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Desde Colombia, hoy bajo grave amenaza

Publicado por Andres Mejia-Vergnaud

Antes de pasar a la sustancia de esta nota, debo aclarar que soy colombiano, y pedir al lector que tenga en cuenta que las palabras que siguen no surgen del nacionalismo, sino del ejercicio analítico que los acontecimientos nos vienen forzando a hacer, desde hace casi 10 años. Al momento de escribir estas líneas, el dictador venezolano Hugo Chávez ha dado órdenes, en vivo y por televisión, de que se envíen a la frontera con Colombia "10 batallones de tanques" y "la aviación militar se despliegue".

Acto seguido, el presidente de Ecuador Rafael Correa ordenó una movilización similar. Todo como consecuencia de la operación militar colombiana en la cual murió, en territorio ecuatoriano, el más importante líder de las FARC, conocido como "Raúl Reyes", uno de los responsables de enrutar dicha organización por los caminos de la línea dura en la práctica, y del comunismo ortodoxo en la teoría.

En circunstancias normales, habría sido justo que Ecuador expresara una fuerte molestia por este hecho, ocurrido a dos kilómetros de la frontera con Colombia. Pero estas no son circunstancias normales: lo que ya se sabía, y que ha sido probado en los documentos que se encontraron en la misma operación, es que los terroristas colombianos se albergaban en Ecuador con el beneplácito del gobierno de Correa, con el cual al parecer tenían una nutrida agenda de cooperación política y militar por delante. Las imágenes del campamento bombardeado permiten constar que "Raúl Reyes" y sus compañeros no habían llegado allí de manera pasajera y temporal: se trata de un campamento grande, acondicionado para albergar de modo permanente a un nutrido grupo de combatientes.

El gobierno de Ecuador ha violado, con esto, las resoluciones del Consejo de  Seguridad de la ONU que prohíben a cualquier estado albergar a una organización terrorista, así sea por simple negligencia.

La reacción de Hugo Chávez encuentra su verdadera motivación en la muerte de "Raúl Reyes", y no en la incursión en Ecuador como tal. Eso quedó claro cuando, al ordenar el despliegue militar, lo justificó diciendo que iba a permitir que  el gobierno de Uribe "nos debilite".

¿A qué se refiere con "nos debilite"? Se refiere a aquello sobre lo cual varios analistas venimos adviertiendo hace ya un buen rato, y que los hechos han empezado a corroborar: que Chávez y las FARC se han unido en un proyecto para imponer el totalitarismo socialista en toda la región norte de Suramérica. Ya ni siquiera Chávez se molesta en ocultarlo: en su discurso ante la Asamblea Nacional, hace unas semanas, habló en palabras muy cordiales sobre los grupos guerrilleros FARC y ELN, y dijo que ellos tienen un proyecto bolivariano respetado por él. Ayer mismo hizo un minuto de silencio por la muerte de "Raúl Reyes", a quien calificó de "buen revolucionario".

No sabemos todavía el alcance que esta crisis tendrá, pero no hay que descartar acciones militares por parte de Venezuela, seguramente acompañada de Ecuador y Nicaragua. Esto es parte de la evolución normal del proyecto expansionista de Chávez, el cual ha encontrado un formidable obstáculo en Colombia. Chávez además se muere de ganas por hacer la guerra: su lenguaje es siempre guerrerista en extremo; ha comprado armas en cantidades que su ejército ni siquiera podría utilizar; y a medida que ha copado todos los espacios de poder en Venezuela, y ha logrado acallar en buena medida la crítica y la oposición, tiene mayor libertad para dar rienda suelta a sus locuras. Y además, la espantosa situación económica y social que se vive en Venezuela lo obliga a buscar una distracción.

Los recursos de Colombia son muy limitados, y están empleados a fondo en el conflicto interno. No tenemos, por lo tanto, posibilidad alguna de defensa frente a un dictador maniático que puede disponer con una orden verbal del presupuesto nacional. Colombia sólo debe esperar la solidaridad de la comunidad mundial, y mantener su posición de no permitir que el terrorismo totalitarista se refugie en los países vecinos para luego venir a asesinarnos.

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