¿Sin enemigos a la derecha?

David Boaz recuerda cómo William F. Buckley Jr. trató de mantener al movimiento conservador que fundó lejos de los extremistas, intolerantes, anti-semitas y racistas, práctica sana que los conservadores actuales parecen haber olvidado.

Por David Boaz

Los conservadores desde hace mucho han criticado a los progresistas por lo que ven como la política de “no tenemos enemigos hacia la izquierda”. Esto es, ellos decían, que los progresistas puede que no sean socialistas, comunistas, o revolucionarios, pero evitan criticar a dichas personas.

Y tienen razón. El Washington Post ha mencionado a Angela Davis en varios artículos este año, siempre describiéndola como una “activista” y no como una longeva líder del Partido Comunista. Davis ha recibido muchos premios por su supuesto activismo de derechos humanos y en torno al medio ambiente —incluyendo el Premio Lenin por la Paz de la Unión Soviética, llamado el Premio Stalin hasta 1957.

El Senador Bernie Sanders dice que promueve el “socialismo democrático” como lo practican en Dinamarca y Suecia, pero él pasó su luna de miel en la Unión Soviética, defendió al gobierno comunista de Nicaragua, y firmó una carta de respaldo al desastroso caudillo de Venezuela Hugo Chávez. Ninguno de los que lo respaldan para obtener la nominación presidencial en el Partido Demócrata le han increpado esto.

Pero ahora los conservadores tienen un problema también. Llamémoslo el problema de “no tenemos enemigos hacia la derecha”.

William F. Buckley Jr., el fundador y editor del National Review, era conocido por expulsar a órganos marginales como la John Birch Society fuera del movimiento conservador.

Como uno de sus biógrafos escribió, Buckley “cuidó al movimiento que fundó y lo mantuvo libre donde pudo de extremistas, intolerantes, locos, anti-semitas y racistas —algo que él consideraba uno de sus mayores logros”.

Buckley cometió errores al principio. Pero si mostró evidencia de cambiar con los tiempos. Como lo expresaron sus colegas del National Review al anunciar su muerte, “Creó el conservadurismo moderno como un movimiento primero intelectual y luego político. No permitió que se deslizara hacia los pantanos febriles”.

Pero las cosas han cambiado desde que murió Buckley en 2008, conforme muchos conservadores parecen haber perdido interés en marcar una línea divisoria clara entre ellos y los pantanos febriles. Solo consideremos algunos casos recientes.

La venerable Conferencia para la Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés), conducida por la Unión Americana de Conservadores, una reunión en la cual Ronald Reagan dio discursos influyentes, invitó en 2017 como expositor principal a Milo Yiannopoulos: un señor que envió tuits racistas a otros escritores antes de ser permanentemente expulsado de Twitter por acosar a la comediante Leslie Jones, que hizo comentarios anti-semíticos acerca de otros y acusó falsamente a los transexuales de tener una tasa de criminalidad desproporcionadamente alta. CPAC luego retiró la invitación después de que se reveló que defendía el sexo entre hombres adultos y adolescentes en un show de radio. Pero ellos estaban orgullosos de tenerlo como invitado cuando era simplemente un intolerante.

El siguiente año la CPAC se superó, invitando como expositora a Marion Maréchal-Le Pen, nieta de Jean-Marie Le Pen y sobrina del líder del Frente Nacional Marine Le Pen. Marion le dijo al Washington Post: “Soy la heredera política de Jean-Marie Le Pen. Él fue un visionario. Tenía razón acerca de muchas cosas”. Una de las cosas por las cuales Le Pen era más conocido era por declarar que el Holocausto fue “un mero detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial”.

El Instituto Claremont, cuya misión es “restaurar los principios de la fundación de EE.UU.”, otorgó el Lincoln Fellowship a Jack Posobiec, un blogger que ha promovido la teoría conspirativa "Pizzagate" y otras de Seth Rich, tuiteó acerca del “genocidio blanco”, y utilizó palabras clave de racistas y nazis en varios tuits. Considérelo como un Milo heterosexual y menos de moda.

La conductora de Fox News Laura Ingraham criticó a las empresas de redes sociales por tratar de “silenciar a las voces conservadoras”. Ella posteó un gráfico de dichos intelectuales perjudicados como el teórico de conspiraciones Alex Jones, Milo, la víctima profesional Laura Loomer, y la notorio anti-semita Paul Nehlen —justamente el tipo de pantanos febriles que Buckley trató de evitar.

Los conservadores han promovido ampliamente un estudio del sesgo político en las redes sociales, diciendo que de los 22 individuos destacados y políticamente activos que se conoce que han sido suspendidos por Twitter desde 2005 y que habían expresado una preferencia en las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016, 21 respaldaban a Donald Trump. Pero como Zach Graves del Lincoln Network señaló, junto con otros conservadores legítimos, los 21individuos son en gran medida una lista de “nacionalistas blancos, neo-confederados, negadores del holocausto, difusores de conspiraciones, trolls profesionales, y otras personalidades marginales de la derecha alternativa (“alt-right”)”—incluyendo al Partido Nazi de EE.UU. y el otrora líder del Ku Klux Klan David Duke.

Sería útil si aquellos en la izquierda dejaran de sugerir que todos en la derecha son racistas. Pero también sería bueno si aquellos en la derecha admitirían que existen racistas —y si los harían a un lado por el bien de su causa.

Desde la perspectiva de un liberal que mira esto desde afuera, es tiempo de que los conservadores decidan: ¿creen en la libertad, el gobierno limitado, la igualdad ante la ley, el estado de derecho, la Declaración de la Independencia, y la Constitución? Si es así, ustedes no pertenecen en ningún lugar cercano a los pantanos febriles. Ustedes tienen enemigos a su izquierda, pero también tienen enemigos hacia la derecha. Vuelvan a dibujar esas líneas rojas. Vuelva a subir la guardia.

Este artículo fue publicado originalmente en The Bulwark (EE.UU.) el 16 de septiembre de 2019.