Otra vez, Polanyi
Carlos Rodríguez Braun explica que el mensaje de fondo del pensamiento único es que nuestros problemas derivan de nuestra excesiva libertad y como no lo pueden decir así de claro, los progres se aferran a autores antiliberales, pero no descaradamente sovietizantes.
El mensaje de fondo del pensamiento único es que nuestros problemas derivan de nuestra excesiva libertad. Como no lo pueden decir así de claro, y menos aún recuperar sin rubor al comunismo más cochambroso, los progres se aferran a autores antiliberales, pero no descaradamente sovietizantes. Entra Karl Polanyi, el economista austrohúngaro autor de La gran transformación, de 1944, que advirtió sobre un peligro. No, no era el socialismo sino el capitalismo, que no funciona, es una singular excepción en la historia destinado a desaparecer porque aumenta la pobreza, amenaza la democracia, y no es más que una utopía.
Comprenderá usted el entusiasmo de la izquierda ante estas ideas, que, en realidad, ocultaban un nuevo intento de los recelosos de la libertad de querer mantener la tarta y comérsela, es decir, la perdurable fantasía que desde Mill hasta Rawls anhela trascender la economía libre pero preservar la libertad –Andras Tóth desmonta esta cuadratura del círculo en: "La gran contradicción en La gran transformación de Karl Polanyi", Procesos de Mercado, Otoño 2023.
La corrección política, empero, sigue erre que erre, y leí a Andreu Missé en El País, que pidió más intervención del Estado para recuperar el dinamismo europeo, como si dicha intervención no tuviera que ver con su languidecimiento, y volvía a Polanyi y su ensayo "Our Obsolete Market Mentality" de 1947, que según Misse, "desmontó supuestas bondades del liberalismo económico". Pues bien, veamos.
Polanyi repite las tesis de su libro, y su confianza en el final del liberalismo. Lo que le entusiasma es la intervención, porque "la producción no es un asunto individual sino colectivo". Y afirma que cuanto más Estado, más libertad: "Gran Bretaña durante la guerra introdujo una economía totalmente planificada y acabó con la separación entre Estado e industria de la que derivaba la libertad decimonónica, y sin embargo nunca estuvieron la libertades públicas más firmemente aseguradas que en el punto álgido de dicha emergencia".
Usted se preguntará cómo pudo realmente decir esto. El propio pensador lo aclara de forma tan explícita que cabe sospechar que Andreu Missé ha preferido mirar hacia otro lado. En efecto, es tal su rechazo al liberalismo cuya desaparición augura, que aplaude no solo el socialismo real, hablando de "los logros creativos de los rusos", sino también los avances debidos a "los fascistas europeos". Muy progresista todo, desde luego.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 8 de abril de 2026.