Sartenes y rescatadores
Carlos Rodríguez Braun señala un par de ejemplos de negacionismo en la izquierda: las consecuencias no deseadas del intervencionismo en los contratos y aquellas de la política monetaria expansiva.
El DRAE define así el negacionismo: "Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto". Sospecho que en el caso de la izquierda su significado se extiende a negar cualquier realidad que cuestione sus dogmas.
Hablando de negar, El País publicó un solemne editorial titulado: "Negar un techo por el color de piel", condenando una supuesta "discriminación" racista en el alquiler. El editorialista no tenía dudas sobre los culpables: "Los propietarios de pisos tienen la sartén por el mango en un mercado que se ha tensionado hasta límites inéditos en España". A continuación, y con aires de apertura de miras, reconoce que "la propiedad privada está protegida por la Constitución", pero añade que "en una sociedad democrática la libertad contractual no es absoluta" y no incluye la xenofobia.
En ningún momento se le ocurrió que el racismo no tiene nada que ver con la tensión en el mercado, que se debe a que la vivienda está profundamente intervenida por las autoridades, por ejemplo, impidiendo el desahucio de las familias "vulnerables". Pero ya incluso personas de la izquierda se han dado cuenta de la validez de la vieja ley liberal de las consecuencias no deseadas de los órdenes sociales complejos: si no se puede expulsar a unos inquilinos que no pagan, el resultado será que no se alquilarán viviendas a esas mismas personas que se pretende proteger, sea su piel del color que sea.
Endurecida ha de ser la piel de quien cree realmente que la sartén la manejan unos propietarios que están fundamentalmente a merced del poder político y legislativo.
Algo parecido le sucedió a Claudi Pérez, que escribió, seriamente: "Los banqueros centrales nos sacaron de la Gran Crisis, pero no consiguieron impedir que la inflación se comiera el poder adquisitivo". Otra vez, se trata de un caso patente de negación de una realidad que podría invalidar prejuicios progres. Don Claudi prefiere ignorar que los banqueros centrales nos rescataron de sí mismos, porque la política monetaria expansiva y la reducción de los tipos de interés promovieron la crisis. Tampoco cabe negar que los bancos centrales no "impiden" la inflación sino que son agentes principales de su generación. Menos aún en España, donde unos sabios descubrieron que la inflación es un fenómeno monetario. Corría el siglo XVI.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 12 de abril de 2026.