Si te casas (en la Comunidad de) Madrid

Carlos Rodríguez Braun considera que el intento de limitar las bodas que se celebran en fincas rurales de Madrid con el argumento de "competencia desleal" no es nada más que otro ejemplo del intervencionismo abusivo del Gobierno de Cristina Cifuentes.

Por Carlos Rodríguez Braun

Hace cuarenta años, mis abuelos maternos vinieron a visitarnos a Madrid. Nieto de un destacado emigrante asturiano a la Patagonia (José Menéndez, de Miranda de Avilés), mi abuelo, Carlos Braun Menéndez, adoraba España y en particular Madrid, que había visitado por primera vez muy jovencito, en la década de 1910. Nos invitó a mi mujer y a mí al local donde cantaba la gran Olga Ramos en la calle de La Palma, y allí escuché por primera vez el delicioso chotis, “Si te casas en Madrid”.

Lo recordé estos días leyendo a Juan Ramón Rallo en La Razón, y un reportaje en El Confidencial, que informaban sobre la última tropelía de los políticos de nuestra autonomía: quieren limitar las bodas que se celebran en fincas rurales de Madrid, que lo hacen con plena autorización del artículo 9 de la Ley 8/2012 de Medidas Fiscales y Administrativas.

Rallo y quien esto escribe ya hemos denunciado en estas páginas el intervencionismo abusivo del Gobierno de Cristina Cifuentes a propósito de su injusto y arbitrario bloqueo a la creación de universidades privadas. Este nuevo caso se le parece, porque sigue la norma de la vieja alianza de los ya instalados con los políticos enemigos de la libertad para impedir la competencia. El liberalismo viene denunciando este llamado “capitalismo de amiguetes”, que en realidad debería ser denominado “estatismo de amiguetes”, desde Adam Smith.

La argumentación antiliberal es la “competencia desleal”, a la que defino así en mi Diccionario políticamente incorrecto: “competencia de quien nos gana”. De eso se trata: como los establecimientos hoteleros cargan precios más elevados que los de esas fincas rurales, quieren que les prohíban brindar ese servicio más barato que beneficia al pueblo.

La idea es que sólo podrán celebrar bodas aquellas fincas que los burócratas de Cifuentes decidan. Y nadie más. Se rodean de argumentos-basura, como que cuidan el Interés Patrimonial o el Interés Cultural, pero a la hora de la verdad lo que cuenta es el interés-Cifuentes. Y nada más.

Dirá usted: qué bodrio antiliberal. Es verdad, pero prepárese, porque frente al antiliberalismo del Gobierno de Cifuentes…¿qué representa la oposición?

Pues sí, claro que sí, como casi siempre, la política nos presenta la alternativa de elegir entre lo malo y lo pésimo. Si lo de Cifuentes ya es malo, es una burda maniobra para castigar al pueblo beneficiando a un grupo, lo de la oposición es incluso peor.

El Partido Socialista y Podemos, firmes en su tradicional hostilidad a los trabajadores, quieren derogar el artículo 9 por completo. Y que nadie se case en Madrid salvo donde ellos digan. Hablando de decir, no sé qué dirá Ciudadanos. Ellos tienen, como en el caso de las universidades privadas, la llave para castigar al pueblo, como quieren derechas e izquierdas, o no.

Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 31 de octubre de 2017.