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¿Ley fascista contra práctica comunista?

Publicado por Hugo Vera Ojeda

En Paraguay se encuentra en amplio debate el proyecto de ley denominado “de antisecuestro”. Este fue presentado por el Senador del Partido Liberal, Roberto Acevedo y prevé en su parte principal “La prohibición de la libre disposición de todo tipo de bienes de las personas secuestradas y de sus familiares, sólo podrán disponer de los mismos mediante autorización judicial”. Los fundamentos de esta disposición es con el fin de desalentar el secuestro de personas, atendiendo la imposibilidad del pago de los interesados en la victima, en este caso; los familiares mas cercanos.

Los que prácticamente monopolizan en Paraguay el secuestro de personas es el auto-denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), un grupo marxista-guevarista. Es bueno recordar que la modalidad del secuestro no es una práctica exclusiva de la ideología comunista, como tampoco lo son otros delitos como la usurpación de la propiedad privada, la confiscación, la negación de la libertad de expresión y otros. Pero también hay que dejar en claro que sus postulados mandan la utilización del poder despótico para lograr sus objetivos, como bien lo señala el manifiesto comunista, y todas esas tropelías citadas, están totalmente justificadas por principio mismo, pues según creen, es la única forma de destruir al capitalismo.

A pesar de que a boca llena, muchos comunistas acusan a los que están en contra de sus principios de fascistas, como muy comúnmente escuchamos por ejemplo en la boca de Hugo Chávez, ambas corrientes; tanto el fascismo como el comunismo, tienen denominadores comunes y es que el individuo es una simple pieza dentro de sus respectivos esquemas. El primero para fortalecer al Estado y el segundo para hacerlo desaparecer y dar lugar a la comunidad sin clases. En ambos casos, debe notarse claramente que el individuo es solo un medio para llegar a sus respectivos fines. Por otro lado, el individualismo, de postura profundamente humanista, reclama que el ser humano es un fin en si mismo.

Cuando hablamos del proceso de elaboración de leyes, es bueno atender bien los fundamentos que se pretende esgrimir, de modo que dichas leyes sean efectivas al ser humano sin que lo menoscabe. En ese sentido, no debe apuntarse solo a los efectos pretendidos por ellas, que por cierto, siempre serán inciertos por su naturaleza de que rigen para el futuro. Si solo importaran los efectos de la ley, se caería en el simple utilitarismo que rechaza los principios con tal de que, un determinado acto tenga cierta eficacia. Los parámetros para sancionar las leyes deberían ser siempre, la fundamentación en principios como primer paso y seguidamente los alcances y las posibles consecuencias. Estos principios por sobre todo no deben contradecir los valores inherentes del ser humano, pues el utilitarismo es coyuntural y necesariamente pasará por alto ciertas premisas que deberían ser inalienables. En el caso de la ley antisecuestro, pretende, violando los derechos individuales de libre disposición de bienes, llegar a erradicar el secuestro. Es decir, simple y llanamente reduce a la persona a simple medio para llegar a un determinado  fin, rebajándose al nivel de los que intenta combatir que usan a las personas para lograr sus objetivos.

Si los principios fundamentales son violados, por más altruistas o eficaces que puedan parecer los objetivos de la ley, esta queda viciada de toda moral. Y como bien lo señalara Bastiat, la moral y la ley no deben contradecirse, pues se deja al ciudadano solo dos terribles alternativas: perder su sentido moral o perder el respeto por la ley. De todas formas, ni aun a riesgo de ir entregando lentamente estos principios humanistas, se puede tener la seguridad que no se cometerán estos tipos de delitos. Mientras tanto el daño sufrido es brutal y prepara la plataforma para violaciones aun mayores a los derechos fundamentales de las personas. Por ejemplo no se debe fundamentar un procedimiento, sosteniendo que se tendrá menos accidentes si se confiscan los transportes privados o menos periodistas inescrupulosos si se coarta la libertad de expresión, los principios humanistas no lo permiten y nada detendrá a quien los promueva a seguir avanzando en esta práctica con relación a otros derechos.

Finalmente, es importante dejar en claro que la pretendida ley tiene mas de fascista que de comunista, pues, a pesar de que utiliza a la persona como medio, que vimos es común denominador en ambas corrientes, finalmente  busca el fortalecimiento del Estado a través de este método, con el solo objetivo de dar un sensación de seguridad. Intenta a la vez justificar su  ineficacia para erradicar estos tipos de hechos, sosteniendo entre líneas, que el secuestro existe porque existen ricos o la poca importancia que le asigna a los derechos de unos pocos si se pondrá orden al fin y al cabo. Solo que seria bueno recordar, que como ocurrió siempre, esta práctica tarde o temprano hará mella a gran escala y salir de ella al final cuesta más caro. Si realmente el objetivo es erradicar el secuestro como medio de reivindicación o como crimen común, antes que coartar mas libertades, seria bueno ir rompiendo mas cadenas, si no, que nos digan si saben con que frecuencia ocurren estas salvajadas en los países que gozan de altos índices de libertad.

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