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Archivo por Mayo 2012

El título lo tomo prestado de la portada de la semana pasada de The Economist, publicación que manifestó preocupación en uno de sus editoriales por las anunciadas políticas económicas de François Hollande, el hoy presidente electo de Francia. Con su triunfo del domingo, Hollande se convirtió en apenas el segundo presidente socialista de la Quinta República y su elección se ha visto enmarcada por el debate en el que se encuentra sumergida toda Europa sobre cómo salir de la aguda crisis económica que afecta dicho continente.

La narrativa de la prensa internacional ha sido, por supuesto, que la elección de Hollande significa un rechazo a las medidas de austeridad que, según muchos, están asfixiando a las economías europeas, incluyendo la francesa. Radio France Internacional incluso anuncia hoy las primeras medidas de Hollande “para luchar contra la austeridad”. Como siempre, este es uno de esos casos en que si una mentira se repite lo suficiente, la mayoría de la gente llega a creérsela. ¿Cómo se ve la terrible “austeridad” francesa? Pues así:

Gasto público en Francia
*En euros constantes del 2000.

Como vemos, el gasto público en Francia no ha parado de subir en la última década, de hecho ha aumentado un 19% en términos reales desde el 2001. Como porcentaje del tamaño de la economía, el gasto total del gobierno francés alcanzó el 56% ese mismo año, el más alto de Europa. Francia lleva 37 años de no tener un presupuesto balanceado, su deuda nacional ha pasado del 20% del PIB en 1980 al 90% en el 2011 y su déficit fiscal del año pasado, en 5,8%, fue más cercano al de España (6,5%) que al de Alemania (1%). De hecho en enero S&P le quitó la calificación AAA a Francia y Moody’s la ha puesto en perspectiva negativa. ¿Ante esta “austeridad” es que se están rebelando los votantes franceses?

Hollande ha prometido combatir esta brutal “austeridad” tanto a nivel doméstico como europeo. Dentro de sus promesas se encuentra aumentar el salario mínimo, incrementar el subsidio escolar, congelar el precio de los combustibles por tres meses, crear 60.000 nuevos puestos de trabajo para maestros, imponer una tasa máxima del 75% para los hogares que ganan más de €1 millón, nuevos impuestos sobre la banca y las empresas, reducir nuevamente a 60 años la edad de retiro para algunos trabajadores, y otras bellezas populistas. Según sus propios estimados, todo esto le costaría al fisco francés €20.000 millones en los próximos 5 años. Francia rápidamente está pasando de ser un activo de la estabilidad económica europea a ser un pasivo.

A nivel europeo Hollande ha prometido combatir el pacto fiscal de la canciller alemana Angela Merkel que pretende imponer disciplina fiscal en los gobiernos europeos con el fin de evitar más desastres fiscales a futuro. Como podrán imaginarse, los gobiernos europeos se encuentran sumamente incómodos con las reglas fiscales que ha impuesto Berlín, pero no les queda otra que tragarse la amarga medicina ya que es Alemania la que paga las cuentas. Por su parte, Merkel no quiere seguir firmando rescates a países irresponsables hasta el tanto no se garantice que estos van a adoptar cierta disciplina fiscal. Hasta hoy, Nicolás Sarkozy había servido de lugarteniente de Merkel en su defensa del pacto fiscal, sin embargo Hollande ha prometido pedir una renegociación del mismo, lo cual ha caído como música para los oídos de los gobiernos en Atenas, Madrid y Roma. Con la llegada de un presidente socialista francés, Merkel se encuentra cada vez más sola en Europa. ¿Qué hará? ¿Se echará para atrás (a sabiendas que sus votantes no quieren seguir pagando la cuenta de otros) o se mantendrá firme?

En el otro lado de la acera, algunos conservadores y liberales han hecho una lectura errada de la elección francesa diciendo que dicho país ha optado este domingo por un camino equivocado. Pero como podemos ver por la gráfica y las estadísticas que comparto, Francia ya se encontraba bien encaminada hacia una ruta de insostenibilidad fiscal. Lo que Hollande promete es agravar el panorama. Se vienen tiempos muy complicados para Francia y Europa, y el mejor escenario que podemos esperar es que Monseiur Hollande no llegue al Élysée a cumplir sus promesas.

Paul Krugman alaba otra vez a Argentina en un reciente comentario en su blog, catalogándola como “una notable historia de éxito”. Krugman achaca las recientes malas noticias asociadas al país a un sesgo en las informaciones económicas, aunque toma la precaución de no decir nada sobre las nacionalizaciones, la fuga masiva de capitales, la alteración de las estadísticas oficiales, la prohibición a importar libros, y los ataques a la libertad de prensa, entre otras bellezas que ocurren en la tierra del tango. En cambio, Krugman presenta este gráfico para demostrar el “hecho básico” de que el crecimiento de Argentina supera al de su vecino Brasil, y por lo tanto debe ser tomado más en serio:

PIB real de Argentina

El que Krugman desestime de plano las informaciones económicas sobre Argentina podría explicar por qué no menciona el hecho de que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner manipula las estadísticas oficiales, en especial la de inflación. La historia fue destacada hace pocas semanas por The Economist, que incluso eliminó la cifra oficial de la inflación de su página de indicadores. Como señalara la revista, “Desde 2007 el gobierno de Argentina ha publicado cifras de inflación que casi nadie cree”. Al parecer, nadie más que Paul Krugman.

