Una consecuencia no intencionada de la legislación en contra del alza de precios

Ryan Bourne indica que además de profundizar y alargar la escasez de productos altamente demandados en una pandemia, las leyes de control de precios podrían haber provocado una elevación en las infecciones y muertes en las semanas iniciales de la pandemia.

Por Ryan Bourne

Los académicos del Instituto Cato han escrito extensamente acerca de los impactos perjudiciales de las leyes en contra de la elevación de los precios durante las emergencias. Tradicionalmente, nos preocupamos acerca de la escasez continua de productos que resulta de que las alzas de precio en el mercado sean evitadas o suprimidas. Esta consecuencia es probable que sea más marcada durante el COVID-19 que después de las emergencias localizadas y transitorias como los huracanes o apagones. 

Por ejemplo, después de un huracán, las grandes empresas que se podrían beneficiar de un fortalecimiento de su reputación al ser vistas “enviando” insumos de regiones cercanas todavía tienen algo de incentivo de hacerlo. Esto es solo durante un periodo corto de tiempo, después de todo, y aunque todavía podemos suponer que la respuesta de la oferta será más débil que si los precios pudiesen adaptarse, este comportamiento mitigaría en algo el problema inmediato. 

En una pandemia global indefinida, como aquella que enfrentamos en la primavera de 2020, no hay un “lugar alternativo” obvio desde el cual trasladar la oferta. Además, la emergencia dura mucho más —cambiando los patrones de la demanda de manera semi-permanente. Por lo tanto, suprimir las señales de precios mediante la legislación en contra de las alzas de precios es probable que tenga efectos mayores y de plazo más largo en términos de la demanda no satisfecha. Esta es una cuestión explorada en mi próximo libro, Economics In One Virus

Pero, ¿podría haber otra consecuencia más letal de estas leyes de control de precios durante una pandemia? Esa posibilidad está respaldada por los resultados de un intrigante estudio nuevo elaborado por Rik Chakraborti y Gavin Roberts (agradezco la referencia a Pierre Lemieux). 

Los autores postulan la hipótesis de que los estados que invocaron o introdujeron leyes de control de precios durante la pandemia del COVID-19 provocarían que los consumidores realicen mayores esfuerzos para buscar los productos debido a las perchas vacías que las leyes atrincheran. En una pandemia, esto podría significar un mayor contacto social conforme ciertos compradores visitan más tiendas buscando, por ejemplo, el antibacterial de manos o papel higiénico, por lo tanto arriesgándose a que se de una mayor propagación de la enfermedad y, últimamente, una mayor cantidad de muertes (Recuerde, las mascarillas eran algo menos utilizado en ese entonces). 

Los economistas utilizan los datos de ubicación de los celulares, junto con la variación por estado acerca de cuando las leyes de control de precios fueron activadas, y una serie de variables de control incluyendo la densidad poblacional, las regulaciones de cuarentenas, entre otras, para tratar de identificar el impacto de las leyes de control de precios sobre le contacto humano en los establecimientos de comercio en marzo e inicios de abril. Ellos encuentran que los estados donde las leyes en contra de las alzas de precios fueron activadas vieron que los contactos sociales individuales aumentaron en al menos en un 3,3 otros dispositivos móviles al día. Ellos combinan estos resultados con información sobre casos y muertes rezagados para sugerir que la legislación podría haber explicado 25 por ciento del promedio de muertes diarias de los estados en abril. 

Obviamente, aquí hay muchas incertidumbres aquí, sucediendo muchas otras cosas, lo cual posiblemente sesga las magnitudes de sus estimaciones. Por ejemplo, sus regresiones implican que las cuarentenas no reducen significativamente los contactos sociales. Aunque puede que estas hayan tenido un impacto menor en aquellos días tempranos considerando que mucha gente decidió voluntariamente quedarse en casa de todas maneras, eso parece poco probable, al menos al margen. Los investigadores son cuidadosos de controlar los efectos específicos para cada estado, aunque es posible que haya algún factor adicional que explique algo del alza en el riesgo. 

Pero el hecho de que los precios de productos “esenciales” no hayan subido bien puede haber causado que otros participen en una búsqueda afanosa en varias tiendas para tratar obtenerlos. Considerando que EE.UU. estaba en una fase de “crecimiento exponencial” de los casos del COVID-19, los esfuerzos tempranos de búsqueda que elevaron las infecciones podrían haber causado impactos importantes sobre las muertes durante un buen número de semanas posteriores. 

Si, incluso sin las leyes de control de precios y con las tiendas (usualmente más pequeñas) subiendo los precios, tardaría un tiempo eliminar la escasez, conforme los proveedores aumentan la producción, inducidos por un incentivo más poderoso. Pero recuerde, los precios más altos también disminuyen la cantidad demandada —de manera que las leyes en contra de las alzas de precios bien podrían haber causado que algunas personas compren de más o acaparen, dejando a otros, quienes realmente valoraban obtener los productos, participando en una cacería de gansos salvajes en pleno COVID-19 mientras buscaban los ítems que deseaban. 

Se requieren más investigaciones, pero incluso si el efecto estimado está exagerado, la dirección ciertamente es intuitiva, provocando otra crítica de las leyes de controles de precio en una pandemia.

Para leer más acerca de las leyes sobre precios y en contra del alza de los mismos, ver mi próximo libro Economics In One Virus y mi estudio para la serie Pandemics and Policy “Abolish Price and Wage Controls”.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 23 de marzo de 2021.