Permitan que los estadounidenses se hagan la prueba del COVID-19

Walter Olson explica lo importante que es realizar pruebas de coronavirus a una porción considerable de la población y en el momento clave, para lograr controlar el pico de la infección.

Por Walter Olson

Luego de sufrir de un brote inicial del nuevo coronavirus (COVID-19), China parece haber logrado controlar su contagio mediante el uso de medidas altamente coercitivas como las cuarentenas en casa tanto de las personas sanas como de aquellas que están enfermas. ¿Pueden las sociedades con mayor libertad individual lograr el mismo éxito sin perder su carácter? Corea del Sur, un país más libre y abierto, ha tenido éxito controlando la epidemia con políticas que no son ni remotamente igual de coercitivas, como Andrew Salmon del Asia Times y Josh Rogin del Washington Post explican (si todavía duda que una respuesta al virus es importante para el bienestar humano, lea esto de Matt Ridley, esto de Megan McArdle, y para un análisis estadístico más profundo leer a Tomas Pueyo). 

Lo importante para la estrategia de Corea del Sur ha sido el uso amplio de pruebas sobre una porción considerable de la población, lo cual ha detectado muchos casos de contagio comunitario que no hubiesen sido descubiertos a través del rastreo de contactos de los casos detectados, permitido que la intervención médica y el distanciamiento social empiece cuando pueden lograr el mayor beneficio, y que a lo largo del camino brindó seguridad a muchos otros de que no tenían la enfermedad aún cuando podrían estar sufriendo de uno o dos de sus síntomas.

La nación asiática ahora está realizando pruebas a 15.000 personas al día. En cambio, en EE.UU. hemos perdido valiosas semanas cuando sus Centros para Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) establecieron un kit de pruebas defectuoso e inservible aún cuando los usuarios ansiosos fueron prohibidos de recurrir a otras pruebas.

Ese fue solo el principio de los problemas en EE.UU. Las guías de pruebas fueron excesivamente obtusas, insistiendo en la presencia de factores de riesgo tales como los viajes internacionales, que acabaron desalentando la realización de pruebas a los asistentes a la Conferencia de Boston, quienes luego fueron relacionados a 70 casos incluso después de que se señalara que los asistentes estaban enfermándose. Como reportó el New York Times, los investigadores en el área de Seattle tuvieron que luchar, y eventualmente eludir, las negativas regulatorias que hubiesen permitido la investigación de la epidemia más grande de la nación. Es una historia increíble: y “Para el 25 de febrero, la Dra. [Helen] Chu y sus colegas no podían soportar más la espera. Empezaron a realizar pruebas de coronavirus, sin la aprobación del gobierno”. Ellos procedieron para identificar el primer caso de contagio comunitario en el área de Seattle, un descubrimiento clave de las últimas semanas.

EE.UU. todavía está por detrás de países como Corea del Sur en la disponibilidad de pruebas de COVID-19 que se pueden realizar desde un auto, aunque se están lanzando los primeros esfuerzos para realizarlas (Dejando a un lado la comodidad, estas pruebas desde los autos ayudan a mantener a las personas potencialmente contagiosas lejos de las salas de espera de los doctores y de las emergencias en los hospitales). Algunos comentarios reportados sugieren que el Director de la CDC Robert Redfield puede que no esté alentando esta tendencia. Pero si los funcionarios federales no planean alentarla, esperemos que sus reguladores por lo menos no sea un obstáculo para que otros puedan proveer este servicio.

Cuando se le permite, la economía estadounidense es muy buena para proveer cosas como pruebas convenientes y entregas en la puerta de su casa. En otro frente no relacionado, Bill Gates está financiando un programa ambicioso para distribuir kits de pruebas que se pueden realizar en casa para todos aquellos que los deseen, empezando en Seattle. 

Me siento contento en este momento que EE.UU. se quedó con sus multimillonarios en lugar de comérselos. 

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 11 de marzo de 2020.