Trump se equivoca con su agresividad comercial hacia China

Simon Lester considera que la estrategia de levantar aranceles unilaterales a las importaciones chinas no es la única alternativa disponible ni la que tenga más probabilidades de resultar en un comercio más libre entre EE.UU. y China.

Por Simon Lester

El presidente Donald Trump parece pensar que se encuentra en una medio de una dura negociación con China y hablar firmemente constituye una parte elemental de esta. Sus tweets matutinos incluyen, a menudo, punzadas dirigidas a China y tiene un grupo bipartidista de legisladores que lo apoyan. 

El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer (Demócrata en representación de Nueva York), ha instado a Trump a “mantenerse firme con China”, ya que “la fuerza es la única manera de ganar”.

Asimismo, el senador republicano Lindsey Graham le ha afirmado al presidente, “¡Estamos contigo!”

La dureza tiene sus méritos, pero también sus límites. Los famosos bandidos Butch Cassidy y Sundance Kid fueron indudablemente firmes y fuertes al salir de su escondite y comenzar a dispararle a los soldados bolivianos que los rodeaban. Sin embargo, a veces es preferible buscar estrategias inteligentes en lugar de fuertes.

Desafortunadamente, el enfoque de Trump hacia la cuestión del comercio con China es fuerte y es altamente improbable que sea efectivo. Este depende exclusivamente de aranceles unilaterales, por lo cual cualquier acuerdo que se logre no será el mejor acuerdo posible. En lugar de motivarle a presentarse con un arsenal cargado, los miembros del Congreso deberían promover una estrategia que daría mejores resultados: cooperar con aliados para ejercer más presión sobre China.

Existe una consenso generalizado alrededor del mundo de que China emplea prácticas comerciales proteccionistas y problemáticas: no logra proteger adecuadamente la propiedad intelectual; mantiene aranceles altos; impone restricciones a la inversión extranjera; obliga a los inversionistas extranjeros a transferir tecnología a sus socios en empresas conjuntas; subsidia las industrias; tiene empresas estatales que compiten de manera injusta; y prácticas regulatorias no transparentes que pueden utilizarse para discriminar contra empresas extranjeras.

El único debate es qué hacer al respecto. La administración de Trump ha elegido actuar en solitario, imponiendo aranceles a China de maneras que violentan las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La administración de Trump cree que estos aranceles han “forzado a China a sentarse a negociar”, sin embargo, este es una concepción equivocada, ya que la administración de Obama ya se encontraba en medio de su propia negociación acerca de las inversiones con China (las cuales la administración de Trump parece haber abandonado).

Dejando a un lado esta cuestión, el único resultado de los aranceles impuestos por Trump ha sido causar un perjuicio económico en ambos países, ya que China ha tomado represalias con sus propios aranceles: los consumidores en ambos países pagan precios más altos, y varios productores en ambos países se ven afectados ya que sus exportaciones se encuentran, repentinamente, en desventaja.

La administración ha convencido a varias personas en Washington que los aranceles fueron medidas de última instancia ya que ningún otro enfoque ha dado resultados con China. No obstante, este argumento de la Administración es erróneo. De hecho, hay mejores opciones que no se han intentado todavía.

El primer cambio importante en cuanto a la estrategia es confrontar a China a través de un esfuerzo coordinado. Los europeos, canadienses, mexicanos, japoneses, brasileños, y muchos otros, están preocupados acerca de las prácticas comerciales de China. La administración debería de acercarse a sus aliados y trabajar juntos. 

Un elemento clave de dicho esfuerzo coordinado es remover los aranceles y las cuotas impuestas a estos aliados bajo el estatuto "Sección 232", aparentemente adoptado por cuestiones de “seguridad nacional”, pero generalmente reconocido como una simple medida proteccionista. Estos países están menos inclinados a trabajar con nosotros frente a China si los continuamos estamos atacando comercialmente a ellos también. La administración de Trump ha removido los aranceles en las importaciones de bienes provenientes solo de Canadá y México. Sin embargo, los aranceles hacia las importaciones de otros países se mantienen.

Después de organizar dicho esfuerzo grupal, EE.UU. y sus aliados deben adoptar un doble enfoque: denunciar a China ante la OMC, utilizando las varias provisiones que aplican (China tiene más obligaciones que la mayoría de los países, fijadas en los términos de su incorporación a la OMC), y negociar nuevas reglas en un acuerdo multilateral con China.

Un aspecto importante de la negociación es que EE.UU. y sus aliados deben de estar dispuestos a conceder algo. Un acuerdo desequilibrado es difícil de aceptar para cualquier país, específicamente en el caso de China, dada su historia de tratados desiguales con países del oeste. Por ejemplo, a cambio de que China reduzca sus aranceles, EE.UU. y sus aliados podrían acordar abandonar el método de cálculo especial (más oneroso) utilizado para China y algunos otros países para definir los derechos anti-dumping.

Aparte de las negociaciones con China, EE.UU. debería de negociar la liberalización del comercio directamente con estos socios comerciales también. Los acuerdos comerciales preferenciales que resulten pondrían a China en una situación de desventaja y la presionarían para que se liberalice. Los aranceles unilaterales han llevado a los aranceles chinos en respuesta, pero la liberalización arancelaria podría presionar a China para que prosiga con su propia liberalización para no estar en desventaja.

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión impulsada por la administración de Obama son ejemplos de lo antes mencionado. Hasta el momento, sin embargo, la administración de Trump se ha dedicado a retocar los tratados de comercio existentes. Enfatizar la nueva liberalización de este tipo tendría sus propios beneficios, pero también sería útil para fomentar un acuerdo con China.

Si nada de lo anterior funciona, medidas fuertes –un frente unificado imponiendo aranceles a China o una discusión sobre si China debe pertenecer a la OMC– son apropiadas. Pero el enfoque de la administración de Trump ha ignorado o quebrantado estas opciones más inteligentes. El primer paso es abandonar el actual enfoque defectuoso, que solamente ha producido aranceles en ambas direcciones.

Es posible impulsar a China en la dirección de reformación. Hay que pensar en el progreso adquirido desde 1978. Pero no habrá reforma en China con una política comercial que impone aranceles a todos los socios comerciales de EE.UU. y convierte a nuestros aliados en enemigos. 

Este artículo fue publicado originalmente en Fox News Channel (EE.UU.) el 30 de mayo de 2019.