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El carnaval en Uruguay

Publicado por Hana Fischer

Murga en carnaval de UruguayEn ciertos países --entre ellos Uruguay-- el Carnaval es una de las fiestas de mayor arraigue popular. Desde tiempos remotos a estas festividades se las asocia con un período de permisividad. Uno de sus rasgos más destacados es que mediante diferentes manifestaciones culturales, generalmente en base al humor, se realiza una crítica social: se ridiculizan a los gobernantes, a los poderosos e incluso, a la moral dominante.

Desde ese punto de vista, el Carnaval es una etapa del año donde su mezclan todas las clases sociales, todas las ideologías, y en aquellos lugares donde reina la opresión, uno de los pocos momentos donde --ocultos tras las máscaras-- es posible decir lo que realmente se piensa. O sea, es una fiesta donde se supone que  hay lugar para las diferentes voces y se visualiza a la sociedad en su rica diversidad.

Esa es su esencia y lo que lo hace tan especial. Pero, si pierde ese rasgo primordial, entonces el propio Carnaval se convierte en una mascarada de sí mismo.

¿Cuándo y por qué ocurre esa desnaturalización? Cuando los gobernantes mediante diferentes mecanismos se apropian de las diferentes expresiones artísticas. Y uno de las herramientas más eficaces para lograrlo es mediante el financiamiento. No cabe duda que cada vez que las autoridades expresan que van a “apoyar” a determinado sector, éste en forma paulatina va perdiendo su vitalidad, originalidad y riqueza que brinda la diversidad. De ser un una manifestación espontánea de la sociedad pasa a ser un apéndice del aparato estatal de propaganda.

Y eso es precisamente lo que viene ocurriendo en Uruguay. Desde que la izquierda obtuvo la Intendencia de Montevideo en forma sucesiva desde 1990, tuvo claro el poder del Carnaval como forma de publicidad política. La preparación de esta festividad comienza a mediados del año anterior, etapa en que se preparan los trajes, letras, músicas, etc. de las diferentes comparsas. Todo esto se realiza bajo el auspicio de los respectivos gobiernos locales que a su vez, cuentan con el apoyo de los departamentos de Cultura y de Descentralización de la Intendencia de Montevideo. Además, las autoridades municipales organizan certámenes donde se otorgan premios en efectivo. Ser uno de los ganadores en el Concurso Oficial de Agrupaciones de Carnaval es muy importante para estos grupos por dos motivos:

Por un lado, eso repercutirá en la cantidad de contratos que obtendrán para actuar en los tablados ubicados en diferentes barrios de Montevideo. Y por el otro, la propia Intendencia es uno de los mayores contratantes.

En Uruguay, las murgas son uno de los espectáculos más característicos asociados al Carnaval. Se supone que deben ser contestarias, satirizando con agudeza a las principales figuras políticas del país, principalmente a los gobernantes. Está en su esencia que así sea y en cierto modo, es su razón de ser. Si pierden esa característica se transforman --aunque no sean conscientes de ello-- en simples aduladores del poder de turno. Además, dejan de ser representativas de la comunidad en su conjunto para ser el eco de solo una parte de ella. Alguien que pretende trabajar en base al humor y pierde su independencia, se transforma en un payaso con ínfulas de gran artista. Pierde hasta la gracia.

Esta realidad ha provocado que mucha gente se aleje de Carnaval, tanto los que iban como simple espectadores como los propios protagonistas. Entre ellos podemos mencionar a Christian Font quien es comediante, murguista, crítico y periodista cultural. En una entrevista declaró que en 2015 no iba a salir con la murga “Diablos Verdes” de la cual solía ser integrante, por los siguientes motivos:

"Sabía que los Diablos se iban a plegar a una campaña (del Frente Amplio) y yo, más allá de lo que vote, como artista prefiero no hacerlo. Eso trasciende mi voto, porque los Diablos nunca le pidieron el carnet a nadie. Ellos estuvieron acompañando a Tabaré (Vázquez) en los actos, lo que es súper valido, pero para mí el espacio murga es en otro lugar, que tiene que ver con una cosa más plural y más crítica, donde podés tener afinidad pero no quería levantar una bandera. Soy de los que piensa que no hay que cantar para algunos sino para todos. Entonces los Diablos, que es un lugar que adoro, no es mi lugar para estar en este momento".

Hay un hecho que es real: los artistas generalmente necesitan apoyo para poder darse a conocer y salir adelante. Pero el remedio no estriba en permitir que el Estado se entrometa en esta función. Una solución genuina, arraigada en la tradición y compatible con las prácticas de la libertad, es el mecenazgo. Traducida esta práctica a la realidad de nuestros días, una forma de darle impulso es mediante una ley que permita deducir de nuestros impuestos las contribuciones que realicemos a diferentes causas. De ese modo se preserva la auténtica generosidad (ergo, la que sale de nuestros propios bolsillos), la creatividad, la originalidad y la diversidad de la sociedad.

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