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¿Ola de censura en Centroamérica?

Publicado por Luis Figueroa

"Ya estamos hasta la coronilla", dijo el presidente socialdemócrata guatemalteco, Alvaro Colom, al quejarse de la cobertura periodística que recibe su administración. Colom se quejó de que la cobertura periodística negativa que recibe viene de "la gente que quiere seguir condenado al país al hambre", que es difamatoria, y de que es una estupiedez. En su desespereción, el mandatario chapín amenazó con revivir el delito de desacato, figura anacrónica y dictarorial según la cual quien ofendiere la dignidad, o el decoro, o amenazare, injuraire o calumniare a cualquiera de los presidentes de los Organismos del Estado, sería sancionado con prisión. Con lo que no contaba el Presdiente es con que dicho instrumento de la tiranía, ya había sido declarado inconstitucional, por la Corte de Constitucionalidad en febrero de 2006.

Inconstitucionalidad evidente ya que la norma violaba el derecho a la libertad de expresión, garantizado en la Carta Magna guatemalteca.

Esta no es la primera arremetida socialdemócrata contra la libertad de expresión y contra el derecho de los ciudadanos a criticar y a señalar los errores de los que ejercen el poder público por mandato de la ciudadanía. En septiembre pasado, en busca de censurar los mensajes supuestamente difamatorios que son enviados por medio de correo electrónico, Alvaro Colom anunció que se reuniría con ejecutivos de las empresas telefónicas para que "no autoricen" enviar aquellos mensajes sino hasta que se identifique la procedencia. Colom ciertamente que debe estar hasta la coronilla; porque sólo así se explica tanto desatino, tan impropio de uno que presume de socialdemócrata (o talvez tan propio, si tomamos en cuenta que nacionalsocialismo y socialdemocracia comparten elementos etimológicos). Casualmente, en Nicaragua, Daniel Ortega ha iniciado una persecución contra los que él percibe como sus enemigos: la prensa independiente, sus críticos y todos los que se atreven a desafiar la dictadura que está montando allá. Lo que está haciendo el sandinista (aquel del socialismo nicaraguense de los 80) es cerrar toda oposición en su contra. Y patrones parecidos vemos en las administraciones de Hugo Chávez, y otros de esa calaña. La crítica, la fiscalización y el señalamiento de los errores son funciones informativas básicas de la prensa; pero, ¡más aún!, son derechos indiscutibles de cualquier persona, ciudadano, o tributario individual.  Y, en todo caso, "las personas no deben temer a sus gobiernos, sino que los gobiernos deben temer a las personas".

Alvaro Colom y Daniel Ortega están abriendo puertas peligrosas cuando intentan consolidar sus administraciones mediante el amordazamiento de la prensa y mediante el asfixiamiento de la libertad de expresión de sus ciudadanos y tributarios. Talvez deberían acudir a la persuasión, y a las buenas prácticas de gobierno. Talvez deberían combatir la corrupción que mina su autoridad. Talvez deberían reconocer que les queda grande el traje. O, talvez, están enseñando su verdadero plumaje.

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