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Esta entrevista de Ayaan Hirsi Ali en El Mundo (España) no tiene desperdicio. Les dejo por aquí algunos extractos que encuentro muy ilustrativo acerca de cuestiones como la política de identidades, la corrección política, el Islam político y el liberalismo clásico. Ella destaca la importancia de comprender la diferencia entre los musulmanes y el Islam:

"La clave es distinguir entre los musulmanes y el islam. Entre personas e ideas. Hay 1.500 millones de musulmanes. Por supuesto, no todos son fanáticos ni misóginos ni violentos. Los musulmanes son tan diversos entre sí como cualquier otro presunto colectivo: cristianos, judíos, mujeres, gays, hombres heterosexuales blancos... Y la inmensa mayoría son pacíficos y tolerantes. Otra cosa es el islam. El atentado de Barcelona es la expresión del islam político. Sus autores fueron fieles al Corán. Siguieron exactamente las consignas de la segunda etapa de la vida de Mahoma".

Ayaan se define como una liberal clásica, y lo describe así:

"Sí, liberal en el sentido europeo. El emocionante acierto del liberalismo clásico es que se fija en el individuo. No se detiene en el sexo, la raza, la ideología o la religión de una persona. Lo único que le importa es la condición humana. Y la capacidad de las personas para comprender y compartir ideas y experiencias con otras. Y lo primero que compartimos es el deseo de libertad. Y la primera libertad que anhelamos y debemos defender es la libertad frente a cualquier intento de coerción. Esto es una verdad y un valor universal, en Namibia o en Minnesota".

Lo que está sucediendo en Venezuela es una tragedia humanitaria que no debemos olvidar. Por eso a fines de la semana buscando información nueva para actualizar nuestra infografía acerca de la crisis que atraviesa encontré algunas noticias interesantes que les quería compartir. 

La situación en los hospitales es tan precaria que hay madres que llevan a sus hijos por algo y los empeoran por otra cosa, como le sucedió Sandra Galindez, cuyo hijo de 14 años llegó a tener la apariencia de un niño de 7 u 8 años por desnutrición y múltiples complicaciones antes de fallecer a fines de agosto.

Muchos venezolanos sufren de hambre, un problema que se ha prácticamente erradicado en el mundo. Según la organización Cáritas, con datos hasta fines de septiembre del presente año, los venezolanos han perdido en promedio 10 kilos este año. Llámele "la dieta venezolana". Ante la escasez aguda de alimentos el dictador propone que coman (tambores por favor...): carne de conejo...y para esto anunció el lanzamiento de la "Primera Parte del Plan Conejo". Si todavía hay conejos, ahora que el gobierno se encargue de asegurar su oferta probablemente lograrán que se convierta en una especie en extinción. Esto lo suponemos porque el sistema de planificación centralizada es "tan exitoso" que en Venezuela llegan los precios de la carne pero no la carne como señala el titular de esta noticia.

El Socialismo del Siglo XXI ha sido igual de empobrecedor y autoritario que el del Siglo XX. Eso están aprendiendo no solo los que sufren de hambre sino aquellos estudiantes universitarios que han tenido que abandonar sus estudios, o todos aquellos profesores universitarios que están siendo perseguidos o que permanecen en la cárcel. También se ha perjudicado el deporte. Venezuela solía ser una potencia del béisbol y ahora sus clubes luchan por lograr que suficientes fans lleguen a los partidos. 

Como dijo Mario Vargas Llosa en un evento en Cato la semana pasada, el socialismo vende una utopía. Es la utopía de salud universal, seguro social con cobertura universal, etc. La realidad es muy distinta donde más lejos se ha llegado en el camino hacia esa utopía. Puede haber cobertura universal pero planes de jubilación licuados. La cereza encima de este tóxico pastel, es que la tragedia y la persecución política termina creando el drama de familias separadas.

