¿Para qué está usando el gobierno el cierre?

Ryan Bourne dice que hay dos dicotomías falsas: que la alternativa a los cierres es la normalidad y que la alternativa al encierro es no hacer nada.

Por Ryan Bourne

El COVID-19 está produciendo un baño de sangre económico en las economías desarrolladas. El análisis sectorial de la OCDE sugiere que los cierres traerán una caída de la actividad diaria del 25-30% durante su duración en todos los países; la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, por sus silgas en inglés) calcula el 35% en el Reino Unido. Incluso si esto durara solo tres trimestres, con una rápida recuperación inmediata, el PIB sería un 10% más bajo durante el año, una recesión mucho mayor que la ocurrida después de la Gran Depresión.

No se necesita experiencia económica para darse cuenta de que cerrar negocios y encerrar personas en sus casas reduce la actividad. Los datos de EE.UU. muestran que 16,6 millones de estadounidenses, más de una décima parte de la fuerza laboral, solicitaron un seguro de desempleo en las últimas tres semanas.

Universal Credit aquí en Gran Bretaña ha visto 1,2 millones de reclamos adicionales desde el 16 de marzo. Eso es después de acciones sin precedentes, recuerde, para desincentivar los despidos. La OBR supone una fuerte recuperación y ningún daño económico permanente, pero cuanto más se prolongue, más empresas fracasarán y se destruirán las relaciones laborales. Después de cierta duración, la pausa en las actividades se vuelve relativamente más dañina que la adaptación económica. No es de extrañar, según Fraser Nelson, que Boris Johnson se pregunte sobre la sabiduría de las restricciones.

Las verdaderamente terribles cifras del PIB y el desempleo no dejan de llegar. Pero Johnson debe recordar esto: la economía aún se estaría desmoronando incluso sin cierres, debido a los cambios en el comportamiento y al colapso de las cadenas de suministro.

El desempleo en Suecia está aumentando más rápido que después de 2008, incluso con medidas de distanciamiento social más laxas. Corea del Sur, con su enfoque de pruebas y rastreo, ha visto cómo su crecimiento se transforma en una recesión. Los consumidores y productores evitarán enfermarse al renunciar a gran parte de su “gasto social” y la producción arriesgada, incluso en ausencia de órdenes gubernamentales.

Este efecto probablemente representa el 50 por ciento de la recesión. Tendemos a atribuir todos los resultados a los políticos, pero mañana podrían volver a abrir todos los cines del país y casi nadie iría. Entonces, la falsa dicotomía #1 es que la alternativa de los cierres es la normalidad.

En realidad, la economía solo se “normalizará” por completo una vez que se venza la amenaza del virus. Eso significa que exista una vacuna creíble, un tratamiento efectivo, una inmunidad colectiva relativamente estable (no está claro cuánto dura la inmunidad), o una prueba eficiente y un sistema de rastreo de contactos que restablezca la confianza del público. Cualquier otra cosa es adaptación o destrucción, con costos. Por lo tanto, necesitamos hablar menos de una “estrategia de salida” para los cierres y hablar más de una estrategia de salida del dominio de COVID-19 sobre nuestras vidas.

Aquí, sin embargo, es difícil descifrar el pensamiento del gobierno. ¿Alguien puede explicar su objetivo más allá de “proteger” al Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) de este primer pico de infecciones? ¿Es acaso usar el tiempo de la cuarentena para construir una capacidad adicional en el NHS y luego administrar el número de casos futuros hasta que se alcance la inmunidad colectiva? ¿Es en cambio usar una contención restrictiva para minimizar las muertes hasta que exista una vacuna? ¿El gobierno está esperando un tratamiento efectivo para facilitar el relajamiento de las restricciones? ¿O construir una infraestructura de pruebas al estilo de Corea del Sur?

A principios de abril Dominic Raab aludió a una estrategia para la siguiente fase. Pero no lo dijo explícitamente, no vaya a ser que se confundiera con los mensajes de “quédate en casa”. Sin embargo, hasta ahora la población ha cumplido con las órdenes, si acaso, más de lo esperado. Nos desalienta estar en la oscuridad. En ausencia de una estrategia claramente articulada, la incertidumbre empresarial aumentará y se correrá el riesgo de un incumplimiento severo si las personas comienzan a cuestionarse por qué están sacrificando su sustento y sus libertades. Particularmente una vez que el ejército de personas inmunes crezca y otros países adopten enfoques diferentes.

