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Me inclino por un mal Doha

Publicado por Andres Mejia-Vergnaud

En respuesta a la inquietud planteada por Juan Carlos Hidalgo en una nota reciente en este mismo blog, mi opinión es que un acuerdo de poco alcance es preferible a un fracaso abierto de las negociaciones de Doha. Este fracaso llegaría en medio de amargas recriminaciones mutuas, que no harían más que seguir dificultando el alcance de un acuerdo sustancial.

¿Por qué prefiero un acuerdo de poco alcance a un fracaso? Porque tengo la esperanza de que las condiciones que impiden hoy un acuerdo sustancial sean pasajeras, o puedan superarse.

En medio de las tormentas, muchas veces la mejor estrategia es aferrarse a un objeto estable, por mínimo que sea, y esperar que la tormenta pase. Y creo que es posible que, terminada la administración Bush, y superado el año electoral en Estados Unidos, parte de la animosidad política contra el libre comercio amaine. Un liderazgo renovado de Estados Unidos en materia comercial, con nuevos bríos, sería suficiente para al menos hacer que todas las partes se pongan en movimiento. Y tras años de señalamientos, no descartaría yo que la Unión Europea pueda ser un poco más flexible en materia de subsidios. De hecho, las noticias que llegan de Potsdam parecen indicar que esta vez los inflexibles fueron Brasil y la India. De hecho, Estados Unidos y Europa coinciden en esto. Coinciden en algo y eso ya es un avance.

Creo, por otra parte, que un fracaso de la Ronda de Doha sería un golpe casi fatal para el ideal de comercio multilateral, que considero es la mejor esperanza real que tenemos los amigos del libre comercio. El mundo se entregaría a los sueños de Bono y Jeffrey Sachs y tendríamos que esperar un par de décadas y soportar nuevas frustraciones, hasta que vuelva a haber conciencia de la importancia del comercio para el desarrollo.

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