En la hermosa Barcelona que se ha llenado de voces en favor de la libertad enseña mi amigo, el profesor Andrés Betancor, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra. Él es desde hace tiempo una de las más destacadas de esas voces críticas del nacionalismo totalitario. Andrés me contó que había visto la siguiente pintada en la entrada de su Universidad: “El mercado es más libre que tú, ¿te parece bien?”. Venía firmada por las Juventudes Comunistas.

La frase aludía al título de un espectáculo de A Tiro Hecho, una compañía de teatro político que protestaba contra el TTIP, y se inspiraba en una frase de José Luis Sampedro:

Cuando, una vez más, alguien nos repita que “el mercado es la libertad”, invitémosle a practicar un sencillo experimento mental, consistente en imaginar que entra en un mercado a comprar pero no lleva dinero: constatará en el acto que no podrá comprar nada, que sin dinero no hay allí libertad, que la libertad de elegir la da el dinero.

Abordemos primero lo de Sampedro, y después la pintada en cuestión. La antigua falacia del famoso economista y escritor estriba en reducir el mercado a un sistema de asignación de recursos dados. Si todo está dado, y yo no tengo dinero, no podré comprar nada. Pero si algo demuestra la realidad es que los recursos nunca están dados de una vez y para siempre, sino que son descubiertos y creados mediante la iniciativa y las interrelaciones humanas. El mercado es el proceso mediante el cual llegamos a tener dinero para comprar, y las tiendas llegan a tener productos para vender (véase “El mercado sin nada”, Expansión, 12 abril 1999, incluido en la primera edición de Panfletos Liberales, LID Editorial, 2005).

El error de la pintada guarda relación con el de Sampedro, por el énfasis en la separación entre el mercado y la gente, como si fueran cosas diferentes, de hecho, como si el mercado existiese o pudiese existir sin la gente o incluso contra la gente. Basta con pasear por cualquier mercado, mercadillo o tienda, de cualquier categoría o dimensión, para percibir el absurdo mensaje de la pintada de las Juventudes Comunistas. No hay mercados sin gente. Y la libertad de los mercados es la libertad de la gente. Esto es tan así que, si la gente no es libre, no hay mercado.

Sobre esto último contamos también con una larga experiencia. Tratándose, precisamente, de las Juventudes Comunistas, podrían empezar a pensar en el comunismo, allí donde los mercados, en efecto, no existen porque los intercambios no son libres, y por tanto su propia esencia se desnaturaliza. Y allí donde no hay libertad en los mercados, señores comunistas, ¿han visto ustedes qué sucede con la libertad de la gente?

Publicado originalmente en Libertad Digital (España) el 8 de octubre de 2017.

Tras muchos años de negacionismo, la magnitud de la crisis fiscal finalmente se está haciendo evidente para la opinión pública. Todo empezó con un esfuerzo concertado –y torpe– de Casa Presidencial para asustar a la población sobre una supuesta falta de liquidez del gobierno de tal forma que saliera a apoyar más impuestos. Primero fue un diputado del Frente Amplio que reclamó que no le habían depositado su salario por falta de liquidez. A los pocos días se anunció que el gobierno tenía problemas para girar recursos para el pago de los programas sociales. Luego, por si quedaba alguna duda, el presidente anunció en cadena nacional que el gobierno "enfrenta dificultades de liquidez para pagar sus obligaciones y garantizar la operación de servicios esenciales". Finalmente, el mandatario remató advirtiendo que no había plata para pagar los aguinaldos. En todo momento, el mensaje oficialista insistió en que la aprobación de más impuestos es imperativo para evitar una crisis mayúscula.

Como sabemos, el tiro le salió por la culata a la administración Solís. En lugar de provocar un clamor generalizado por más tributos, la gente volcó su ira hacia el presidente y su equipo por las múltiples veces que negaron que la situación fiscal del país fuera delicada y por la irresponsabilidad que mostraron en sus primeros años de mandato en materia de gasto. Peor aún, el mensaje de Solís trescendió las fronteras de nuestro pequeño y lluvioso país, y pronto varios medios internacionales empezaron a informarle al mundo sobre cómo Costa Rica se había quedado sin plata. Esta no es necesariamente la mejor publicidad que un gobierno desea en momentos en que contempla la posibilidad de salir a buscar más endeudamiento externo. ¿Qué tasa de interés creen que le cobren a un país que se acaba de declarar con problemas de liquidez?