La ausencia de discusión sobre nuestras verdaderas opciones aquí está conduciendo, tristemente, a la falsa dicotomía #2: que la alternativa al encierro es no hacer nada y que cientos de miles de personas mueran.

Seamos claros: los cierres “funcionarán” para reducir la transmisión del virus. Ante la incertidumbre, los sistemas de salud saturados y la falta de infraestructura para otros enfoques estos son una opción nuclear de precaución. Pero no son la estocada final contra el virus. Estos nos compran tiempo para manejar mejor los casos o trabajar en obtener una vacuna.

Sin embargo, los cierres son una medida destructiva e insostenible que restringe gran parte de la actividad económica de alto y bajo riesgo. Como son lo suficientemente graves como para perturbar nuestras vidas y libertades, primero debemos exigir que no sean más draconianos de lo que deberían ser y, segundo, que el tiempo comprado por estos se use sabiamente, con una nueva y significante política una vez que los casos vuelvan a los números bajos.

Por lo tanto, las “revisiones” de los cierres deben ser significativas. A nivel mundial, las empresas están adoptando estrictos protocolos de seguridad y distanciamiento social, como revisiones, desinfecciones regulares, uso obligatorio de mascarillas, sistemas unidireccionales, entradas únicas y horarios comerciales ajustados. El capitalismo encuentra formas de dar confianza a los consumidores y trabajadores para que estos se vuelvan a involucrar. A medida que esto se desarrolla, los cierres de negocios, lógicamente, deben eliminarse. ¿El gobierno está considerando esto? Las restricciones que afectan la vida de las actividades al aire libre también parecen desproporcionadas, dados otros pasos que podrían tomarse para reducir los riesgos.

Asegurarse de que cualquier cierre solo interrumpa lo que tiene que interrumpir debería ser lo mínimo que esperamos de los gobiernos. Pero, en última instancia, la siguiente etapa requiere confrontar los desordenados costos y beneficios que se encuentren en la recta final de la pandemia, y que en su lugar utilicemos un análisis económico general de los costos y beneficios.

Mantener restricciones agresivas hasta que aparezca una vacuna no es un primer paso: garantizaría una depresión económica que generaría disturbios civiles (especialmente si no se encuentra una vacuna). Ahora es el momento de ganar la aceptación pública para equilibrar la salud y el bienestar económico de ahora en adelante, reconociendo las compensaciones inherentes a cualquier otro camino.

Permitir que los grupos de edad más jóvenes regresen a sus actividades conlleva riesgos significativos para los hogares con gente de varias generaciones, por ejemplo, mientras que relajar las restricciones solo en algunas industrias está cargado de favoritismos. Los pasaportes de inmunidad, que permitan vivir vidas normales a quienes se han recuperado, conllevan el riesgo de falsos positivos si se introducen demasiado pronto, al mismo tiempo que crean incentivos para que algunos se contagien con el virus y “ganen su libertad”. 

La variolización, que proporciona dosis “seguras” en entornos médicos controlados, requiere el uso de los escasos trabajadores de la salud para infecciones deliberadas. Relajarse con las medidas de distanciamiento social después del pico, el estilo sueco, pero quizás manteniendo aislados a los grupos de mayor riesgo, parece más factible, pero traería acusaciones políticas de “poner la economía por encima de las vidas” dado el número inevitablemente más alto de muertes que se darían bajo la cuarentena.

El testeo y rastreo de contactos como mitigación “funciona” en otros lugares. Pero tiene implicaciones monumentales en cuanto a las libertades civiles, particularmente si se incorpora la cuarentena forzada. Luego está la opción de tratar de terminar esto con la innovación médica: las vacunas y tratamientos efectivos. Esto, seguramente, tiene que ser algo adicional a la estrategia y toda la estrategia.

Los cierres compraron tiempo para ponderar estas opciones, o alguna combinación de ellas, considerando las limitaciones de la opinión pública y la tecnología. Todas son imperfectas, dada esta situación realmente terrible sin resultados “buenos”. Pero el gobierno pronto debe mostrar su apoyo. La alternativa, no lo olvidemos, es un encierro profundamente destructivo, autoritario, en gran medida no controlable. El vacío de la estrategia escuchada está creando un debate absurdo que implica que la única opción real es entre muertes masivas o destrucción económica.

Este artículo fue publicado originalmente en Conservative Home (EE.UU.) el 15 de abril de 2020.