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Dilma anuncia recortes de gasto en Brasil

Publicado por Juan Carlos Hidalgo

La nueva presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha anunciado recortes presupuestarios de 50.000 millones de reales (aproximadamente $30.000 millones) para este año. Eso equivale a aproximadamente 1,3% del PIB estimado de Brasil para el 2011. A pesar de las buenas intenciones, estos recortes todavía constituyen un esfuerzo muy tímido en cuanto a reducir el tamaño del Estado en Brasil: el total del gasto público (incluyendo el gasto a nivel local y de estados) equivale a casi un 40% del PIB.

Tal vez la timidez de la propuesta se explica por el hecho de que reducir el tamaño del gobierno no es el motivo detrás de los recortes de gasto. Ni tampoco lo es evitar una inminente crisis fiscal. El déficit presupuestario de Brasil para 2010 fue del 2,3% del PIB; nada bueno, pero todavía muy lejos de los problemas fiscales de Europa (o EE.UU).

La razón de Dilma para recortar el gasto está en la incapacidad del Banco Central de Brasil para contener la apreciación del real sin perjudicar la economía. El real se ha apreciado en relación al dólar en un 38% durante los últimos dos años (gracias, en parte, a las políticas de Ben Bernanke en la Fed). Los esfuerzos por contener esta apreciación interviniendo en el mercado de cambio y acumulando reservas han conducido a un aumento de la inflación, la cual terminó en 5,9% el año pasado. El Banco Central ha aumentado las tasas de interés para controlar la inflación, pero ubicándose en 11,25% ya están demasiado altas y constituyen una pesada carga sobre el sector productivo de Brasil. Además, las tasas de interés altas son un imán para el dinero extranjeroque busca altos retornos, lo cual presiona aún más hacia arriba el valor del real.

Recortar el gasto público no parecería ser la política favorita de una tecnócrata de izquierda como Dilma Rousseff. Sin embargo, es la mejor manera de reducir las tasas de interés y controlar la inflación bajo las circunstancias actuales. Todavía está por verse si los recortes surten efecto, pero ciertamente son una señal positiva por parte de la nueva presidenta de Brasil.

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