Un espejo para presidentes

Manuel Hinds señala los múltiples ejemplos, siendo el de Rafael Correa el más reciente, de presidentes que pensaron que su poder duraría para siempre y que luego les tocó pagar de una u otra forma por haber violado los límites a su poder.

Por Manuel Hinds

El lunes la justicia ecuatoriana confirmó una condena a 8 años de prisión al expresidente Rafael Correa, por actos de corrupción. La noticia llama a la reflexión sobre los cambios que da la vida, sobre la ebriedad que produce el poder y sobre cómo dicha ebriedad conduce a su pérdida. La historia es la misma de siempre. La fortuna sonríe a un político, que cree que esa sonrisa se debe a su propio genio y que por tanto es permanente, y, poco a poco, se va convenciendo de que el pueblo lo va a apoyar siempre, sin importar lo que haga, y abusa del poder con cada vez más prepotencia, hasta que un día descubre que esos abusos y las traiciones de sus secuaces más cercanos y los malos resultados de sus gestiones le han quitado el apoyo popular, y que lo que él creía que iba a ser un enamoramiento permanente del pueblo se ha extinguido.

Es sorprendente ver cuántos caen en esta trampa a pesar de que sus peligros están a la vista. Correa es sólo el más reciente de los expresidentes latinoamericanos que, después de haberse considerado imbatibles por su alta popularidad, han caído abismalmente: Lula, Dilma Rousseff, Evo Morales, Ricardo Martinelli, Tony Saca, Mauricio Funes, Alejandro Toledo y Alan García. Varios de ellos están en la cárcel, o han sido sacados del poder (como Dilma Rousseff y Evo Morales), o están huyendo de la justicia. Alan García se suicidó cuando iba a ser capturado. Otros, como Nicolás Maduro y Daniel Ortega, se han vuelto cautivos de las fuerzas militares que los mantienen en el poder. Ninguno de estos caudillos ha salido bien.

Todos ellos creyeron que la popularidad y el poder iban a durar para siempre, y que por eso podían hacer lo que le diera la gana, violar todas las leyes que quisieran y humillar y aplastar a cuantos quisieran. Con esto no solo ignoraron dos verdades muy importantes: que la caída siempre llega, y que es más grande y desastrosa mientras más lleno de soberbia ha sido el comportamiento durante la subida. Eventualmente han comprendido estas dos cosas, pero para todos ellos, bastante tarde, y para varios de ellos, demasiado tarde. Mientras la lista se va haciendo más larga, es natural preguntarse: ¿Cómo es que cada uno de ellos, viendo lo que le estaba pasando a tanto colega, creyeron que a ellos nunca les pasaría?

En El Salvador, el presidente está en la etapa más peligrosa del ciclo, en la que todo parece ir para arriba, y en la que por eso el poder se sube a la cabeza y la prepotencia se desparrama en todas las dimensiones del comportamiento. En este momento, sintiéndose omnipotente, está cometiendo graves errores y abusos que después van a regresar a presentarle una factura muy elevada: creer que a la gente no le va a importar el mal manejo de la pandemia, el colapso económico mucho más fuerte que en el resto de la región, la negativa a tomar en serio las múltiples acusaciones de corrupción, la entrega del poder al ejército, que puede ser lo que más lo acerque a la pérdida real del poder, sus atentados contra la libertad de prensa y otros derechos constitucionales, el empeoramiento cada vez más perceptible de su imagen en el extranjero, incluyendo en Estados Unidos, la decepción que expresan los hermanos lejanos y el impacto devastador de las acusaciones de diálogos con las pandillas. Todas estas cosas matan la popularidad, y la efímera protección que ella brinda. Como todas esas llamaradas que maravillan a la gente, viene fácil, y se va fácil.

Para mientras, hay una cita de Boethius, un filósofo romano, que el presidente debería leer. En ella la Diosa Fortuna le dice al filósofo, que está esperando que lo ejecuten por acusaciones de abuso de poder:

“La inconstancia es mi pura esencia; es el juego que nunca ceso de jugar mientras giro mi rueda en su siempre cambiante círculo, sintiéndome llena de alegría mientras llevo lo que está en el tope al fondo, y lo que está en el fondo al tope. Sí, sube en el lado ascendiente de mi rueda si así quieres, pero no cuentes como una injuria cuando con la misma lógica tú comiences a caer, como las reglas del juego van a requerir”.

Hay muchos expresidentes que quisieran haberla leído y aprendido.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 11 de septiembre de 2020.