Un año después del asesinato de Charlie Kirk, seguimos en una crisis del sentido de importancia
Erec Smith dice que la crisis de violencia política en Estados Unidos podría ser el resultado de una crisis más profunda del sentido de importancia.
Por Erec Smith
Tras el asesinato de Charle Kirk hace un año, me uní a muchas otras personas para condenar el tiroteo como un acto abominable y contrario a la sociedad civil. En un intento por extraer una lección de esta tragedia, sugerí enfocarnos más en las habilidades de escucha activa, las técnicas retóricas y la humildad intelectual. Sigo creyendo que esas cosas son importantes, pero solo abordan una parte del problema: incluso las personas que cuentan con esas habilidades tropiezan al intentar dialogar más allá de las diferencias.
La violencia ha llenado el vacío dejado por el fracaso del diálogo, pero ese vacío no es meramente retórico. Mis años como estudioso de la retórica, mis experiencias al dialogar con quienes discrepan vehementemente de mí, mi participación en iniciativas de participación ciudadana y mi labor como educador me han llevado a esta conclusión: el diálogo no le importa a quienes están convencidos de que ellos mismos no importan.
Estamos en una crisis del sentido de importancia. Los sentimientos de soledad, impotencia política y baja autoestima parecen estar aumentando. Esos sentimientos pueden eclipsar la mera posibilidad de que alguien se sienta escuchado, respetado y dotado de un sentido de importancia.
La crisis de violencia política en Estados Unidos podría ser el resultado de una crisis más profunda del sentido de importancia.
Los psicólogos sociales definen el sentido de importancia como la percepción de que marcamos una diferencia en el mundo que nos rodea. En general, los académicos coinciden en que el sentido de importancia se deriva de la capacidad percibida de sentirse valorado o de aportar valor. Quienes no se sienten valorados ni creen que puedan aportar valor sufren de lo que el psicólogo Gordon Flett denomina "anti-importancia": la convicción internalizada de que uno es invisible e insignificante. Una persona que experimenta la "anti-importancia" puede llegar a creer que no vale la pena escucharla.
Lamentablemente, las personas que carecen de un sentido de importancia suelen llegar a la conclusión de que la violencia puede proporcionar una forma de empoderamiento, aunque sea falso. En 2025, el Instituto para el Diálogo Estratégico identificó 74 ataques violentos y complots de violencia frustrados en Estados Unidos, lo que representa un aumento del 27 por ciento con respecto al año anterior. Un año después del asesinato de Kirk, una encuesta reciente informa que, cuando se les pidió identificar “la mayor amenaza para la seguridad de los estadounidenses comunes”, el 33 por ciento eligió “el terrorismo interno” y el 42 por ciento, los actos de violencia aleatorios (por ejemplo, tiroteos masivos), mientras que solo el 20 por ciento identificó amenazas extranjeras. En vísperas del 25.º aniversario del 11 de septiembre, esas cifras son impactantes. La violencia sigue siendo relativamente poco frecuente, pero una minoría significativa la considera justificable para alcanzar ciertos objetivos políticos, una proporción que aumentó ligeramente de 2024 a 2025.
La soledad y la alienación, para ser claros, no necesariamente vuelven a alguien violento, pero las investigaciones sobre la radicalización interna sugieren cómo pueden volverse peligrosas. Los investigadores han descubierto que las pérdidas económicas y sociales significativas predecían la violencia entre los autores de delitos motivados ideológicamente. La teoría de la búsqueda de significado explica el proceso que interviene: una necesidad personal de significado se encuentra con una narrativa ideológica que presenta la violencia como algo significativo y con una red social dispuesta a reconocer y aplaudir las acciones del autor. La violencia se convierte entonces en un método perverso de agregar valor. Las palabras pueden ignorarse. Las balas, sin embargo, tienen una forma de exigir nuestra atención.
El sentido de pertenencia, entonces, debería ser un tema central de conversación para quienes desean y creen en la sociedad civil. Si la violencia les ofrece a las personas marginadas una forma de sentirse poderosas, de sentir que importan, entonces el discurso civil debe ofrecer algo mejor. Debe ofrecer el poder de actuar sin dominar, de importarle a alguien sin crearse enemigos y de ser escuchado sin hacer desaparecer a los demás.
Pero, ¿cómo lo hacemos?
Han surgido organizaciones que intentan responder a esa pregunta. La Iniciativa Mattering de la Universidad de Harvard cree que cuando los estudiantes tienen un fuerte sentido de ser importantes, "profundizan sus conexiones, tienen un sentido de significado y propósito, y son menos propensos a experimentar soledad, ansiedad y depresión". Esta iniciativa surgió en colaboración con el Movimiento Mattering, una organización sin fines de lucro fundada por la académica Sarah Bennison y la periodista Jennifer Wallace. Bennison ha fundado Mattering in Action, que traslada la investigación sobre la sensación de importancia a planes de estudio concretos, kits de herramientas para docentes e iniciativas en los campus, mientras que Wallace ha fundado el Mattering Institute, que ofrece capacitación en liderazgo y "auditorías de importancia" para diversos tipos de organizaciones. Zach Mercurio, autor de The Power of Mattering, imparte clases y talleres sobre cómo inculcar la sensación de importancia en la cultura laboral.
Se está trabajando en el concepto de "mattering", pero aún no se ha aplicado específicamente para prevenir la violencia política. Esto debe cambiar. Debemos considerar el "mattering" o sentido de importancia como un programa cívico y de prevención de la violencia. Organizaciones como Braver Angels e iniciativas como el Proyecto Beacon están relacionadas con este tema; buscan promover el diálogo para prevenir la violencia. Pero para promover el diálogo, necesitamos promover el "mattering".
El "sentirse importante" tal vez no sea una panacea. Después de todo, ninguna iniciativa en este sentido puede prevenir todos los actos violentos. Sin embargo, si nuestra respuesta a la violencia política consiste únicamente en condenar el asesinato y enseñar habilidades retóricas, dejamos sin abordar un problema más profundo. Cuando el diálogo falla, la respuesta no es simplemente hablar mejor, sino la creación de una sociedad civil en la que el discurso ofrezca a las personas una sensación genuina de que son importantes. El discurso civil requiere ciudadanos que crean que son importantes. Ayudar a las personas a adquirir esa convicción es el siguiente paso para prevenir tragedias como el asesinato de Charlie Kirk.
Este artículo fue publicado originalmente en Inside Higher ED (Estados Unidos) el 10 de septiembre de 2026.