Pero en realidad el gobierno no enfrenta una crisis de liquidez. La consultora Eurasia Group le enmendó la plana al presidente Solís calificando sus declaraciones de "alarmistas". Igualmente la agencia calificadora Fitch aclaró que el gobierno podrá seguir financiándose en el mercado interno, pero a un mayor costo. Y el ministro de Hacienda tuvo que salir a aclarar que el país no está cerca de un cese de pagos. La estrategia de miedo de Casa Presidencial había quedado expuesta y al presidente no le quedó otra que desdecirse al afirmar que él "nunca usó términos exagerados" y que solo estaba describiendo posibles escenarios futuros.

Lo cierto es que la crisis fiscal difícilmente se manifieste con un problema de insolvencia, al menos en el mediano plazo. La razón la explicó Fitch en su análisis: incluso si al gobierno no se le abre la puerta para endeudarse en el exterior, los bancos locales le seguirán prestando al Estado –eso sí, a una tasa más alta–. El Estado es siempre el primero en línea a la hora de captar recursos del sistema financiero. De tal forma, la crisis fiscal se hace evidente no porque el Estado se quede sin plata, sino porque chupa cada vez más los recursos de la economía, encareciendo el crédito para consumo e inversión. El Estado actúa como una mata'epalo.

Pero esta no es la única manera en que la crisis fiscal se puede manifestar, ni la más aterradora. Como hemos visto en otras latitudes –por ejemplo en Venezuela– e incluso en nuestro propio país a principios de los ochenta, cuando un gobierno enfrenta problemas fiscales puede recurrir al Banco Central para financiarse con emisión monetaria. Esto genera inflación, ya que al inundar el Banco Central la economía con dinero sin respaldo, hace que el efectivo circulante pierda valor. Es como echarle agua a la sopa.

En Costa Rica ese escenario se supone que está cerrado. La ley le prohíbe al Banco Central financiar al Ministerio de Hacienda mediante la compra de bonos. Sin embargo, tengamos mucho cuidado. Ayer, mientras las redes ardían por la posibilidad de que se le cobre IVA a Netflix, dos funcionarios del BCCR advirtieron sobre la posibilidad de que eso cambie, como denunció el economista –y colega bloguero– Melvin Garita en su página de Facebook. Al ser consultada sobre si se baraja la opción de que el BCCR le compre bonos al gobierno, Bernardita Redondo, directora de la División de Pasivos y Activos de esa entidad, dijo (ver minutos indicados en el video):

"... sin duda alguna desde el punto de vista financiero es muy válido, existen otro tipo de consideraciones que hemos valorado a nivel interno en el Banco Central que nos han llevado a la conclusión de que por el momento no lo hagamos" (min: 1:15:50).

Más adelante, su colega Roger Madrigal, director de Estudios Económicos del BCCR, volvió a señalar:

"en el momento no vemos ese peligro, pero a futuro uno no sabe (…) en este momento no hay ninguna voluntad para utilizar al Banco Central para financiar al gobierno, pero la gente cambia" (min: 1:33:35).

"Presentación del Plan de Endeudamiento del II Semestre 2017"

#envivo desde el auditorio del Tribunal Supremo de Elecciones la "Presentación del Plan de Endeudamiento del II Semestre 2017". Manténgase al día gracias a MERCADO DE VALORES.

