Sin reformas no habrá progreso

Víctor Pavón señala que el endeudamiento público no es el camino hacia la prosperidad, la cual más bien depende de que se realicen reformas de fondo para que haya un mayor nivel de libertad económica.

Por Víctor Pavón

El gobierno ha puesto toda su atención en el endeudamiento público como su política económica relevante. Y si bien ha logrado una importante estabilidad macroeconómica, la misma no es suficiente para la creación de más y mejores empleos productivos, elevar los salarios y las utilidades empresariales.

El pago de la deuda en tiempo y forma no depende de nuevos empréstitos para contar con finanzas sanas. Los desembolsos de dinero a los acreedores están supeditados a la economía privada porque es la que crea la riqueza del país, mediante la producción y el aumento de la productividad, todo lo cual genera los ingresos al fisco.

Y como todavía siguen postergadas las reformas de fondo —que ya no se harán por el fuerte tiempo electoral— la economía se verá afectada por el endeudamiento cuyo sustrato técnico se encuentra en el multiplicador keynesiano.

Habiendo correctamente desactivada la emisión inorgánica de dinero que acarrea inflación, el gobierno apeló a otra fuente de financiamiento mediante dicho multiplicador que, sin reformas para que la economía privada crezca sostenidamente, llevará al país a una espiral de nuevas deudas que podrían luego erosionar la misma estabilidad macroeconómica, puesto que sin recursos genuinos se tendrá que apelar necesariamente a afectar la moneda por medio de la intervención del Banco Central.

Una economía pujante y vigorosa no ocurre por acto de magia ni por endeudamientos. Lo que se requiere es libertad económica mediante reformas de fondo. Es el único modo de modificar la arcaica estructura burocrática de un Estado que todavía sigue siendo grande y excesivamente ineficiente y débil para cumplir con su rol constitucional de resguardar la seguridad de la población.

Entre las reformas que no se han llevado a cabo están en las empresas estatales mediante la privatización de las mismas, de modo a aliviar las cuentas fiscales y la deuda interna que terminan por cubrir los déficits, la ineficiencia y dar cabida a los leales del gobierno de turno. Tampoco se ha avanzado —y de esto tiene responsabilidad también el Congreso por su facultad legislativa— en la modificación de la legislación laboral mediante un programa de desregulación de modo a que el costo de contratación no siga siendo una barrera para la creación de más y mejores fuentes de trabajo.

Sin estas y otras reformas, la economía del país no podrá crecer de manera sostenida y menos aún pagar las cuentas del presente endeudamiento.