Suprema Corte y elecciones en EE.UU.

Manuel Suárez-Mier comenta la batalla política en Washington por la vacante en la Suprema Corte de Justicia.

Por Manuel Suárez-Mier

El deceso de Ruth Bader Ginsburg, juez de la Suprema Corte de Justicia de EE.UU., resultó una bomba política al ocurrir a solo seis semanas de las elecciones que elegirán al presidente, a la totalidad de los diputados y a la tercera parte de un Senado en el que su liderazgo podría cambiar de partido.

Hay consenso entre los expertos que esto influirá de forma importante en el resultado de las elecciones, aunque predeciblemente no hay acuerdo si será a favor de Trump y sus republicanos, o en contra, lo que dependerá de cómo se maneje el asunto, que el presidente quiere acelerar al máximo posible.

Trump debe nominar un candidato para ocupar la vacante, candidatura que tendrá que ser aprobada por una mayoría simple en el pleno del Senado, después de pasar por el escrutinio del Comité de la Judicatura. Esto representa un cambio crucial en la responsabilidad del Senado, que empezó a cambiar en 2013.

Hasta entonces, se requería de una mayoría calificada de 60 votos a favor de los 100 miembros que integran el Senado, lo que cambió a iniciativa del entonces líder de la cámara alta, Harry Reid (Demócrata, Nevada) –un cínico que definió a su estado como fronterizo– para nominaciones judiciales y del Poder Ejecutivo.

Por supuesto que cuando los republicanos tomaron control del Senado y se presentó la primera vacante para la Suprema Corte, aplicaron la “opción nuclear” como se llamó a la iniciativa de Reid, y en lo que va del mandato de Trump se ha aprobado a dos nuevos miembros de la Corte con este procedimiento.

Una de esas vacantes se presentó cuando aún era presidente Barack Obama, pero el Senado, a la sazón ya controlado por los republicanos, se negó siquiera a agendar audiencias para analizar la candidatura presentada 100 días antes de la elección, alegando que debiera ser una decisión para el próximo presidente.

Hoy esos mismos senadores, a escasos 38 días de la elección y sin la menor pena por su flagrante hipocresía, afirman que las condiciones ya cambiaron y que van a aprobar al candidato que nomine Trump a la mayor brevedad y antes de la elección y de la instalación del nuevo Senado en enero.

Está por verse cómo resulta este juego, pues la base que apoya a Trump, a quienes Hillary Clinton llamó hace 4 años los “deplorables” con tino descriptivo pero poco colmillo político, clama por una Suprema Corte que prohíba el aborto como su prioridad, aunque el 75% de los votantes rechace tal propuesta.

La ilusión de hallar a 4 senadores republicanos que se opusieran al candidato de Trump pareció esfumarse cuando Mitt Romney, uno de los legisladores más críticos del presidente, afirmó que apoyaría su nominación, con lo que tienen los votos, aun sin el del vicepresidente quien preside el Senado ex-oficio.

Si Trump y sus secuaces se salen con la suya, ya sea habla entre los demócratas de la urgencia de ganar la mayoría del Senado para ampliar el número de jueces en la Corte de los 9 que son ahora a 13, con el fin de restaurar el equilibrio ideológico.

Ya veremos qué pasa.

Este artículo fue publicado originalmente en Asuntos Capitales (EE.UU.) el 29 de septiembre de 2020.