Ya que el Índice de Precios al Consumidor de Argentina subestima de forma significativa la verdadera tasa de inflación (la cifra oficial para 2011 fue de 9,7% mientras que las estimaciones privadas la sitúan en 24,4%), el PIB real del país está sobreestimado, aunque es difícil calcular por cuánto. Sin embargo, en un informe para la firma consultora Elypsis, los economistas argentinos Eduardo Yeyati y Luciano Cohan, construyeron un “Índice Coincidente de Actividad Económica” (ICAE) utilizando nueve series de datos altamente correlacionados con el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) —que es una aproximación del PIB. Como se esperaba, encontraron que había una alta correlación entre el ICAE y el IMAE hasta el 2007, año en que el gobierno despidió a la directora de la oficina de estadísticas y politizó la institución. Después de ese año, ambos indicadores empiezan a separarse cada vez más.

Basándome en el índice de Elypsis, he recalculado el desempeño del PIB de Argentina y lo he comparado con el de Brasil:

PIB real de Argentina, cifras de elypsis
*Desempeño del PIB de Argentina desde 2007 basado en el ICAE.

Como podemos ver, el desempeño del PIB de Argentina no supera al de Brasil en la última década. Además, debo agregar tres cosas: En primer lugar, al utilizar el 2000 como año base para su cálculo, Krugman astutamente omite el hecho que Argentina ya llevaba dos años de recesión, por lo que su gráfico da la impresión de un desempeño especialmente fuerte en la última década. Segundo, nadie niega que, aún con las correcciones del caso, Argentina ha experimentado un fuerte crecimiento económico en los últimos 7-8 años. Sin embargo, este se debe a los altos precios en las materias primas, especialmente de la soja, y a una política fiscal expansiva que no es sostenible por mucho más tiempo (de ahí la alta inflación). Tercero, al hacer la comparación con Brasil, Krugman escogió un bajo parámetro, aún en América Latina. Como señalé en un artículo hace año y medio, el crecimiento económico de Brasil está lejos de ser espectacular: “Durante la última década, diez países latinoamericanos gozaron de crecimiento más alto que el de Brasil”.

El romance de Paul Krugman con el modelo económico de los Kirchner en Argentina debe ser tomado por lo que es, y ciertamente no como una guía para la recuperación económica en EE.UU. y Europa.

El petróleo genera rentas extraordinarias. Una vez descubiertas las reservas (esa es la esencia del negocio petrolero) el resto consiste en extraer, transportar, refinar y distribuir. Si bien no es sencilla la tarea de industrializar el líquido primario, la esencia consiste en hallar reservas de petróleo a un precio cuya explotación resulte económicamente viable.

En muchos casos esas rentas son apropiadas por los gobiernos. En muchos de esos ”muchos casos” los gobiernos utilizan esas rentas extraordinarias para financiar desatinos como corrupción, burocracias inútiles, armamentos, acallar a los disidentes, etc.

Las empresas petroleras están acostumbradas a negociar y firmar contratos con gobiernos corruptos  e inescrupulosos.

Países como Irán, Venezuela, Sudan, Nigeria, Irak, Argelia, Kazakhtan están en los últimos lugares en el ranking de corrupción que anualmente elabora Transparency International (Iran 168, Venezuela 162, Sudan 176, Nigeria 130, Irak 176, Argelia 111, Kazakhstan 120 según la edición 2009) y en las primeras posiciones como exportadores de petróleo. Todos esos países cuentan con empresas trasnacionales operando.

La correlación entre renta estatal petrolera y gobiernos autoritarios es también llamativa. En nuestra región el caso más paradigmático es Venezuela y la vigencia del partido único PRI en México hasta el advenimiento del NAFTA. La razón es sencilla. Financiamiento fácil y Estado de Derecho débil es el caldo de cultivo para gobiernos autoritarios.

Las empresas negociarán con el estado argentino aún con instituciones averiadas y con la YPF expropiada de manera casi delincuencial. Ajustarán en la mesa de negociaciones el mayor riesgo con la tasa de retorno del proyecto. No habría riesgos para la provisión de petróleo ni para el abastecimiento local. Los riesgos serán sistémicos para el resto de los emprendimientos que no gozan del líquido oscuro salvador ni de la predilección del dedo oficial. La demagogia se encargará de maquillar estas cuestiones.

La estatización de YPF no ajustará por tasa de abastecimiento sino por tasa de pobreza. Como lo viene haciendo el intervencionismo estatal en los últimos 60 años.

Veronique de Rugy del Mercatus Center en George Mason University explica aquí (en inglés) por qué la "austeridad fiscal" no significa grandes recortes de gasto en Europa. En este gráfico podemos ver que (1) Francia y Reino Unido simplemente no han reducido el gasto; y, (2) España, Grecia e Italia si lo redujeron pero muy levemente en relación al tamaño de sus presupuestos. Como ven en este gráfico, la realidad es muy distinta a la historia que relatan los titulares de gran parte de la prensa y los políticos.

Austeridad Fiscal

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en EE.UU. otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades  ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisioras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos. 

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel, interrumpen programas televisivos o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede, vale el adjetivo).

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias.

Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos —y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa— considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Argentina) el 10 de abril de 2012.

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