Posted by Mercado de Valores de Costa Rica on Thursday, August 10, 2017

Que dos altos funcionarios del BCCR tan siquiera mencionen como una posibilidad el financiamiento monetario del déficit fiscal debería alarmarnos a todos. Si bien dijeron que no hay ninguna voluntad de que eso ocurra ahora, dejaron claro que eso podría cambiar a futuro. No olvidemos lo que pasó la última vez que el gobierno recurrió al Banco Central para financiarse: la inflación alcanzó el 90,1% y la pobreza aumentó 20 puntos porcentuales, afectando al 54% de la población:

Aumento de pobreza en Costa Rica

Un escenario tan magro no está alejado de la realidad. Más de un 20% de las familias costarricenses ya vive por debajo de la línea de pobreza y otro 20% es considerada vulnerable –es decir, con un empujoncito pasan a engrosar las filas de los pobres–. Un episodio de alta inflación fácilmente podría constituir ese empujoncito.

Por muchos años, quienes abogamos por la dolarización de la economía hemos advertido sobre este escenario. La posibilidad de que el BCCR imprima colones para financiar al gobierno es una espada de Damocles que se cierne sobre el país. Estas declaraciones revelan que no estamos asustando con la vaina vacía; confirman que las autoridades la consideran una opción "muy válida" cuya implementación depende únicamente de una reinterpretación de la ley.

Olvidémonos de Netflix por un momento y advirtamos la gravedad de lo dicho ayer en esa conferencia de prensa. Como señaló Garita, "la estabilidad monetaria que tanto nos ha costado está pegada con un alfiler".

Publicado originalmente en el blog Por la libre de El Financiero (Costa Rica) el 11 de agosto de 2017.

El otro día publicamos en ElCato.org un artículo de Marian Tupy donde él señala el poder de auto-engaño que tenemos los seres humanos de seguir creyendo en cosas que son evidentemente falsas. Como evidencia, Tupy reprodujo en ese artículo una carta que un profesor universitario que visitó la Unión Soviética así como también la anécdota de su tía checoslovaca. Ayer me topé con otra evidencia de esto y es la crónica del español socialista que fue a pasar la navidad de 2016 en Caracas. Léanla. No tiene desperdicio.

Manel Martínez tiene credenciales socialistas: dice que el socialismo ha sido parte de su educación desde niño, su padre fue un concejal socialista, él militó en la juventud del partido desde joven y llegó a ser secretario del grupo local de su pueblo en Barcelona. Uno creería que un paseo por la Venezuela Socialista del Siglo XXI le hubiese hecho dudar de sus arraigadas creencias en el socialismo pero no. Pues Martínez dice: "...sigo siendo militante. Pero lo de aquí no tiene nada que ver con el socialismo que a mí me enseñaron. Esto no es socialismo; es una vergüenza".

A ver primero recordemos algo de teoría. Los principales pensadores socialistas no hablaban de democracia sino de la "dictadura del proletariado", fomentaban la "lucha de las clases" y coartaban en mayor o menor medida el derecho a la propiedad privada. El socialismo en la práctica y en todas partes, suele derivar en un culto a la personalidad del gran líder (ya sea Lenin, o Stalin, o Mao Tse Tung, o Pol Pot, o Hitler--no era nacional "SOCIALISMO" por nada), inflación, controles de precios, y una escasez de una amplia gama de productos básicos que ha llevado en varias ocasiones a hambrunas. Estos resultados son similares a lo que ya está viviendo Venezuela y es lo aquello de lo que se queja Martínez en su crónica. Le falta reconocer que son el resultado de la aplicación de políticas públicas coherentemente socialistas las que llevaron a esos resultados tan negativos.

