Blog Home

¿Cultura o instituciones? A propósito de la tragedia de Haití

Publicado por Andres Mejia-Vergnaud

Me declaro bastante impresionado por la columna de David Brooks en el New York Times en la cual, a raíz de la horrenda tragedia de Haití, Brooks hace una reflexión sobre los determinantes del desarrollo y de la pobreza, y concluye que la verdadera clave del asunto está en la cultura, aunque decirlo sea tocar una fibra sensible.

Por supuesto no estoy en capacidad de decir si Brooks acierta o no; de hecho, no creo que nadie esté en capacidad de decir de manera concluyente cuál es el factor preponderante en el dilema entre desarrollo y pobreza. Y es más: parecería un error metodológico pensar que hay sólo un factor. Pero precisamente esto último es lo que han hecho muchas escuelas de pensamiento: concentrarse en la búsqueda de un factor, una suerte de piedra filosofal del desarrollo. Así, se ha creído que era el capital, el entorno geográfico y climático, e incluso hay que decir que en nuestra órbita liberal también se ha cometido ese error, al pensar, por ejemplo, que la clave del desarrollo se hallaba únicamente en la reforma institucional, o en la privatización total de la economía. Aun cuando la humanidad no sabe mucho sobre esto, creo que al menos sabe algo, y es que cada uno de estos factores tiene algo de contribución, aun cuando en ciertos casos no sea determinante.

Al volver a dar importancia a la cultura se plantea un interesante desafío al pensamiento liberal: ¿cuál es la relación entre cultura e instituciones, y cómo funciona esa relación? El desafío muestra dos caras: la de experimentos casi excelentes de reforma institucional que han fracasado, al parecer por factores culturales, y por otro lado el de circunstancias institucionales que dan lugar a cambios culturales. El enigma podría plantearse como la cuestión de si las instituciones crean cultura, o es la cultura la que determina si las instituciones funcionan. Y de cada lado hay testimonio fáctico. Piénsese en aquellos países donde las privatizaciones terminaron haciéndose dentro de un marco de corrupción y favoritismo que tiene raíces culturales. O piénsese en la Venezuela petrolera, cuya configuración estatal de rentismo creó una cultura generalizada de indolencia.

Creo que lo mejor será abandonar la búsqueda de aquella única y precisa explicación, y aceptar cómodamente  la inevitable maraña de factores explicativos que la realidad parece presentar.

Categorias

Autores

Archivos