Se abre una ventana de oportunidad en Brasil

Marcos Falcone señala que un presidente Bolsonaro podría ejercer una influencia positiva en la región si impulsa reformas dentro del Mercosur, que no ha logrado abrirse de manera significativa al resto del mundo desde su fundación en 1991.

Por Marcos Falcone

El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro (2019–2023), ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 47 por ciento de los votos, por delante del actual presidente Lula da Silva, quien obtuvo el 45 por ciento. Inicialmente, las encuestas pronosticaban que Da Silva ganaría. Sin embargo, ahora se espera que Bolsonaro gane la segunda vuelta del 25 de octubre, ya que el resto de los candidatos están ideológicamente más cerca de él que de Da Silva.

La violencia y la corrupción se encuentran entre las principales preocupaciones de los brasileños, y el gobierno de Da Silva ha logrado poco o ningún avance al respecto. La seguridad ocupó un lugar destacado a lo largo de la campaña, con un aumento de los asesinatos a manos de la policía y una tasa de homicidios persistentemente alta de 20 por cada 100.000 habitantes. El escándalo del Banco Master, en el que un banco quebró tras vender inversiones presuntamente fraudulentas, también afectó a aliados de Da Silva y a jueces de la Corte Suprema, y se convirtió en un tema central. Antes de ser elegido en 2022, el propio Da Silva había estado encarcelado de 2018 a 2019 por corrupción. Fue liberado por un tecnicismo, pero no exonerado de sus delitos.

Es probable que el aparente sesgo del poder judicial hacia el presidente Da Silva también haya impulsado el apoyo a Flávio Bolsonaro. En el pasado, la Corte Suprema no solo anuló sus condenas por corrupción, sino que también encarceló a Jair Bolsonaro, quien en ese momento era su principal oponente. La semana pasada, después de que Da Silva decidiera no asistir a un debate presidencial, un juez electoral que él mismo había designado unilateralmente prohibió a la cadena organizadora, TV Globo, mostrar su atril vacío, y un magistrado de la Corte Suprema también ordenó que se incluyera a un tercer candidato que originalmente no reunía los requisitos (El canal de televisión decidió cancelar el debate por completo).

Las resoluciones sobre el debate fueron solo dos más en una serie de decisiones arbitrarias del poder judicial que han socavado la democracia brasileña y la libertad de expresión en los últimos años, sobre todo cuando censuró a X en 2024. Como escribió entonces mi colega David Inserra, al poder judicial en Brasil se le permite "actuar como víctima, fiscal, juez, jurado y verdugo" al mismo tiempo. La Corte Suprema, en particular, ha utilizado estos poderes para censurar a los críticos y desmantelar casos importantes de corrupción. Incluso Da Silva se ha quejado de "filtraciones selectivas" en el escándalo del Banco Master, en el que también se investiga a Bolsonaro.

Más allá de Brasil, la victoria de Bolsonaro en la segunda vuelta representaría otro golpe para la izquierda autoritaria latinoamericana. Si gana, el único país latinoamericano importante liderado por un izquierdista sería México, bajo el mandato de Claudia Sheinbaum. Políticamente, esto es importante para la región y especialmente para Venezuela, ya que Da Silva, amigo de larga data de dictadores latinoamericanos como el cubano Fidel Castro, defendió a Nicolás Maduro hasta el último momento de su dictadura.

En el ámbito económico, un presidente Bolsonaro también podría ejercer una influencia positiva en la región si impulsa reformas dentro del Mercosur, el bloque comercial de Sudamérica, que no ha logrado abrirse de manera significativa al resto del mundo desde su fundación en 1991. Bolsonaro ha señalado que el país debería "liberarse" del Mercosur. Pero no está claro si lo llevará a cabo, ya que el proteccionismo ha sido durante mucho tiempo la norma entre la clase política de Brasil, la economía más grande de la región.

Flávio Bolsonaro no es un libertario. Su identidad política es la de su padre, de quien toma su nombre el bolsonarismo, un movimiento más conservador, religioso y nacionalista que orientado al mercado.

En un país que registra déficits enormes y donde aumentan las preocupaciones fiscales, Bolsonaro promete recortar tanto el gasto público como los impuestos, pero carece de propuestas específicas sobre lo que realmente haría. En ese sentido, se acerca más a Abelardo de la Espriella de Colombia que a Javier Milei de Argentina, en lo que se ha convertido en un patrón regional familiar: los votantes pueden castigar a un gobernante de izquierda, pero el beneficiario no es necesariamente un candidato totalmente comprometido con el libre mercado.

Brasil necesita una reforma profunda. Por su propio bien, su economía necesita menos intervención estatal, y su sistema político debe poner fin a la extralimitación judicial sin dejar de combatir la corrupción. Por el bien de América Latina, el país debe liderar el camino en la promoción del comercio y la lucha contra el autoritarismo.

Se está abriendo una ventana de oportunidad. Sigue siendo incierto si Brasil la aprovechará o no.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 5 de octubre de 2026.