Paraguay debe aprovechar mejor el escenario económico regional

Víctor Pavón estima que la recesión de la región no le conviene a Paraguay, aunque actualmente este país no sea afectado por ella.

Por Víctor Pavón

Las economías de nuestra región se encuentran afectadas por la disminución del proceso de ahorro e inversión. Y no se trata de aquello "mal de muchos consuelo de tontos". Pero, la realidad es una sola y no se puede cambiar así no más, como con una varita mágica. La verdad es que Paraguay no está mal en términos económicos pero puede estar mucho mejor.

Veamos lo que ahora pasa en Brasil. Sigue en la incertidumbre política y este escenario no resulta halagüeño ni para este país ni para el nuestro. Apenas conocida la noticia de un posible impeachment al presidente Michel Temer, los mercados se vieron afectados y el Real brasileño sufre los embates de una devaluación que se refleja en la frontera en las ciudades como Salto del Guairá y Ciudad del Este.

Argentina, por su parte, y con el triunfo de Mauricio Macri se dieron algunos cambios; pero, no se tomó al "toro por las astas". La economía devastada por el modelo kirchnerista dilapidó los siempre recursos escasos. Y como ahora se tiene que poner en orden la casa en cuanto especialmente se refiere al manejo de los déficits, subsidios y regulaciones, este país en el que tantos paraguayos se encuentran viviendo todavía no puede despegar.

Al Paraguay le conviene que Brasil y Argentina salgan de sus respectivas contracciones económicas puesto que desde aquí ya no sólo se exporta materia prima sino también el sector privado paraguayo ha logrado incorporar tecnología de punta con inversiones que posicionan favorablemente al país. Los sectores con valor agregado llegan a casi el 50 por ciento de la exportación y son de origen agropecuario e industrial.

Un Brasil y una Argentina más fuertes en sus economías y administraciones internas harán que sus habitantes tengan mayor capacidad de compra de los variados productos y servicios que ofrece el Paraguay.

La recesión en la región —de la que felizmente Paraguay no forma parte— juega un rol importante en la toma de decisiones de las empresas e individuos que desean un ambiente de estabilidad y seguridad, a corto, mediano y largo plazo.

La volatilidad de las economías en franca recesión no son bien vistas para la radicación de inversiones y sobre todo para aquella que quiere extender los beneficios del capital y del trabajo a largo plazo. Nuestro país, sin embargo, y si bien mantiene su pronóstico positivo de crecimiento debe aprovechar todavía más sus importantes activos estratégicos.

Con agua dulce, energía renovable, clima apto para la agricultura de todo tiempo, inflación baja, regulaciones laborales no muy costosas para la contratación, bajos impuestos y un bono demográfico envidiable por la apreciable cantidad de jóvenes, permiten mostrarnos al mundo como un lugar de oportunidades.

Pero también hagamos una crítica sana para mejorar. Paraguay necesita iniciar ciertas reformas que resultan impostergables. Y no lo ha hecho por falta de una decisión firme por terminar con la política rastrera e ignorante que todavía perpetúa esa detestable sociedad del privilegio.

Permanecen así ciertos monopolios que requieren ser abiertos a los mercados, especialmente el referido al sector eléctrico que, como sabemos, con tanta generación de energía todavía se adolece de un modelo que no seduce al empresariado nacional y foráneo porque sencillamente no hay el retorno del capital acorde a costos, gastos y seguridad jurídica. Esto se comprueba con la distribución y comercialización de energía eléctrica, una de las mayores debilidades de nuestra economía y en el sector de más alto nivel estratégico.

Paraguay en ningún modo necesita pasar por las dolorosas etapas económicas por las que atraviesan otras economías de la región, como nuestros dos grandes vecinos y mucho menos parecerse a Venezuela que, pese a su monumental recurso natural como lo es el petróleo, se encuentra en lamentable situación, con una población que se manifiesta en las calles en búsqueda de libertad y por el extremo desabastecimiento de bienes y servicios básicos.

Paraguay es un lugar de oportunidades, como de hecho lo es toda Latinoamérica que precisa cuanto antes deshacerse de las ideas colectivistas de raigambre socialista en la que muchos de sus dirigentes todavía creen. Una economía abierta e instituciones sólidas garantes de la libertad económica y la seguridad son las columnas sobre las que se debe construir el progreso de las naciones.