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Hace poco vi la película Atomic Blonde de la talentosa Charlize Theron. Es un thriller lleno de acción, algo de la mejor música de los 80s (Depeche Mode, David Bowie, entre otros) y una espectacular ambientación en esa caótica ciudad que debe haber sido Berlín en noviembre de 1989. El contraste entre los sistemas económicos y políticos del Este y Oeste es evidente en la película, aún cuando demostrar esto no es el enfoque principal de la película. En el Oeste un taxista le dice a la agente inglesa Lorraine Broughton (Theron) que es un momento excelente para visitar la ciudad, muchas cosas emocionantes que hacer, nuevos cafés, restaurantes, clubes, etc. En el Este, en cambio, vemos una vibrante fiesta clandestina que llega abruptamente a su fin por policías que consideran este tipo de diversión con música occidental constituye un delito. El agente inglés Percival (James McEvoy) nos introduce al amplio negocio del contrabando en el Este, donde aparentemente los habitantes padecían una obsesión con todo aquellos que deseaban del Oeste: rock punk, blue jeans, y todo tipo de contrabando ilegal. Lorraine le ofrece a un desertor jabón y colonia del Oeste para que engañe a los guardias al momento de intentar fugarse. 

Jeffrey Tucker de la Foundation for Economic Education (FEE) ha escrito una reseña de la película, que considera que es un "un drama anti-comunista serio" que ha sido mercadeado exitosamente como una película de acción con una rubia despampanante que se dedica a matar. 

Leí en El País un notable artículo acerca del comunismo, firmado por Sandro Pozzi sobre Se lo llevaron, la película dirigida por Angelina Jolie que trata del “genocidio camboyano”.

La película, en la que está involucrado Maddox, hijo adoptivo de la artista, es “una adaptación de las memorias que publicó Loung Ung, superviviente del genocidio bajo el régimen de Pol Pot, líder de los jemeres rojos, en los años setenta”.

Muy bien, don Sandro, dije para mis adentros: esto es memoria histórica, y por fin se va a subrayar, aunque sea parcialmente, la historia criminal del comunismo, el sistema más brutal que nunca haya sido perpetrado por las elites contra los trabajadores en toda la historia de la humanidad.

Pero, a poco de seguir leyendo, algo llamó mi atención. Dice el señor Pozzi que la historia de la niña camboyana que relata la película “puede ser la historia de cualquier persona que escapa de las atrocidades que se cometen en todo el mundo contra la población inocente. La conversación de la actriz y la activista con El País tuvo lugar, de hecho, un par de horas después de que el Secretario General de la Naciones Unidas, António Guterres, urgiera a que se detuviera la violencia en Birmania”.

Un momento, don Sandro. No se cometen atrocidades en todo el mundo contra la población inocente. Camboya no es todo el mundo. No es Canadá ni Suiza. El pueblo de Camboya fue víctima del comunismo. No es lo mismo el comunismo que la guerra de Birmania, o cualquier otra. La cuarta parte de la población de Camboya fue asesinada por los comunistas que gobernaban, no por ninguna guerra. Y los comunistas los mataron porque aplicaron las políticas anticapitalistas con las que arrasaron medio planeta. No fue “la violencia”: fue el comunismo.

Leí con detalle todo el artículo de comienzo a fin. Y la palabra comunismo no aparece…¡nunca! No hay ni una sola mención al comunismo, al socialismo, al anticapitalismo, es decir, a las políticas que llevaron a dos millones de camboyanos a la muerte. Ni una sola vez lo menciona Sandro Pozzi en El País.

“La película trata de mostrar la otra cara de la moneda de la guerra”, como si los asesinados por los comunistas hubiesen muerto en un conflicto y no por la represión y las políticas de las autoridades comunistas. Declara Angelina Jolie sobre esa nación, donde lleva muchos años haciendo labores humanitarias: “Sí, tuvieron un pasado oscuro, pero fue en un momento concreto en su rica historia”. Esto es muy cierto, doña Angelina, pero no olvidemos que la oscuridad tiene un nombre: comunismo. Porque si lo olvidamos estaremos ayudando a olvidar las mayores tiranías de la historia, las que pretendieron alcanzar el paraíso igualitario socialista extirpando el capitalismo de libre mercado, y regaron la tierra con la sangre inocente de cien millones de trabajadores.

Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 23 de noviembre de 2017.

Este domingo se llevaron a cabo las primeras elecciones parlamentarias bajo el nuevo sistema electoral proporcional moderado.

Luego de más de 20 años de un sistema electoral binominal, en el cual sólo se escogen dos cargos por distrito o circunscripción, el gobierno de la Nueva Mayoría decide terminar con un sistema que marcó la transición a la democracia en Chile.

