¿Tiene sentido la cuarentena total?

Manuel Hinds indica que el peor escenario sería quedarse con una población que no está inmunizada de tal forma que un solo portador del virus podría retroceder al país entero a la misma situación que ha sufrido estos meses.

Por Manuel Hinds

Los diputados están discutiendo si es conveniente o no establecer un Estado de Sitio en el país en los próximos quince días, pensando que esa es la mejor estrategia para proteger a la población contra el coronavirus. Esto no es cierto.

El objetivo del gobierno debería ser eliminar la amenaza del coronavirus en el sentido de adquirir inmunidad a ella o la capacidad de curarla, de tal forma que la sociedad pueda vivir normalmente aunque el virus esté presente. La cuarentena no ayuda ni a generar defensas ni a curar la enfermedad. Sólo evita el contagio. Esa ayuda, por supuesto, es sólo temporal porque el virus siempre se mantiene allí, y cuando la cuarentena se acaba, vuelve a atacar con la misma virulencia que al principio. Es decir, el aislamiento sólo sería efectivo en eliminar la amenaza del coronavirus si se pudiera mantener para siempre. Si no, se convierte en una supuesta solución que no es solución porque cada vez que se quiere quitar se genera otra vez el problema que se ha querido solucionar. Y es claro que una cuarentena no puede ser infinita, ni siquiera muy larga porque no hay cómo mantenerla.

Por eso, la adaptación a la presencia del virus requiere lo que llaman la inmunidad colectiva, que es la inmunidad que una sociedad adquiere cuando un porcentaje alto de su población (60%) se ha vuelto inmune, sea porque se ha vacunado, o porque les ha dado la enfermedad. Cuando la inmunidad del grupo es alta, la probabilidad de que le dé la enfermedad a alguien que no está inmunizado es bien baja, tan baja que no existen las condiciones para que el virus se vuelva a convertir en una epidemia.

Por eso mismo, la política ideal es aislar sólo a los que tienen coronavirus y a los que son vulnerables a él: los viejos y los que tienen problemas de salud preexistentes. El resto puede exponerse al riesgo de contagio, con riesgos a su vida mucho más bajos que la gripe para que, en el proceso, logren inmunidad personal y grupal. Esto es lo que han hecho los países más exitosos en esta pandemia, tales como Suecia, Singapur, Austria, Islandia y similares. Siguiendo estos procedimientos, muchos países, incluyendo EE.UU., y varios en Europa y Asia, que han tenido cuarentenas, están ya comenzando a abrir sus sociedades, aun sabiendo que todavía habrá contagios.

Saben que lo peor sería quedarse con una población que no está inmunizada, de tal forma que el primer portador de coronavirus que arribe a su país los tiraría otra vez a la misma situación que han sufrido en estos meses. Esta falta de defensas es lo que mató a los indígenas en América Latina cuando llegaron los europeos y les contagiaron muchas enfermedades que en Europa ya no eran mortales por la inmunidad colectiva, pero sí en el continente americano, en donde la población no había desarrollado defensas. Este es el riesgo que nosotros correríamos si pretendemos seguir manteniendo a toda la población en cuarentena, aislada del resto del mundo y entre sí.

Por supuesto, para aplicar esta estrategia se necesita hacer muchos tests para separar a los que tienen coronavirus y los que no lo tienen pero que tienen un factor de riesgo de edad o de condición preexistente. Estos dos grupos se mandan a cuarentena domiciliar. Los hospitales se dejan para los que tiene síntomas graves y necesita ayuda para sobrevivir. Los que ya lo tuvieron están ya inmunes. Por supuesto, también, es necesario establecer protocolos estrictos para establecer distancias sociales, de tal manera que las inevitables infecciones se den más lentamente y sean más manejables. Este sistema no solo es más costeable. Es más efectivo.

Siguiendo la estrategia del Estado de Sitio, no se va a contribuir a la cura del coronavirus, que inevitablemente le dará a la mayoría de los salvadoreños. Nos va a dejar en la misma situación vulnerable de ahora. Si en vez de seguir esa estrategia, se va desmontando gradual, inteligentemente la cuarentena, se iría estableciendo poco a poco la inmunidad de grupo con los que tienen menos riesgo en la sociedad, tal y como lo están haciendo Suecia, Singapur, Nueva Zelanda y otros países exitosos en su tratamiento de la crisis.

Basados en estas realidades, los diputados deben cuestionar la idea de poner todavía más estrictas las reglas de la política de aislamiento, no sólo porque son violatorias de los derechos humanos y del Estado democrático y el imperio del derecho, sino porque no son modernas y efectivas, y no resuelven el problema que el gobierno debería resolver: eliminar la amenaza del coronavirus, de tal forma que la sociedad pueda vivir normalmente aunque el virus esté presente. El aislamiento no ayuda para este objetivo. Antes de meter al país en un callejón sin salida, es mejor voltear a ver al mundo y adoptar políticas más modernas y efectivas. Se lo deben al pueblo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 2 de mayo de 2020.