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Negociaciones comerciales ignoran los intereses de los consumidores

Publicado por Juan Carlos Hidalgo

En las dos últimas semanas tomó lugar en Bruselas la que sería la última ronda de negociaciones entre Centroamérica y la Unión Europea tendiente a materializar un Acuerdo de Asociación que, entre otras cosas, cuenta con un capítulo comercial. Al final de cuentas no se alcanzó ningún acuerdo ante las divergencias en las posiciones comerciales de los europeos y centroamericanos, quienes se acusan mutuamente de inflexibilidad.

He seguido muy de cerca la negociación desde el lado de mi país, Costa Rica, cuyos representantes se rehúsan a aceptar la solicitud europea de permitir la importación libre de aranceles de un contingente de 4.500 toneladas de leche en polvo citando la "sensibilidad" del sector lechero nacional. Este sector es respresentado en Costa Rica por la Cooperativa Dos Pinos, una enorme empresa, exenta del pago de impuesto sobre la renta por su condición de "cooperativa", que exporta el 20% de su producción a Centroamérica, México, el Caribe y Sudamérica, y cuyas ventas totales equivalen a un 2% del PIB costarricense.

¿Por qué los negociadores costarricenses afirman incluso tirar por la borda el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea antes de poner a competir en Costa Rica a la Dos Pinos, un gigante que compite de tú a tú en otros países? ¿Y qué hay de los consumidores nacionales? Un estudio realizado hace unos años por dos economistas costarricenses encontró que las 70.000 familias más pobres en dicho país gastan el 41% de sus ingresos en pagar el sobreprecio de los productos de consumo que cuentan con los mayores niveles de protección comercial: arroz, leche, papa, cebolla, pollo, etc. ¿Por qué los negociadores costarricenses no toman en cuanta las "sensibilidades" de estos sectores tan vulnerables de la población, los cuales se verían enormemente beneficiados si se permitiera la libre importación de dichos productos?

Al respecto tuve un muy revelador intercambio por Twitter con el ministrio de Comercio Exterior de Costa Rica, Marco Vinicio Ruíz (@maviru), quien me explicó muy cándidamente por qué los negociadores no toman en cuenta los intereses de los consumidores:

twitter jcH-MVR
twitter jcH-MVR2

Para evitar confuciones sobre qué escribió quién, el comentario de cada uno aparece arriba de la fotografía y el nombre del autor.  De tal forma, cuando le pregunté al ministro quién defendía los intereses de los consumidores, su respuesta fue "nunca los he visto llenar las barras de la Asamblea", refiriéndose a la sección abieta al público de la Asamblea Legislativa donde usualmente los grupos de presión instigan a los diputados a aprobar proyectos que les favorecen.

El ministro Ruíz confesó que no defienden a los consumidores porque estos no son un grupo de presión. Aquellos grupos que "llenan las barras de la Asamblea" o que pueden pagarse su tiquete a Bruselas para presionar en los cuartos adjuntos durante las negociaciones comerciales, contarán con el oído y buenos oficios de los representantes comerciales costarricenses.

Nada de esto es nuevo para algunos. Ya la teoría de Public Choice ha estudiado este fenómeno de "beneficios concentrados" y "perjuicios dispersos" para explicar la dinámica de la relación entre poder político y poder económico. Sectores como los lecheros tienen mucho que ganar con la protección que reciben del Estado, de ahí que unan fuerzas en grupos de presión que tratan de influenciar a las autoridades políticas. Dan contribuciones financieras, "llenan las barras de la Asamblea". Mientras tanto, el perjucio económico que recae sobre cada consumidor por la protección pasa desapercibido, por lo que los incentivos para que estos se organicen son bajos.Esto no quiere decir que el perjuicio económico que se inflinge sobre los consumidores sea minúsculo. Tanto va al cántaro al agua que la acumulación de estas protecciones y transferencias indirectas hacia los consumidores pueden terminar representanto una enorme carga para aquellos que destinan la mayor parte de sus magros ingresos al consumo de alimentos, es decir, las familias más pobres. Ya mencioné el caso de Costa Rica: 41% de los ingresos de las familias más pobres se va en pagar el proteccionismo de unos cuantos productos.

Queda claro que los consumidores, especialmente los más pobres, no están en la mente de los negociadores a la hora de alcanzar acuerdos comerciales, como los mal llamados tratados de libre comercio. Ellos no llenan barras del público, ergo, no cuentan.

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