Una mirada a 2019

Carlos Rodríguez Braun considera que la economía española se enfrenta a un 2019 lleno de incertidumbres tanto por la desaceleración de la economía alemana y el Brexit como por la incertidumbre generada por las citas electorales del presente año.

Por Carlos Rodríguez Braun

Hay una palabra que se lee cada vez más en los análisis económicos. Es la palabra “suave”. Igual que antes de la crisis, hoy se vuelve a hablar de “ajuste suave” o “aterrizaje suave” de la economía. Pero lo que pasó hace diez años fue cualquier cosa menos suave. Terminó 2018 con señales de advertencia para la economía en general y para varios sectores en particular, como vimos en el número anterior de nuestro periódico. El tiempo transcurrido ha ido consolidando estas señales, tanto en la economía como en la política.

El freno económico no afecta con especial gravedad a España, cuyas cifras son todavía relativamente buenas, y mejores que la media europea. Sin embargo, en Europa tenemos al menos tres frentes abiertos: la desaceleración en la mayor economía de la zona euro: Alemania; la creciente incertidumbre económica y financiera en Italia; y la perdurable incógnita sobre el Brexit. Si todo ello puede ejercer un impacto negativo en la economía española, la situación no invita a demasiadas alegrías mirando más allá de Europa: pensemos en EE.UU. o en China, por su conflicto comercial y por las tensiones que padecen sus economías internas. No es de extrañar, por tanto, que analistas destacados como Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional, ya adviertan que puede llegar una crisis antes de lo que imaginamos.

Analizando la economía desde la política, España afronta un horizonte en 2019 cargado de citas electorales. La clave de las mismas es si el cambio registrado en Andalucía podrá trasladarse fuera de nuestra comunidad autónoma, y qué consecuencias tendría para la economía. Lo fundamental en una situación como la actual es contar con instituciones que faciliten la transición desde un escenario de crecimiento, como el que hemos vivido desde 2013, a uno de desaceleración. Tengamos cautela, aunque más no sea por la antigua regularidad conforme a la cual los políticos prometen bajar los impuestos antes de llegar al Gobierno, pero después no hacen honor a sus promesas. Cuanto más persistan las autoridades en esta actitud, menos suave será nuestro futuro económico.

Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico de Sotogrande (España) el 5 de marzo de 2019.