Recientemente terminé de leer el famoso relato del psicólogo vienés Viktor Frankl acerca de su vida en un campo de concentración. Él, a diferencia de varios millones de individuos que murieron en estos campos, vivió para contarla. Se llama El hombre en busca de sentido (Man's Search for Meaning) y es un relato que vale la pena leer ahora que nos bombardean en los noticieros y en la academia acerca de los peligros del entorno en que nos desenvolvemos hoy los seres humanos. También es un relato que nos muestra que incluso dentro de los ambientes más perversos puede sobrevivir la dignidad y la humanidad de un individuo. Además, Frankl nos advierte que esos individuos no son típicos de clase o grupo alguno, sino que se encuentran en todas partes, incluso en las agrupaciones más improbables: por ejemplo, dentro de la SS encargada de controlar a los judíos en los campamentos hubieron individuos que ayudaron a los prisioneros incurriendo en grandísimos riesgos para su seguridad personal. Asimismo, dentro del grupo de prisioneros judíos hubo aquellos que en busca de una mejor posición dentro de la jerarquía del campo fueron más crueles con los demás prisioneros que muchos guardias de la SS.

El miedo al entorno ha servido (y sirve) para justificar todo tipo de políticas intervencionistas que coartan la libertad de los individuos. Relevando a las personas del peso de su responsabilidad individual, ha servido para deshumanizar a grupos enteros de individuos y para alivianar la carga de cometer actos atroces en contra de otros seres humanos. Frankl cuestiona en su librito aquellas escuelas de psicología que se enfocan en el entorno y en cambio re-dirige la atención hacia el individuo y su propósito en la vida: la voluntad de perseguir ese objetivo singular es lo que, nos dice Frankl, mantuvo vivos a muchos como él, incluso en las peores circunstancias imaginables. Y no solo vivos, sino con auto-estima y capacidad de ser solidarios con otros.

El relato de Frankl vale la pena leerse para todos aquellos que creen en la magnífica capacidad que los individuos tienen de sobreponerse ante las condiciones más increíblemente adversas:

Nosotros que vivimos en campos de concentración podemos recordar a los hombres que caminaron por nuestras chozas dándole palabras aliento a otros, sacrificando su último pedazo de pan. Puede que hayan sido pocos, pero ellos aportan suficiente evidencia de que todo se le puede quitar a ese hombre menos una cosa: la última de las libertades humanas, aquella de elegir la actitud de uno en cualquier serie de circunstancias, el poder elegir su propio camino.

Y siempre había que tomar decisiones. Cada día, cada hora, ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, una decisión que determinaría si te someterías o no a esos poderes que amenazaban con robarte tu yo más íntimo, tu libertad interior; la que determinaba si te convertirías o no en un juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad para convertirte como el típico recluso.

Visto desde este punto de vista, las reacciones mentales de los presos de un campo de concentración deben parecernos a nosotros más que la mera expresión de ciertas condiciones físicas y sociológicas. Aunque condiciones como la falta de sueño, una alimentación escasa y varias tensiones mentales podrían sugerir que los presos estaban destinados a reaccionar de ciertas maneras, en el análisis final queda claro que el tipo de persona que el prisionero se volvía era el resultado de una decisión interior, y no el resultado de las influencias del campo de concentración por sí solas. Fundamentalmente, por lo tanto, cualquier hombre puede, incluso dentro de estas circunstancias, decidir que será de si mismo --mentalmente y espiritualmente. Puede retener su dignidad humana incluso dentro de un campo de concentración.

Plaza Che Guevara en la ciudad de Rosario (Argentina)

Esta semana me llamó la atención un artículo en la revista británica The Economist destacando el pedido de la Fundación Bases (Rosario) de remover los monumentos y homenajes hacia Ernesto “Che” Guevara en la ciudad de Rosario. No podría estar más de acuerdo. El “Che” Guevara no fue nada más ni nada menos que un asesino, homofóbico y racista que, además, nada hizo por la ciudad que le rinde homenaje. Por el contrario, sí ayudó a construir la dictadura cubana que a la fecha se ha cobrado más de 7.000 vidas y que sigue compulsivamente encarcelando a quien piensa distinto. Si hay alguien que merece homenaje, son las personas que han tenido la desdicha de perecer bajo las balas de Guevara. “Un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro” decía el “Che”. Ningún asesino es digno de un homenaje.

Este artículo fue originalmente publicado en La Capital (Rosario) el 4 de agosto de 2017.

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