. Debido a los antecedentes por todos conocidos en la guerra de las Malvinas, es imprescindible mencionar la muy eficaz colaboración de la marina inglesa y la chilena.

En momentos en que cunde el nacionalismo en Europa y en Estados Unidos, para no decir nada de la nefasta tradición latinoamericana en esta materia, en medio de la tragedia vivida constituye una ráfaga de aire fresco la antedicha muestra de solidaridad y amistad. Las guerras y los terrorismos son reflejo del espíritu caníbal y sectario que navega a contracorriente del cosmopolitismo que sólo concibe las fronteras al efecto de evitar los inmensos peligros de la concentración de poder de un gobierno universal, pero nunca como culturas alambradas y xenófobas. Cosmopolitismo que ubica la soberanía en el individuo con sus derechos inalienables y no en las naciones y mucho menos en los aparatos estatales. Consecuentemente, las naciones a su vez se fraccionan en provincias y municipios para limitar más aun el poder concebido como mero empleado de los gobernados y, por ende, son salvaguardas contra el totalitarismo.

Como queda dicho, la situación hoy en el mundo es delicada por los mal llamados proteccionismos y nacionalismos varios, pero el contrafáctico debe tomarse en cuenta, es decir, cómo sería el mundo hoy si cualquiera de los políticos actuales de cualquier país formara parte de un gobierno universal sin los referidos diques de contención.

Los 44 tripulantes pueden con orgullo decir "misión cumplida" y sus testimonios de trabajo y camaradería perdurarán en el tiempo junto con el respeto de sus compatriotas y de todas las personas de bien en el mundo civilizado. Recemos por ellos y sus queridas familias y amigos. Queda en manos de las investigaciones en curso determinar las responsabilidades por lo acaecido. No se trata de buscar chivos expiatorios a cualquier costo, se trata de investigaciones serias y cuidadosas que permitan exponer toda la verdad.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae (Argentina) el 27 de noviembre de 2017.

A fines de octubre de este año, Mauricio Macri criticó el estado del empleo público en Argentina que ha venido en aumento en las últimas décadas, especialmente durante el gobierno de los Kirchner. En otro discurso que dio a comienzos del 2016 se mostró preocupado por el millón y medio de más de empleados estatales que hay en Argentina. 

Para poner la situación laboral argentina en perspectiva: En el país trabajan aproximadamente 10,5 millones de personas en el sector formal (otros 4 millones lo hacen en la informalidad). De estos 10,5 millones, casi 7 millones lo hacen en el sector privado y el resto en el sector público. Esto quiere decir que de cada 3 trabajadores empleados en el sector privado, hay otro en el sector público. Esta relación entre empleados públicos y privados no es sustentable; es incluso alarmante dado el estado del sistema previsional. Según datos de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), el costo del empleo público representó más del 18% del PIB argentino en 2016.

Hace unas horas mirando mi timeline en Twitter encuentro este artículo en diario El Cronista comentando que 42 personas fueron pasadas a planta permanente en el Ministerio de Hacienda. El mes pasado, otro artículo en el diario La Nación documentando el paso a planta permanente de 15 mil empleados estatales en el gobierno bonaerense. 

Entonces, ¿aumentamos o disminuimos el empleo público? 

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