Proteccionismo
Carlos Rodríguez Braun afirma que el proteccionismo es como el control de los precios: ambos son objeto de un rechazo amplio y transversal por parte de los economistas.
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El proteccionismo es como el control de los precios: ambos son objeto de un rechazo amplio y transversal por parte de los economistas: será difícil encontrar alguno que apoye los aranceles de Trump o los topes a los precios de los alquileres de nuestros socialistas de todos los partidos.
Xavier Vida-Folch en El País ilustró el problema, metiéndose en un lío notable, distinguiendo entre protección asumible y proteccionismo rechazable, para concluir: "Incluso el proteccionismo puede ser eficaz con limitaciones y condiciones propias de la excepcionalidad". La casuística es infinita, pero finalmente quedaba claro que el articulista defendía el intervencionismo en el comercio, aun sabiendo que su significado es para Europa el mismo que condenan los progres en el caso de Trump, a saber, empobrecer a los trabajadores, forzándoles a pagar más.
Como saben que esto es así, es decir, que el proteccionismo desprotege a los vulnerables, lo deben rodear de condiciones: vulnerabilidad, temporalidad, crisis, selectividad, e incluso recuperan el vetusto argumento de la industria naciente.
Por fin, y reconociendo que los trabajadores son las víctimas de estas artimañas antiliberales, incluyen los juegos compensatorios, que entretenían a los neoclásicos hace décadas, precipitándose hacia las fantasías compensatorias. Se trata de que las empresas locales beneficiadas por la ventaja proteccionista, la "compensen cumpliendo su parte: invertir, invertir, invertir. De forma que los consumidores, que ganan cuando se importa más barato, y pierden si deben comprar nacional más caro, compensen a medio plazo la pérdida de aquel beneficio".
Y tras esta carambola lastrada de errores y condicionalidades, concluye aleccionándonos a los que defendemos al débil, al consumidor: "Las soluciones son sofisticadas. Solo la tontería es simple". Asoman siempre la patita, señora. Siempre con su fatal arrogancia. Si usted protesta alegando que con esta fábula progresista es usted la que va a pagar más, usted, y no los ricos, entonces le dirán que es una boba muy poco sofisticada.
Conviene subrayar que la argumentación liberal no se funda en el simple mercado perfecto. Lo que los economistas sostienen para criticar subsidios, aranceles o cuotas, impuestos alegando que se busca evitar monopolios, lograr un comercio "justo", o equiparar diferencias normativas o salariales, no es que los mercados son paraísos. Su idea, en palabras de Jagdish Bhagwati, es que "el proteccionismo es una vía inadecuada e ineficiente para corregir los fallos del mercado".
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 15 de marzo de 2026.