¿Qué nos dice el mea culpa de Nikole Hannah-Jones sobre la importancia de la libre elección de escuela?

Colleen Hroncich considera que la elección de escuela otorga autonomía a los padres, especialmente a los desfavorecidos. Los trata con respeto y los reconoce como individuos con libre albedrío, capaces de tomar decisiones por sus hijos.

Por Colleen Hroncich

La tienda de abarrotes de nuestro municipio, administrada por el gobierno, vende comida en mal estado. Sigo comprando ahí la comida para mi hijo porque otras familias no tienen otras opciones, y creo que puedo mejorar la situación quejándome cada vez que voy de compras.

La clínica de salud de nuestro municipio, administrada por el gobierno, tiene resultados pésimos. Sigo llevando a mi hija ahí porque otras familias no tienen otras opciones, y creo que puedo mejorar la situación quejándome mientras ella sea paciente ahí.

Ningún padre tomaría una decisión como las anteriores. Suena ridículo incluso escribirlas. Pero las redes sociales están alborotadas por un ensayo publicado recientemente en la New York Times Magazine por una mamá, Nikole Hannah-Jones, quien le hizo a su hija el equivalente educativo de lo anterior. Hannah-Jones es una corresponsal de larga trayectoria de la revista que cubre temas de injusticia racial y derechos civiles. Probablemente sea más conocida como la creadora del polémico Proyecto 1619, que "tiene como objetivo replantear la historia del país al situar las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los afroamericanos en el centro mismo de nuestra narrativa nacional".

En un texto profundamente personal, aunque limitado, a modo de mea culpa, Hannah-Jones se pregunta: "Al luchar por todos los niños negros, ¿traicioné a mi propia hija?". Al final, se disculpa explícitamente con su hija por privarla de una mejor educación en pos de sus propios ideales, pero no parece reflexionar sobre las mismas creencias que la llevaron a tomar esa decisión.

¿Por qué la idea de la escuela pública está tan arraigada en algunas mentes que un padre o una madre sacrificaría el interés superior de su propio hijo en aras de la educación pública? Esto resulta especialmente desconcertante cuando se trata de una persona cuyo trabajo traza regularmente el racismo histórico y sistémico que ha sido parte integral de la institución desde el principio. Es poco probable que hubiera tomado una decisión similar en los ejemplos anteriores de la tienda de abarrotes o la clínica de salud.

Nada en la historia de la educación pública debería llevar a nadie a creer que es la mejor forma de distribuir o administrar la educación. Por definición, poner al gobierno a cargo de la educación convierte todo en un tema político. Le da poder a los burócratas, a los políticos, a los cabildeadores y a quienes tienen buenos contactos, en detrimento de los padres, especialmente de aquellos con ingresos más bajos y menos poder político.

Los programas de elección escolar, como los vales, las cuentas de ahorro para la educación, las becas por crédito fiscal y (en menor medida) las escuelas autónomas, invierten el equilibrio de poder. Permiten a los padres de todos los niveles de ingresos tomar las mejores decisiones educativas para sus hijos, una capacidad de la que las familias adineradas siempre han disfrutado.

Dado que los resultados de los niños dependen de muchos factores, es difícil hacer comparaciones verdaderamente equivalentes entre los programas de elección escolar. Aun así, un conjunto sustancial de evidencia indica que la elección puede beneficiar a los estudiantes que participan, aumentar la satisfacción y la participación de los padres, y mejorar las escuelas públicas cercanas a través de la presión competitiva.

Es importante destacar que la elección de escuela también otorga autonomía a los padres, especialmente a los desfavorecidos. Los trata con respeto y los reconoce como individuos con libre albedrío, capaces de tomar decisiones por sus hijos. Esto es incompatible con un sistema escolar monopolístico administrado por el gobierno, en el que se asigna a los niños a una escuela según su domicilio.

Esto no significa que todos los padres vayan a tomar la mejor decisión —como ilustra el caso de Hannah-Jones, el sistema actual tampoco garantiza eso—. Pero hoy en día, muchos padres no tienen opción, lo que deja a miles de niños atrapados en escuelas que no satisfacen sus necesidades académicas, sociales y de seguridad. Poner a los padres al mando probablemente no sea peor.

En el pasado, Hannah-Jones se ha opuesto a los programas de elección escolar. Será interesante ver si reconsidera su postura a la luz de sus experiencias —y las de su hija—.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 21 de septiembre de 2026.