La notable estabilidad política del Chile post-transición, caracterizada por la llamada "política de los acuerdos", debe su éxito, en parte, a un sistema binominal que incentivaba la creación de dos grandes coaliciones y que permitía un debate parlamentario más simple y ordenado.

No obstante, ese sistema fue altamente criticado debido a su legitimidad de origen (implementado durante el régimen militar) y a la supuesta baja representatividad que le otorgaba a partidos emergentes, encubriendo un latente multi-partidismo.

La solución del gobierno de Bachelet fue un sistema proporcional moderado con método D'hont. Método que promete ser más representativo ya que apuntaría a representar pactos e ideas más que a candidatos específicos y que, en consecuencia, determina el número y la asignación de cargos en proporción a los votos conseguidos por cada lista o pacto electoral.

La gran sorpresa de este domingo, sin embargo, fue que "el nuevo sistema electoral multiplicó los casos de 'arrastre' de parlamentarios electos con votaciones ínfimas". De acuerdo a lo documentado por el medio El Líbero de Chile: "En los últimos 20 años del cuestionado sistema binominal se eligieron 11 diputados con menos del 15%, pero en la elección del domingo fueron electos 18 diputados y dos senadores con menos del 4%.".

En Santiago, por ejemplo, Natalia Castillo fue electa con menos 5 mil votos en un distrito con 950 mil potenciales votantes, mientras que Alberto Mayol con más de 25 mil votos en el mismo distrito no fue electo. ¿Es justa tal representatividad reflejada en candidatos electos con ínfimas votaciones?

Les recomiendo esta película que retrata la cruda realidad del terrorismo de estado practicado en la Rusia de Stalin. En ella, su protagonista Leo Demidov (Tom Hardy) llega a ser perseguido y reprimido por el simple hecho de negarse a aceptar la verdad oficial de que en el supuesto paraíso de la Rusia comunista no existen los asesinatos, pues estos son un producto del capitalismo. No tiene desperdicio, se ven las cocinas comunales, los baños comunales, la desconfianza en el seno más íntimo de las familias, el terror y la fuerza utilizados para imponer en contra de todos los hechos la ficción de que se vivía en una utopía. También se describe la estructura institucional que garantiza la impunidad de los crímenes más abominables.

Los que buscan la verdad son perseguidos, la duda es inadmisible. El pensamiento único es obligado. El crímen, no importa cuán terrible, es desconocido, ignorado, ocultado. Los criminales gozan de impunidad y quienes se las garantizan son recompensados por el Partido, quienes la ponen en riesgo, se convierten en enemigos del Estado. En fin, todo menos un paraíso. 

Esta entrevista de Ayaan Hirsi Ali en El Mundo (España) no tiene desperdicio. Les dejo por aquí algunos extractos que encuentro muy ilustrativo acerca de cuestiones como la política de identidades, la corrección política, el Islam político y el liberalismo clásico. Ella destaca la importancia de comprender la diferencia entre los musulmanes y el Islam:

"La clave es distinguir entre los musulmanes y el islam. Entre personas e ideas. Hay 1.500 millones de musulmanes. Por supuesto, no todos son fanáticos ni misóginos ni violentos. Los musulmanes son tan diversos entre sí como cualquier otro presunto colectivo: cristianos, judíos, mujeres, gays, hombres heterosexuales blancos... Y la inmensa mayoría son pacíficos y tolerantes. Otra cosa es el islam. El atentado de Barcelona es la expresión del islam político. Sus autores fueron fieles al Corán. Siguieron exactamente las consignas de la segunda etapa de la vida de Mahoma".

Ayaan se define como una liberal clásica, y lo describe así:

"Sí, liberal en el sentido europeo. El emocionante acierto del liberalismo clásico es que se fija en el individuo. No se detiene en el sexo, la raza, la ideología o la religión de una persona. Lo único que le importa es la condición humana. Y la capacidad de las personas para comprender y compartir ideas y experiencias con otras. Y lo primero que compartimos es el deseo de libertad. Y la primera libertad que anhelamos y debemos defender es la libertad frente a cualquier intento de coerción. Esto es una verdad y un valor universal, en Namibia o en Minnesota".

Lo que está sucediendo en Venezuela es una tragedia humanitaria que no debemos olvidar. Por eso a fines de la semana buscando información nueva para actualizar nuestra infografía acerca de la crisis que atraviesa encontré algunas noticias interesantes que les quería compartir. 

