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Islam y la sociedad abierta

Publicado por Hana Fischer

Me parece que no exagero cuando afirmo que el problema más grave de nuestros tiempos es la amenaza del fanatismo radical musulmán.

En principio –como liberal que soy- creo que la mejor solución frente a cualquier problema social o político es ampliar la esfera de la libertad individual. Sin embargo, la actual situación creada en torno al fundamentalismo islámico, ha provocado que me surjan una serie de dudas de difícil resolución, que son las siguientes:

¿Cómo actuar frente a aquellos que pretenden utilizar a la sociedad abierta para destruirla desde adentro? En las formas democráticas, el gobierno lo obtiene aquel partido que alcanza la mayoría de los votos. En Europa, la tasa de crecimiento de la población musulmana es mucho más alta que la del resto. En consecuencia, no sería descabellado pensar que en un futuro no tan lejano, un partido islámico gane legítimamente el poder político y que, cumpliendo lo que prometió en la campaña electoral, destruya a la sociedad abierta desde sus cimientos. Frente a este peligro real, ¿cómo actuar? ¿Cómo prevenir esa situación?

Yo pensaba que la libertad religiosa era fundamental y uno de los ámbitos primordiales a proteger irrestrictamente. Pero, ¿qué ocurre cuando la religión está indisolublemente ligada al poder político? La historia ha demostrado que ése es un cocktail letal para la vigencia de los derechos individuales. Y siempre termina en masacres indiscriminadas y en denigrar en grado sumo la vida de la gente.

Yo pensaba que no había que confundir al Islam con el fundamentalismo islámico, que eran dos cosas diferentes. Consideraba que el Islam, en esencia, era una religión que tendía hacia la convivencia pacífica. Sin embargo, me preocupé al leer ciertas reflexiones de Ayaan Hirsi Ali, alguien muy interiorizado con la ideología y prácticas de esa religión.  Mario Vargas Llosa expresa, que en el libro que esta activista acaba de publicar en EE.UU. titulado Heretic, Why Islam Needs a Reformation Now, la autora critica a los gobiernos occidentales porque:

“para no apartarse de la corrección política, se empeñan en afirmar que el terrorismo de organizaciones como Al Qaeda y el Estado Islámico es ajeno a la religión musulmana, una deformación aberrante de sus enseñanzas y principios, algo que, afirma ella, es rigurosamente falso. Su libro sostiene, por el contrario, que el origen de la violencia que aquellas organizaciones practican tiene su raíz en la propia religión y que, por ello, la única manera eficaz de combatirla es mediante una reforma radical de todos aquellos aspectos de la fe musulmana incompatibles con la modernidad, la democracia y los derechos humanos”.

Pero las grandes interrogantes son: ¿cuánto tardará una reforma que surja desde dentro del mismo mundo musulmán? ¿Se hará alguna vez tal reforma? Y mientras eso no ocurra, ¿Occidente debe quedarse con los brazos cruzados?

Estas reflexiones no pretenden dar respuestas a las inquietudes que manifiesto más arriba. Por el contrario, ojalá sea el puntapié inicial para un debate sobre este tema de candente actualidad.

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