Proyecto de reajuste salarial creará desempleo, informalidad y ociosidad
Víctor Pavón explica que legislar aumentos de salarios no relacionados con cambios en la tasa de inflación o en la productividad, solo derivarían en más desempleo, informalidad y ociosidad laboral.
Por Víctor Pavón
Entre los numerosos proyectos presentados en el Congreso, hay uno del Ejecutivo que merece atención por sus directos e inmediatos efectos sobre la economía del país. El mismo consiste en el reajuste salarial automático con acuerdo a la inflación del momento. Este procedimiento es diferente a lo que la ley vigente dice y en el que se estipula que el salario mínimo legal se incrementa cada vez que la inflación llegue a diez por ciento.
El proyecto propone el permanente aumento del salario, debido a que no importa si la inflación llega a 5, 7, 15 o más por ciento. El incremento se dará inexorablemente cada año. Aun suponiendo que la inflación siga de un dígito como ocurre últimamente, el proyecto desconoce principios de la economía como por ejemplo, de ¿dónde proviene el dinero de los salarios de los trabajadores? Los sueldos no son pagados por los empresarios, son pagados por los consumidores quienes compran o se abstienen de hacerlo con el producto o servicio de su preferencia. El empresario le paga a su empleado tomando en cuenta el valor de su trabajo (productividad y conocimiento) a lo que se agrega al producto o servicio de acuerdo a lo que los consumidores en el mercado van comprando o dejan de hacerlo.
Si continuamente y de manera anual se incrementan los salarios —como dice el proyecto— entonces la producción y las ventas deberán ser tan elevadas y para todas las empresas sin excepción, situación que no es posible en cualquier lugar del mundo civilizado. Lo que ocurre en la realidad es que cada empresa es diferente, lo que implica que para sostener los reajustes salariales tendrán que modificar sus costos laborales con menos gente a contratar o con despidos. Los reajustes salariales, como decíamos, dependen finalmente de los consumidores.
¿Qué pasará con aquella empresa con una merma en sus ingresos o pretenda invertir más en comodidades edilicias, tecnología o expansión? La respuesta es que por la ley lo mismo deberá aumentar el salario de sus empleados. Pero, ¿quién tiene un negocio para perder? De esta manera, los aumentos salariales anuales y, siempre tomando en cuenta una inflación de un dígito —porque también puede ser muy superior al 10 por ciento— crearán menos incentivos tanto para la contratación de trabajadores y de nuevas inversiones, a lo que se agrega lo siguiente.
Por un lado, están los trabajadores que ya ganan más del salario mínimo, a éstos la mencionada metodología del proyecto de ley les perjudicará terriblemente haciéndoles dependientes de los reajustes y no precisamente de sus capacidades y conocimientos. ¿Por qué las empresas aumentarán los sueldos de los que realmente se merecen si anualmente serán incrementados? Y, ¿por qué el trabajador se mostrará más laborioso y creativo, si sabe que cada año tendrá un aumento de su sueldo? La ociosidad laboral será de ese modo alentada.
Por otro lado, están las pequeñas y medianas empresas a las que de aprobarse el proyecto, el costo del reajuste salarial anual habrá de disminuir la relación del retorno del capital, al punto que algunas irán cerrándose y otras migrarán hacia la informalidad.
Resulta una muestra de incoherencia del gobierno ufanarse de crear condiciones de trabajo para la gente y al mismo tiempo promover un proyecto como el referido y, todavía más, cuando lo hace para congraciarse con los sindicatos que, por cierto, apenas representan a 2 de cada 10 trabajadores del país. El aumento del desempleo, la informalidad y la ociosidad en los puestos de trabajo no son buenos legados para una población, en su mayoría jóvenes, necesitada de seguridad e inversiones para salir del atraso causado por sus malos e ignorantes gobernantes.