La situación en los hospitales es tan precaria que hay madres que llevan a sus hijos por algo y los empeoran por otra cosa, como le sucedió Sandra Galindez, cuyo hijo de 14 años llegó a tener la apariencia de un niño de 7 u 8 años por desnutrición y múltiples complicaciones antes de fallecer a fines de agosto.

Muchos venezolanos sufren de hambre, un problema que se ha prácticamente erradicado en el mundo. Según la organización Cáritas, con datos hasta fines de septiembre del presente año, los venezolanos han perdido en promedio 10 kilos este año. Llámele "la dieta venezolana". Ante la escasez aguda de alimentos el dictador propone que coman (tambores por favor...): carne de conejo...y para esto anunció el lanzamiento de la "Primera Parte del Plan Conejo". Si todavía hay conejos, ahora que el gobierno se encargue de asegurar su oferta probablemente lograrán que se convierta en una especie en extinción. Esto lo suponemos porque el sistema de planificación centralizada es "tan exitoso" que en Venezuela llegan los precios de la carne pero no la carne como señala el titular de esta noticia.

El Socialismo del Siglo XXI ha sido igual de empobrecedor y autoritario que el del Siglo XX. Eso están aprendiendo no solo los que sufren de hambre sino aquellos estudiantes universitarios que han tenido que abandonar sus estudios, o todos aquellos profesores universitarios que están siendo perseguidos o que permanecen en la cárcel. También se ha perjudicado el deporte. Venezuela solía ser una potencia del béisbol y ahora sus clubes luchan por lograr que suficientes fans lleguen a los partidos. 

Como dijo Mario Vargas Llosa en un evento en Cato la semana pasada, el socialismo vende una utopía. Es la utopía de salud universal, seguro social con cobertura universal, etc. La realidad es muy distinta donde más lejos se ha llegado en el camino hacia esa utopía. Puede haber cobertura universal pero planes de jubilación licuados. La cereza encima de este tóxico pastel, es que la tragedia y la persecución política termina creando el drama de familias separadas.

En la hermosa Barcelona que se ha llenado de voces en favor de la libertad enseña mi amigo, el profesor Andrés Betancor, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra. Él es desde hace tiempo una de las más destacadas de esas voces críticas del nacionalismo totalitario. Andrés me contó que había visto la siguiente pintada en la entrada de su Universidad: “El mercado es más libre que tú, ¿te parece bien?”. Venía firmada por las Juventudes Comunistas.

La frase aludía al título de un espectáculo de A Tiro Hecho, una compañía de teatro político que protestaba contra el TTIP, y se inspiraba en una frase de José Luis Sampedro:

Cuando, una vez más, alguien nos repita que “el mercado es la libertad”, invitémosle a practicar un sencillo experimento mental, consistente en imaginar que entra en un mercado a comprar pero no lleva dinero: constatará en el acto que no podrá comprar nada, que sin dinero no hay allí libertad, que la libertad de elegir la da el dinero.

Abordemos primero lo de Sampedro, y después la pintada en cuestión. La antigua falacia del famoso economista y escritor estriba en reducir el mercado a un sistema de asignación de recursos dados. Si todo está dado, y yo no tengo dinero, no podré comprar nada. Pero si algo demuestra la realidad es que los recursos nunca están dados de una vez y para siempre, sino que son descubiertos y creados mediante la iniciativa y las interrelaciones humanas. El mercado es el proceso mediante el cual llegamos a tener dinero para comprar, y las tiendas llegan a tener productos para vender (véase “El mercado sin nada”, Expansión, 12 abril 1999, incluido en la primera edición de Panfletos Liberales, LID Editorial, 2005).

El error de la pintada guarda relación con el de Sampedro, por el énfasis en la separación entre el mercado y la gente, como si fueran cosas diferentes, de hecho, como si el mercado existiese o pudiese existir sin la gente o incluso contra la gente. Basta con pasear por cualquier mercado, mercadillo o tienda, de cualquier categoría o dimensión, para percibir el absurdo mensaje de la pintada de las Juventudes Comunistas. No hay mercados sin gente. Y la libertad de los mercados es la libertad de la gente. Esto es tan así que, si la gente no es libre, no hay mercado.

Sobre esto último contamos también con una larga experiencia. Tratándose, precisamente, de las Juventudes Comunistas, podrían empezar a pensar en el comunismo, allí donde los mercados, en efecto, no existen porque los intercambios no son libres, y por tanto su propia esencia se desnaturaliza. Y allí donde no hay libertad en los mercados, señores comunistas, ¿han visto ustedes qué sucede con la libertad de la gente?

Publicado originalmente en Libertad Digital (España) el 8 de octubre de 2017.

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