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El derrumbe del régimen

Publicado por Gustavo Coronel

Una revolución cansada....

Después de ocho años viviendo en auto-exilio, en un país organizado, modesta y dignamente, ya no tengo nada que me ate materialmente a Venezuela, no hay bien material alguno que yo pueda perder en mi país.

Espiritualmente tengo todavía bastante que perder. Por ello, continúo pendiente de lo que nos sucede. Veo a un país en desintegración, mientras hay otros quienes aún ven un “paraíso”. Objetivamente, sin embargo, pocos dudan de que el gobierno atraviesa graves problemas de estabilidad, como sucede inevitablemente con todos los gobiernos que dependen de un solo hombre, llámese Hitler, Stalin, Perón, Somoza, Gaddafi o Robert Mugabe. Hugo Chávez es un hombre aún joven pero, después de 13 años de desenfrenado ejercicio del poder, luce agotado, ya obeso, ni la sombra del capturado después de su fallido golpe militar de 1992. Tiene numerosos tics nerviosos y está claramente afligido de varios problemas físicos y, peor aún, de un progresivo desequilibrio mental. Se encuentra ya obligado a ir a Cuba con cada vez mayor frecuencia para sus tratamientos psicosomáticos, ya que no confía en los profesionales venezolanos o aún de sus más cercanos colaboradores. En cada ausencia se acentúa el deterioro del equipo que ya no es equipo, que quizás nunca lo ha sido. Sus lugartenientes, esto es documentable, son casi todos muy mediocres, cuando no ladrones o ineptos y, en esas manos, digan lo que digan las encuestas que maneja Jesse Chacón, el país está en caída libre. No se trata de lo que uno quiera o no quiera sino de lo que está sucediendo de manera objetiva ante nuestros ojos.

La zarzuela chavista está en pleno desarrollo, ahora con el grotesco episodio del nacido habanero. Según la versión oficial, Chávez se sintió mál en La Habana y Fidel Castro, según las palabras que Chávez usó, “le ordenó” hospitalizarse y someterse a una operación que, aún para la medicina cubana, es relativamente sencilla y tiene un 97 por ciento de éxito: el drenaje de un absceso pélvico. El problema no es el nacido sino la manera como el régimen lo está manejando. En primer lugar, el país no sabe lo que sucede realmente. No hay un parte médico fehaciente, como sería lo natural. Parece ser que la operación no fue de emergencia sino planificada, lo que confirmaría la desconfianza que Chávez siente por la medicina venezolana. Desde Cuba, en humillante postura de dependencia emocional de los Castro, Chávez pretende seguir “gobernando” por control remoto, a pesar de que ello viola las leyes del país. Jaua, el ex-tira piedras universitario, ahora nuestro vicepresidente, no conoce sus deberes pues dice : “no se equivoquen conmigo, yo soy muy leal y no tomaré las riendas del gobierno”, a pesar de que eso es claramente lo que le dictan las leyes. Jaua es “leal” a Chávez, no al país. Parte del gabinete está, o ha estado en Cuba, mientras Chávez está drenando su absceso o lo que realmente le aflija. Evidentemente, el país se enfrenta a una profunda crisis de gobernabilidad, la cual se ha venido gestando por un largo tiempo. No tengo dudas de que esto que se llama “revolución” se viene abajo estrepitosamente. Las ratas como José Vicente Rangel están deseosas de saltar del barco, como lo admite en la columna que firma Marciano, al hacer el diagnóstico del colapso interno del régimen. El mismo Chávez, en una carta muy cursi dirigida a Soto Rojas, pidiendo dinero adicional, admite que “el gobierno está a tres pasos por delante del caos”. Define a su gobierno, sin darse cuenta, como un verdadero esquema Ponzi político, pués es fácil visualizar a Chávez pedaleando furiosamente mientras el caos amenaza con rebasarlo.

Desafortunadamente, este derrumbe del régimen coincide con una gran mediocridad del liderazgo opositor. Entre la oposición hay gente excelente: Leopoldo López, Capriles Radonsky, Maria Corina Machado, Antonio Ledezma, entre otros, pero el bloque de legisladores da ganas de llorar y las actuaciones de la MUD son de una debilidad patética. Es necesario que emerja una sociedad civil fuerte y decidida que tome las riendas de la reconstrucción nacional.

Mientras tanto, asistimos asombrados a la implosión de un régimen grotesco.

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