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Revisando mi post de hace aproximadamente un año, veo que leí casi todo lo que me propuse y otras cosas que no sabía que iba a terminar leyendo:

De ficción:

  • The $30,000 Bequest and Other Stories, Mark Twain (1906)

En 2020 quisiera leer:

Le pedimos a Ian Vásquez que nos contara los mejores libros que leyó en 2019. Aquí les presento su lista:

Le pedimos a Guillermo Cabieses, miembro recurente de la facultad de las Universidades ElCato, que nos contara los mejores libros que leyó este año. Aquí les comparto la lista:

Acá una lista de los libros de ficción:

  • La Ilíada, Homero
  • Brave New World, Aldous Huxley
  • La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa
  • La Trilogía Africanus: El hijo del cónsul, Las legiones malditas, La traición de Roma, Santiago Posteguillo (Ediciones B, 2019)

Le pedimos a Martín Krause, académico adjunto del Instituto Cato y miembro de la facultad de las Universidades ElCato, que nos enviara la lista de libros que más disfrutó en 2019 y aquí se las presentamos:

Acá una lista de los libros de ficción:

En 1935 el doctor, abogado y escritor estadounidense Henry Smith Williams publicó una colección de 10 volúmenes titulada "Wonder Book of the World's Progress". En la introducción al quinto volumen, titulado "Historias de héroes - Plantas" dice que (traducción mía):

"Nuestro objetivo actual...contempla la observación de una clase distinta de héroes...Los hechos de los héroes tradicionales de la historia y el romance no estaban necesariamente asociados con cuestiones de importancia real o vital para sus contemporáneos o la posteridad".

Decía que la historia suele destacar aquellos héroes que pusieron en riesgo sus vidas y no tanto aquellos que demostraron "el coraje intelectual que los llevó a las fronteras del mundo del pensamiento" y que:

"Dichas fronteras siempre constituyen territorio controversial. Y el individuo que se adentra en ellas nunca es considerado como un héroe por sus contemporéneos. Para él no hay aplauso de las multitudes. En el mejor de los casos trabaja en la oscuridad, sin reconocimiento y por lo tanto sin ser perturbado. En el peor de los casos, despierta el antagonismo de personas con autoridad, cuya postura tradicional es mantener el pasado en lugar de mirar al futuro. En este caso él se topa con una oposición que puede ser intelectual, pero a veces puede volverse física también". 

Smith Williams consideraba importante enfocar la historia del progreso humano desde otro ángulo, el de los investigadores científicos:

"Desviar la mirada de los generales a los particulares, los hombres que tengo en mente son los investigadores científicos cuyas investigaciones han resultado en el desarrollo de nuevos principios, o en la observación de nuevos datos que fueron eventualmente instrumentales para cambiar los aspectos esenciales de nuestra civilización. Puede que no haya nada de 'heroíco' acerca de las vidas de estos hombres en el sentido convencional...Aún así el término con justa razón les pertenece debido al carácter extraordinario de los desarrollos intelectuales y prácticos que se derivaron de sus esfuerzos". 

Vale la pena revisar el trabajo de Smith Williams para no olvidar que los principales avances de la humanidad no dependen lo que hagan los políticos y generales, sino todo lo que hacen o podían hacer el resto de individuos, si los dejamos en libertad para experimentar:

"Lo sustancial es el hecho...de que las acciones de estos trabajadores silenciosos y muchas veces desconocidos son mucho más importantes para el progreso de la humanidad que los logros políticos o militares que ocupan el lugar principal en los relatos contemporáneos y muchas veces en las páginas de la historia". 

Leyendo nuevamente algunas secciones del libro El tercermunidsmo (Monte Avila Editores, 1982) del gran liberal venezolano Carlos Rangel me topé con esta cita (p. 164):

"De aquella brutalidad e insensibilidad que fueron tan notoriamente rasgos de la sociedad inglesa hasta hace poco tiempo, no queda hoy prácticamente ningún rastro. ¿Cómo explicarlo? La respuesta es, me atrevo a sostener, evidente: si imaginamos dos curvas, una de las cuales representa la evolución del grado de crueldad pública y privada en Inglaterra (y por reflejo posterior y más débil, pero perceptible, en los dominios ingleses, comenzando por Gales, Escocia e Irlanda, y con extensión a las colonias más remotas) y la otra el desarrollo por y en esa sociedad de la civilización y la sensibilidad capitalistas, veremos que hay correspondencia entre la declinación de la primera curva y el ascenso de la otra. El capitalismo no sólo ha causado una prodigiosa revolución económica, sino además, otra igualmente importante en la sensibilidad. De esta segunda revolución uno de los productos más significativos ha sido el Socialismo. Esto lo sabía perfectamente Marx y lo dice abundantemente, a pesar de su prejuicio emotivo contra la civilización capitalista. Lo que no pudo ver Marx, cegado por ese prejuicio, y lo que persisten en no admitir los socialistas actuales, a pesar de existir ahora sobradas pruebas de ello, es que los ideales libertarios y humanitarios del Socialismo no sólo son creaciones de la civilización capitalista, sino además, proyecciones utópicas de virtudes y prácticas sin duda imperfectas, pero ligadas indisolublemente a la organización capitalista de la sociedad, e incompatibles con el Socialismo.

Esta semana seguramente se calentará la discusión en torno al cambio climático y la primera víctima será la sensatez de muchos. Por eso vale la pena leer este artículo del historiador español Serafín Fanjul, donde señala, entre otras cosas:

"Sabemos que los volcanes arrojan a la atmósfera muchos más gases que todos los vehículos de motor del planeta, pero también sabemos que los llamados «Ciclos de Milankovitch» establecen claramente que la órbita terrestre (más elíptica o puramente circular, en ciclos que oscilan entre los 100.000 y los 400.000 años), la inclinación del eje de giro -que cambia un par de grados cada 40.000 años- y la precesión del eje de rotación (también entre 19.000 y 24.000 años), son factores que determinan y regulan las radiaciones solares y por tanto las cantidades de hielo acumulado, que merman o aumentan según esa intensidad. No estoy descubriendo nada: éstos sí son datos bien conocidos por los científicos del ramo y me limito a recordarlos, ya que innúmeros políticos, periodistas y aficionados a la jarana parecen desconocerlos".

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