Tres herejías sobre PISA
Carlos Rodríguez Braun sostiene que los malos resultados del informe PISA no son culpa de la tecnología, ni de los alumnos, ni del escaso gasto público.
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Me acuso de tres pecados de lesa pedagogía progre. Mi triple herejía consiste en sostener que los malos resultados del informe PISA no son culpa de la tecnología, ni de los alumnos, ni del escaso gasto público.
El viejo truco de la máquina endemoniada tampoco funciona en la educación. Una cosa es la obviedad de que los alumnos utilizan medios técnicos más que nunca, y otra cosa es concluir que los móviles o las tabletas explican que estudien peor que antes. De hecho, el propio informe destaca que no existe una relación causa-efecto entre ambas cosas, y hay países donde el empleo de ordenadores y hasta de la inteligencia artificial es tan intenso como elevada es su posición en dicho ranking de la OCDE.
En vez de echar mano del milenario ardid de despotricar contra la juventud descarriada, convendría que, si los estudiantes se distraen en clase con artilugios técnicos, los mayores, y en especial los profesores, pensáramos en el ambiente educativo y en los incentivos que el contexto social, institucional y político brindan a los jóvenes. Y esto nos lleva a la tercera herejía.
Pedro Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, acusó a la derecha de todos los males, de los que él es inocente, porque ha aumentado el gasto público en educación en vez de los "recortes" del PP.
Pero el gasto no determina los resultados educativos. Apuntó Benito Arruñada en The Objective que el sueldo de los maestros españoles de primaria es un 25 por ciento superior a la media de la Unión Europea; "España tiene además menos días de instrucción y una ratio de alumnos por profesor menor que la media de la OCDE".
Por fin, y aunque la responsabilidad principal recae en unas autoridades que han inyectado estímulos perversos a relajar tanto el esfuerzo y la disciplina de los alumnos como la formación de los profesores, tampoco los ciudadanos estamos libres de culpa. Después de todo, y aunque sea inconfesable, muchos comparten el buenismo de "no dejar a nadie atrás" y, como dice Arruñada, "un sistema cómodo, que entregue títulos aunque no se aprueben los exámenes y no distinga al que sabe del que no sabe".
Cabría incursionar en otras incorrecciones políticas, como que no es un problema de alumnos ricos o pobres, nativos o inmigrantes, etc. Pero tres herejías son suficientes por hoy.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 13 de septiembre de 2026.