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Condonación de deudas y cierre de calles

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Mientras que miles de personas honestas y trabajadoras se esmeran por un mejor porvenir sin perjudicar a terceros, un grupo de manifestantes en estos días se han hecho dueños de Asunción cerrando las calles a su antojo y capricho impidiendo el libre tránsito, una clara garantía constitucional. El estado por medio de la policía ha abdicado de su función principal, la de resguardar la seguridad, dejando además de lado el principio de igualdad ante la ley. Esto no está bien.

Vemos la exacerbación de los ánimos para hacer valer por medio de la fuerza pretensiones --como la condonación de deudas-- que sumirá al país en un descalabro no solo político económico sino también moral, puesto que de darse este antecedente, sus efectos hará cambiar definitivamente principios de libertad, justicia y responsabilidad por los propios actos. Mientras tanto, los símbolos de viejas ideas fracasadas que llevan la hoz y el martillo del Partido Comunista que tanto daño causaron a millones de personas en el mundo empiezan a recorrer las calles azuzando el miedo, la intolerancia y el odio hacia la sociedad libre. Paraguay no debe caer presa de esta dañina tendencia.

Para que ello no ocurra, el Congreso en la que se encuentran los representantes del pueblo debe rechazar la antojadiza e injusta pretensión de los manifestantes de condonar las deudas por los préstamos en las que han asumido responsabilidad. Todas las personas deciden por sí mismas acerca de cómo disponer sobre su futuro, y ciertamente es una tarea difícil al momento de tener que asumir responsabilidades; sin embargo, y luego de haber hecho uso del dinero prestado no es justo ni mucho menos reporta un bien para la sociedad que solicite se perdone la deuda como si la misma haya sido objeto de un regalo o una dádiva en especial que no tiene origen.

Por supuesto que aquí nada hay de regalo porque sencillamente nada es gratis como parece así lo entienden los que pretenden se les condone sus deudas. Esos préstamos en realidad es un dinero contante y sonante que no ha caído de los árboles como por arte de magia; proviene del ahorro, el trabajo y la inversión de todos los ciudadanos que pagan sus impuestos, ya sean contribuyentes de hecho o de derecho, entre los que se encuentran los más pobres y necesitados de este país que ni siquiera --vaya paradoja-- no han accedido a ningún préstamo pese a que de ellos también salio ese dinero y que ahora (si se aprueba la condonación) también deberán cargas sobre sus espaldas una nueva deuda sin haber percibido ni un solo guaraní.

No solo sería ciertamente política y económicamente equivocada la decisión del Congreso de condonar la deuda de los campesinos que así hoy lo solicitan. Sería además absolutamente inmoral puesto que los congresistas no tienen la potestad de perdonar deudas para luego cargarlas sobre otras personas. Igualmente también sería una grave decisión la condonación por cuanto que una cuestión así traería aparejada un precedente nefasto debido a que también miles de personas en difícil situación financiera tendrían el mismo seudo derecho invocado por los manifestantes.

La pretendida condonación de deudas que tiene como motor la imposición de la fuerza que los manifestantes utilizan en contra de la ciudadanía honesta y trabajadora de este país debe ser rechazada en el Congreso sin más trámite que la de hacer valer principios morales de honestidad y responsabilidad por los propios actos; los cuales además de las cuestiones político económicas, son la base de la sociedad a la que aspiramos en libertad, justicia e igualdad ante la ley.

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