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La sociedad que queremos

Publicado por Diego Quijano

Esta es una idea problemática. ¿Cuál es esa sociedad que queremos? Tácita está la idea que la sociedad que queremos es una mejor. ¿Quién no quiere una mejor sociedad? Acaso usted, estimado lector, desea una sociedad peor? Por supuesto que no. El problema es que no todos estamos de acuerdo en qué exactamente sería esa sociedad mejorada.

En las columnas de opinión de todos los diarios, sin embargo, es un concepto que se lee con frecuencia. Es una forma de llegarle a la emoción del lector, captarlo, y decirle: si no estás de acuerdo conmigo, entonces no quieres una mejor sociedad.

Este es el principal problema de nuestras sociedades, a saber, que todos les queremos imponer a otros nuestra visión de una mejor sociedad. Este proceso de imposición crea conflictos entre los que les gusta esa sociedad y a los que no.

No hay una salida fácil a este dilema. Por eso vemos las debates  entre socialistas y liberales, estatistas y libertarios, ateos y religiosos, los que favorecen la libertad sexual y de matrimonio y los que se oponen a ello. Es de nunca acabar. Y nunca acabará.

Entonces, ¿qué hacemos? Creo que el primer paso es sencillo, es un acto de humildad: somos humanos y, por tanto, nos podemos equivocar. No se trata de una opinión sobre lo que debe ser, sino una descripción de lo que es. No es discutible que las personas puedan tener una opinión distinta sobre lo que sería o no una mejor sociedad, es un simple reconocimiento de la realidad. La experiencia en la vida también nos debe haber demostrado que nos podemos equivocar en nuestras opiniones y afirmaciones. Nunca jamás ha habido un ser humano infalible. De haberlo, no sería humano.

El segundo paso es reconocer que las sociedades están compuestas de individuos diferentes y que no todos queremos lo mismo. Cada uno de nosotros, debe reconocer que lo que yo creo que es mejor para todos, no es necesariamente lo que otros creen que los mejor. Uniendo estas dos ideas, debemos estar dispuestos a aceptar que nuestra visión particular de qué es una mejor sociedad y cómo alcanzarla de hecho puede estar equivocada o puede causar un daño en largo plazo que no estamos viendo por nuestras limitaciones.

Llegamos otra vez al mismo punto. Si todos estamos de acuerdo que no tenemos que estar de acuerdo y que, además, podemos equivocarnos, cómo ha de organizarse una sociedad con miles o millones de individuos. La solución única está en establecer los valores y principios que permitirían la cohabitación pacífica de individuos con intereses distintos. El filosofo escosés David Hume, lo respondió claramente al señalar que las tres leyes fundamentales «son la de estabilidad en la posesión, la de transferencia mediante consentimiento, la de cumplimiento de las promesas hechas».

De no cumplirse estas tres leyes fundamentales, entonces no se podría vivir pacíficamente en sociedad. Preponderaría la violencia, la razón del más fuerte, el estancamiento material, cultural y espiritual.

Tal vez no podamos estar de acuerdo en qué sería una sociedad ideal, pero al menos pudieramos estar de acuerdo en que los dos podamos trabajar en nuestros círculos en los asuntos que nos interesan, sean estos religiosos, culturales, deportivos, artísticos o netamente materiales, siempre y cuando no violemos el derecho de otro a hacerlo.

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