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Los Panamá Papers y los paraísos e infiernos tributarios

Publicado por Adriana Peralta

Como en una película de suspenso en el momento menos pensado la bomba explotó por la investigación llamada los Papeles de Panamá.

El periódico alemán Süddeutsche Zeitung en asociación con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación —más de 100 medios de comunicacion— efectúo la investigación que ha sacado a luz las actividades de la empresa Mossack Fonseca, firma panameña especialista en crear compañías offshore para sus clientes.

El suceso al igual que una película tiene villanos y héroes. En esta los buenos son los periodistas que han destapado lo oculto. Entre los malos usuales está Vladimir Putin y sus amigos. 

Pero también han aparecido villanos inesperados. Nombres como Lionel Messi, futbolista del Barcelona FC y Sigmundur Gunnlaugsson, Primer Ministro de Islandia. Gunnlaugsson recientemente dimitió a su cargo después que 10.000 personas se manifestaran en su contra ante los señalamientos de finanzas fraudulentas.

Con esa protesta pública se manifiestan los verdaderos protagonistas de la historia: la población. 

La opinión pública parece condenar a cada persona cuyo nombre figure dentro del escándalo de los Papeles de Panamá, sin importar si su dinero ha sido bien habido o no. La población olvida que si una persona ha ganado honradamente su dinero, puede hacer con éste lo que desee. Eso incluye enviarlo al territorio que considere mejor para sus intereses.

Aquí es donde el guíon de esta película empieza a ser confuso y queda a discreción de los protagonistas juzgar a los héroes y villanos sobre el uso de los paraísos e infiernos tributarios. 

Usar un llamado “paraíso tributario” para crear una empresa es una acción totalmente legal.

El incentivo para crear una empresa es que esta rinda ganancias. En algunos países corre el riesgo que caiga en manos de presidentes arbitrarios quienes de un día para otro pueden notificar su expropiación. Tal vez no pase algo tan drástico, pero una empresa puede estar inscrita en un país donde los gobernantes cambian las reglas de juego. De poder hacerlo, ¿no quisiera cualquier persona inscribir su empresa en un lugar más estable?

¿Será que son ilegales estas acciones? ¿Se puede condenar moralmente a una persona que ha decidido legalmente usar su dinero de la manera que mejor le plazca?

Estas son las preguntas que el guion de esta película no contesta a simple vista. La investigación estima que más de 214.000 compañías en aproximadamente 200 países han utilizado los servicios de Mossack Fonseca. Nadie niega que muchas de ellas lo hayan hecho para ocultar dinero obtenido fraudulentamente. Pero, ¿se puede asegurar que el 100% de estas compañías han creado empresas offshore para ocultar movimientos ilícitos?

Como todo en la vida, dependiendo el uso que se le dé a una herramienta esta puede ser buena o mala. Las sociedades offshore en sí mismas no son poco éticas o ilegales. Esto parece ser olvidado por la opinión pública y por muchos de los reportajes periodísticos que inundan la red. Usar una sociedad offshore para lavar dinero u ocultar transacciones con criminales sí es incorrecto.

Los Papeles de Panamá muestran cómo funciona la competencia entre legislaciones. Ganan aquellos territorios cuya carga tributaria es baja y pierden los tienen una carga tributaria tan alta que en vez de atraer las inversiones las ahuyentan.

Este suceso puede servir de lección a muchos países: ¿por qué no cambiar las leyes tributarias para atraer inversión?

Cada día surgirá un nuevo ángulo de esta crónica. Los Papeles de Panamá son una muestra de la mutación del periodismo en la era digital: lejos están los días de Bob Woodward y Carl Bernstein cuyas fuentes eran entrevistadas cara a cara. Parece que en este tiempo las fuentes serán letras y documentos a través de una computadora. Los escándalos ya no son regionales, son mundiales.

La población parece clamar por un castigo a las personas cuyos nombres aparecen en esos documentos, pero no hay que olvidar que como en toda buena película de suspenso, el malo no necesariamente es quien lo parece a primera vista.

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