Un triunfo del gobierno, del estado y sus bufones

Víctor Pavón comenta la reforma tributaria aprobada recientemente en el congreso paraguayo.

Por Víctor Pavón

Se aprobó en ambas Cámaras del Congreso la reforma ("deforma") tributaria. Suponíamos que esto ocurriría puesto que la idea predominante entre los políticos y técnicos es la sobrevaloración del poder sobre las decisiones voluntarias de las personas.

El tema tributario, es preciso insistir y reiterar, consiste en anteponer al poder sobre la propiedad y la libertad de los individuos. Más importante aún, con esta aprobación no solo se ha dado el triunfo del gobierno de Abdo Benítez que propició dicha medida desde el Ministerio de Hacienda, sino también ha sido un triunfo de la coerción, del control, del hostigamiento, en síntesis, del "espionaje" y el "robo" legalizado que nuevamente coloca al Estado en el centro de la sociedad cuando que es el individuo el que debiera ocupar ese sitial.

Afirmo e insisto en lo de "espionaje" y robo "legalizado" porque a partir de ahora se incrementarán el control sobre los ciudadanos por parte de la Subsecretaria de Estado de Tributación (SET) que tiene con esta legislación (y esto apenas es el comienzo) la autorización de escarbar en la vida privada de la gente para ver cuánto gana, cómo y en qué gasta su dinero, convirtiendo al contribuyente en un potencial delincuente y para peor, recae sobre el contribuyente la carga de la prueba para probar su inocencia.

Estamos, por tanto, no solo ante el triunfo del actual gobierno y de sus bufones y pusilánimes defensores, sino también ante el triunfo del Estado que ahora más cómodamente sentado en su pedestal se dispone a romper y violar los sagrados derechos instituidos por nuestro Creador, la vida, la libertad y la propiedad.

Para aquellos que menosprecian la actividad política, me permito hacer solo dos preguntas sencillas: ¿Es o no necesario evitar un mayor avance del estatismo socializante a través de una resistencia frontal, en las calles, aulas y medios de comunicación? ¿Es o no necesario ante este nuevo avance de las fuerzas del mal la existencia de un sector, movimiento o partido que defienda a las personas, a ese hombre y mujer común de la calle a quien nadie hoy representa, en su integridad moral, la vida, la libertad y la propiedad?