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Archivo por Febrero 2010

Mi “regla del 95 por ciento”—de que el 95 por ciento de lo que se dice o escribe sobre economía y finanzas es incorrecto o irrelevante— está viva y coleando en Costa Rica. El 28 de enero del 2010, el economista y candidato presidencial, Ottón Solís, afirmó que la dolarización de Costa Rica no contribuiría al desarrollo económico del país. Solís también dijo que, para dolarizarse, Costa Rica tendría que pedir prestados los dólares estadounidenses y pagar un interés del 8 por ciento sobre el préstamo.

Estas declaraciones de Solís son claramente falsas. Primero, consideremos el tema del desarrollo y el crecimiento económico. De acuerdo a las estadísticas oficiales, las tasas de interés en colones en diciembre del 2009 eran del 20,43%. Las tasas comparables en dólares eran de 10,57%. De tal forma, la dolarización disminuiría las tasas de interés en Costa Rica por la mitad. No hay que ser un físico nuclear para saber que la caída tan dramática en las tasas de interés y el costo del dinero que acompañaría a la dolarización impulsaría significativamente la economía costarricense.

Segundo, consideremos la viabilidad de la dolarización. De acuerdo a las estadísticas del Banco Central de diciembre del 2009, Costa Rica cuenta con activos netos externos que eran aproximadamente el doble de su base monetaria restringida en colones. Por lo tanto, Costa Rica cuenta con más que suficientes reservas extranjeras para dolarizar. La dolarización se puede llevar a cabo sin pedir prestado un solo dólar estadounidense. Mi experiencia de primera mano como Consejero Estatal y asesor del Presidente de Montenegro y como asesor del Ministro de Economía y Finanzas en Ecuador —dos países que dolarizaron sus economías exitosamente en 1999 y 2000, respectivamente— me permite afirmar con seguridad que Costa Rica podría dolarizarse 30 a 60 días después de que una ley de dolarización sea aprobada.

Steve H. Hanke es profesor de economía aplicada en la Johns Hopkins University en Baltimore y académico titular en el Cato Institute en Washington, D.C.

A la tragedia se añade la comedia. Se ha anunciado una flamante misión que ayudará a Venezuela a superar su gravísimo problema de energía eléctrica. ¿De dónde viene? De Cuba. ¿Quién la preside? Ramiro Valdez, ministro de tecnología de la isla.

Comedia: contratar una misión de Cuba para resolver un problema energético es como pedir ayuda a Bolivia para manejo de playas. En todo el hemisferio, Cuba es uno de los países más atrasados en esta materia, y poca gracia tiene ser ministro de tecnología de un país que mira desde la ventana el avance tecnológico del resto del mundo, avance a cuya penetración es inmune su anacrónico sistema político.

Comedia agravada: Venezuela, sumida en la crisis eléctrica, entrega la solución de su problema a Ramiro Valdez, cuya carrera en este tema, tan lleno de dificultades técnicas y académicas, es simplemente nula. Pero carrera tiene Valdez en temas más siniestros. Héroe de la Revolución, veterano del Cuartel Moncada, del Granma y de la Sierra Maestra, Valdez ha obrado como militar de línea dura en los cargos que ha ostentado, varios de ellos muy altos, y de cercana confianza de este régimen especializado en la represión y en la censura.

De modo que Venezuela, país al cual no le falta ingenieros, busca en los cuarteles la solución a un problema técnico. Y de ese modo Chávez hace más visible y explícita su incapacidad, y su apego irracional a lo ideológico. Porque a Valdez y a su misión se les trae y se les recibe sólo porque son cubanos.

¡Sinvergüenzo!

Publicado por Hugo Vera Ojeda

No es que me ha dado un ataque de machismo ante tanto bombardeo feminista que llega hasta el límite de enturbiar el buen sentido de nuestra lengua castellana. Tampoco es un llamado de atención para los tantos que se equivocan en la ortografía, ya sea por ignorancia o por descuido, ¿quién no ha sido víctima de esto aun en el fantástico mundo de los correctores automáticos? Esta es una crítica en contra de quienes aun a sabiendas, tergiversan el lenguaje en nombre de la supuesta reivindicación de los sectores más débiles, es decir la discriminación positiva. Esta es tan mala o tonta como cualquier tipo de discriminación. Es muy común en estos días escuchar presidenta, gobernanta, miembra, fiscala, hermana mayora entre otras tontas aplicaciones. Estas de ser solo desprolijidades, hasta serían perdonables, pero el sentido es otro. Dejando descansar ya a Cervantes y aunque esto parezca risible en realidad el análisis debe ser muy serio.

La discriminación positiva es la consecuencia de siglos de carencia de libertad individual que ha creado terribles traumas no solo en las mujeres, supuesto sexo débil, sino en quienes de alguna forma padecieron del desprecio de quienes se creen superiores por alguna razón. Estas victimas no han sido lo suficientemente libres o dicho de otra forma, fuertes en su personalidad para ignorar los ataques de estos y fueron acumulando ancestrales complejos. El siglo XX se caracterizó por dos tipos de reacciones ante esta situación. La respuesta más inmediata fue que muchos comenzaron a revelarse al ir venciendo los antiguos dogmas de superiores e inferiores, gracias a que comenzó a calar el principio liberal de la igualdad ante la ley. Si bien, estas reacciones fueron dentro del contexto de la primitiva costumbre humana de agruparse en clanes, salvo honrosas excepciones, estos grupos de feministas, ateos, negros, homosexuales entre otras injustas víctimas de la discriminación fueron siendo escuchadas lentamente, como debe ser.

Lastimosamente la otra reacción fue recurrir a la vía rápida, la tan gastada costumbre del ser humano de querer corregir las cosas a través de la ley cuando el problema pasa por una cuestión de costumbre. Hasta los antiguos romanos tenían la virtud de notar lo inútil que era legislar en contra de esta. No porque la costumbre de consumir alcohol o cualquier tipo de drogas se prohíba por ley, dejará de consumirse. No porque se legisla que en las listas plurinominales de candidatos, el tercer lugar debe ser ocupado por una mujer, se tendrá más mujeres interesadas en la política o se las respetará más. Generalmente las consecuencias del intento de gobernar toda la conducta humana a través de las leyes es la incrementación de la falta de responsabilidad de los individuos, lográndose exactamente el efecto contrario que se busca, es decir los vuelve menos libres que antes. La única forma de ir evolucionando es a través del ensayo y error, si cada quien no va experimentando los ataques no podrá ir formando su carácter individual. Los dogmas de la creencia de que la tierra era plana o que solo los patricios tenían que ocupar cargos, no necesariamente fueron siendo superados a través de las leyes proteccionistas sino de leyes naturales como la libertad de expresión, que lentamente fueron descifradas por el ser humano y que permitió al ser humano todo tipo de avances. No en vano Alberdi sentenciaba que la libertad no brota de un sablazo, es el lento parir de las civilizaciones.

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