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Las nuevas dictaduras de género

Publicado por Guillermina Sutter Schneider

A lo largo de los últimos años han emergido innumerables movimientos feministas que dicen querer hacer universal la lucha de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. Emancipación de las mujeres de toda opresión, sociedad igualitaria, empoderamiento desde una perspectiva anticapitalista, clasista y revolucionaria, son sólo algunas de las consignas que resaltan estos movimientos. La lucha más difundida últimamente ha sido "igual salario por igual trabajo", haciendo alusión a que la mujer gana en promedio menos que el hombre.

Muy pocas personas han reflexionado sobre estas cuestiones y se han aventurado muy peligrosamente a apoyarlas. Incluso muchos medios de comunicación proclaman a voces lo que oyentes aceptan sin cuestionar.

Los invito a ver estos videos acerca de esta cuestión:

Lo que los burócratas, organizaciones internacionales y no gubernamentales y medios de comunicación olvidan es que la idea de igual salario por igual trabajo es injusta, sus consecuencias para la economía son nefastas y otorga privilegios en base a cuestiones aleatorias, en este caso, de género. De esta forma se ha dado un mensaje completamente tergiversado y con argumentos falaces, mensaje al que muchos han adherido. Por ejemplo, plantean desde las agrupaciones feministas que "(...) esto [sistema patriarcal] lleva a que, a lo largo de la historia, los derechos de la mujer hayan sido relegados, estableciendo una relación de opresión y dominio de los hombres sobre las mujeres, derivando indefectiblemente en la violencia de género, en cualquiera de sus variantes (física, emocional, sexual o económica)". Esta idea no sólo presenta incongruencias a nivel económico sino también a nivel moral.

Lo que la premisa igual salario por igual trabajo no tiene en cuenta es que las comparaciones se realizan en base a valores promedio de salarios, y lo que hay que aquí tener en cuenta, antes que nada, es el tipo de trabajo que ambos sexos realizan. El trabajo de la mujer no es igual al del hombre. Las estadísticas no muestran que muchos hombres se han abocado a carreras como Ingeniería, mientras que las mujeres tienden a escoger otras profesiones en las que los sueldos son menores. Otro aspecto a tener en cuenta es que el sexo femenino tiende a reducir sus horas de trabajo, a diferencia del hombre quien está más dispuesto a trabajar horas extras. Las diferencias de inversión en materia de educación es otro factor que diferencia a hombres y mujeres. Tampoco los datos muestran que la mujer debe ausentarse durante largos períodos por el simple hecho de que son quienes tienen hijos y necesitan de tiempo para cuidar a sus hijos y familia. Además, también suelen requerir atención médica con más frecuencia. Es por todo esto que, si bien pueden existir excepciones puntuales, la mujer es menos productiva que el hombre en la vida profesional. Por ello, las diferencias de salarios entre los dos sexos no es resultado de discriminación en el mercado laboral sino de las decisiones que ambos toman a lo largo de su vida.

Ahora, ¿por qué asumir que una persona tiene derecho a un determinado salario? Los únicos derechos legítimos son a la vida, Libertad y propiedad. Cualquier otro derecho es injusto en sí mismo ya que llevarse a cabo implica perjudicar y violentar los derechos de otra persona. Así como los aspirantes a un puesto de trabajo escogen dónde trabajar y a qué salario están dispuestos a ofrecer su trabajo, los empleadores deciden a quién emplear y cuánto pagar. Y es a partir de la negociación entre el empleador y empleado que se acordará el salario. Sostiene Domingo García "(...)Convéncele de que tú [mujer] vales tanto o más como los empleados varones que hacen el mismo trabajo, o que tú haces un mejor trabajo por el mismo precio. ¿Que no puedes convencerle? Vete a otro empleador que acepte tus razones. ¿Que no sabes negociar? Haz un curso de negociación. ¿Que no consigues convencer a nadie? Entonces, ¿de dónde sacas que tú vales más de lo que alguien te quiere pagar?"

Por último, como señalaba Frédéric Bastiat, debe tenerse en cuenta aquellas consecuencias que a simple vista no se ven. La implementación de una ley que obligue a los empleadores a pagar el mismo salario tanto a las mujeres como a los hombre no sólo es injusta para el empleador sino que sería contraproducente para el sexo femenino. Si se promulgara esta ley, cualquier empresa dejaría de emplear a mujeres porque sus costos aumentarían -ahora deberían pagar a sus mujeres empleadas lo mismo que a los hombres que realizan el mismo trabajo-. Además, como muchas leyes injustas no se cumplen, los empresarios correrían el riesgo de que las mujeres los demanden por no cumplir esta legislación, incurriendo nuevamente en costos.

Lo que estos movimientos ignoran es lo importante que resulta la preservación y respeto del Estado de Derecho para que la discrecionalidad de algunos pocos no lesione las libertades de otros. A fin de cuentas, estas nuevas dictaduras de género que bajo un discurso totalitario reclaman igualdad mediante derechos que no son legítimos, no son otra cosa más que la analogía marxista de división de clases aplicada a los sexos. Es imprescindible que la ley trate a todos como iguales y no se convierta en un instrumento nocivo que haga a algunos más iguales que otros. Porque como bien ha expresado Alberto Benegas Lynch (h) en incontables oportunidades: "La igualdad es ante la ley y no mediante ella".

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