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Al fin, un avance en el TLC con Colombia

Publicado por Daniel Griswold

Sin sorprender a muchos, la administración de Obama anunció ayer que ha logrado un acuerdo con Colombia para abordar las preocupaciones acerca de las protecciones laborales y finalmente avanzar hacia la ratificación del estancado tratado de libre comercio entre nuestros dos países. Esta es una buena noticia para la expansión del comercio y para fortalecer los lazos con un un aliado clave en América Latina.

Se espera que la llegada a Washington a fines de esta semana del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consolide el tratado. A cambio del acuerdo, Colombia ha accedido en aumentar sus esfuerzos para proteger de la violencia a los miembros de sindicatos y enjuiciar a los responsables con más severidad.

Como mi colega Juan Carlos Hidalgo y yo documentamos a principios de este año en un estudio publicado por el Cato Institute, las preocupaciones sobre las protecciones laborales nunca fueron una razón válida para demorar la vigencia de este acuerdo. La tasa de homicidios en Colombia ha disminuido dramáticamente durante la última década y la tasa de asesinatos de trabajadores sindicalizados ha disminuido aún más rápidamente. Un trabajador sindicalizado en Colombia tiene hoy un sexto de la probabilidad de ser víctima de homicidio que la que tiene un ciudadano común que no pertenece a un sindicato. Mientras tanto, el gobierno de Colombia ha aumentado las condenas por homicidios de sindicalistas por un factor de ocho durante los últimos tres años.

Como señalaron esta semana los senadores del Partido Demócrata John Kerry y Max Baucus en un artículo de opinión que respaldaba el acuerdo, la Organización Internacional del Trabajo ha certificado que Colombia está cumpliendo con sus acuerdos internacionales de trabajo.

El obstáculo de la violencia laboral fue sólo una cortina de humo política que había sido utilizada por los dirigentes sindicales en EE.UU., quienes buscaron cualquier argumento para oponerse al tratado. Incluso el acuerdo anunciado no logrará convencer a la Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés). El gobierno de Colombia podría haber resucitado a un centenar de sindicalistas asesinados y los sindicatos estadounidenses todavía hubiesen dicho que no se había hecho lo suficiente.

El avance de esta semana despeja el camino para que el congreso apruebe, con lo que según mis predicciones serán cómodas mayorías bipartidistas, los acuerdos comerciales pendientes con Colombia, Panamá y Corea del Sur.

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