¿Vale la pena lidiar con Elon Musk?
Marian L. Tupy dice que la sociedad se beneficia de los innovadores extraordinarios, incluso cuando su personalidad los hace difíciles de tolerar.
Por Marian L. Tupy
En octubre, Tesla presentó un prototipo del Roadster capaz de volar brevemente por el aire. La empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, que ahora forma parte de SpaceX, presentó recientemente Grok Bot, unos agentes autónomos que operan en una computadora en la nube compartida y persistente, y que pueden colaborar entre sí y ejecutar tareas programadas en las aplicaciones de los usuarios mientras estos están desconectados.
Mientras tanto, SpaceX sigue desarrollando Starship, el cohete más grande jamás construido, con la ambición de hacer que los viajes espaciales sean más baratos y habituales.
En octubre también se estrenó a nivel nacional el documental de casi cuatro horas de Alex Gibney, Musk. La película presenta a Musk como un hombre con graves defectos cuya riqueza y poder se han vuelto peligrosos. Hay mucha evidencia que respalda la primera parte de ese juicio. Pero el documental plantea una pregunta más amplia: ¿cuánto comportamiento ofensivo debería tolerar la sociedad de parte de quienes impulsan los límites de la tecnología?
Mi respuesta es: bastante.
Musk insulta a periodistas, políticos y críticos. Promueve teorías de la conspiración, hace promesas extravagantes y, a veces, trata a sus empleados con dureza. Sus intervenciones en la política han alejado a antiguos admiradores, incluidos los ambientalistas que alguna vez defendieron a Tesla. Su gestión de X ha enfurecido tanto a los anunciantes como a los defensores de la libertad de expresión. Su participación en el Departamento de Eficiencia Estatal (DOGE) enfureció a muchos, y los auditores del gobierno cuestionaron los ahorros que se afirmaban. Puede ser arrogante, impulsivo, vengativo, infantil y espectacularmente grosero.
Pero los defectos de Musk deben sopesarse frente a sus contribuciones al progreso humano.
Consideremos a SpaceX. Cuando Musk fundó la empresa en 2002, los cohetes eran en su mayoría desechables. SpaceX desarrolló propulsores capaces de aterrizar y volver a volar, lo que ayudó a reducir el costo de alcanzar la órbita y permitió lanzamientos más frecuentes. Su nave espacial Dragon restableció la capacidad de Estados Unidos para lanzar astronautas desde territorio estadounidense tras el retiro del programa del transbordador espacial. Sus cohetes Falcon transformaron la industria del lanzamiento de satélites. Starship podría, con el tiempo, hacer posible el transporte de cargas útiles mucho más grandes a un costo menor, abriendo nuevas oportunidades para la investigación científica, la manufactura y la exploración.
Quizás el logro más trascendental de SpaceX para la gente común sea Starlink. Para finales de 2025, el servicio de internet por satélite contaba con más de 9 millones de clientes en más de 155 países y mercados. En comunidades remotas donde tender cables de fibra óptica es prohibitivamente costoso, Starlink brinda acceso a la educación en línea, la telemedicina, la banca y el comercio. Las escuelas rurales de Alaska lo han utilizado para mejorar el acceso a la educación. Después de que el huracán Helene devastara partes del sureste de Estados Unidos en 2024, los equipos de emergencia desplegaron terminales de Starlink para restablecer las comunicaciones.
En Ucrania, Starlink y su contraparte militar, Starshield, han sido especialmente importantes. Los ataques rusos destruyeron o interrumpieron gran parte de la infraestructura de comunicaciones del país. Las conexiones satelitales ayudaron a los soldados ucranianos a coordinar operaciones, manejar drones y comunicarse con los comandantes. Los civiles también se beneficiaron del acceso a Internet cuando fallaron las redes convencionales.
Las recientes restricciones al servicio Starshield en Ucrania ilustran los peligros de depender en gran medida de un solo proveedor, ya que Musk ha culpado a la Casa Blanca por la interrupción y informes del fin de semana sugirieron que fue idea de Musk. Esa incertidumbre refuerza la necesidad de competencia y de reglas claras que rijan la infraestructura esencial. También demuestra cuán valiosa se ha vuelto la tecnología subyacente.
La contribución de Musk a los vehículos eléctricos ha sido igualmente trascendental. Él no inventó el auto eléctrico, sino que se unió a Tesla después de su fundación en 2003. Pero ayudó a transformar los vehículos eléctricos de un producto de nicho en un competidor serio para los automóviles a gasolina. Antes de Tesla, los vehículos eléctricos solían verse como lentos o puramente utilitarios. Al dar prioridad al alto rendimiento, la tecnología de vanguardia y el diseño elegante, Musk ayudó a que los autos eléctricos se volvieran muy deseables y genuinamente "geniales". Los fabricantes de autos establecidos respondieron con inversiones masivas por su cuenta. Debido a este cambio masivo en la demanda de los consumidores y en los estándares de la industria, es justo afirmar que Musk ha hecho más que cualquier otra persona para acelerar la transición global lejos del motor de combustión interna. Tesla también ayudó a avanzar en la tecnología de baterías y el almacenamiento de electricidad a gran escala.
Neuralink, la empresa de neurotecnología de Musk, está desarrollando interfaces cerebro-computadora implantables diseñadas para traducir la actividad neuronal en comandos digitales. Mediante el uso de miles de electrodos microscópicos implantados quirúrgicamente en el cerebro, el dispositivo ha permitido recientemente a personas con parálisis grave controlar computadoras, mover cursores y jugar videojuegos utilizando únicamente sus pensamientos. Si bien la tecnología sigue siendo experimental, sus posibles beneficios médicos, como restaurar la comunicación, la movilidad y la independencia de pacientes con afecciones neurológicas graves, son considerables.
No todas las iniciativas de Musk tendrán éxito. Grok Bot sigue siendo una tecnología emergente. El Roadster volador es más una demostración de ingeniería que una solución práctica de transporte. Starship enfrenta desafíos técnicos sustanciales. Los ambiciosos plazos de Musk a menudo han resultado poco confiables. Sin embargo, el progreso tecnológico requiere de personas dispuestas a intentar cosas que otros consideran poco prácticas.
Musk no inventó personalmente todas las tecnologías asociadas con sus empresas. Pero ayudó a reunir a los ingenieros, el capital, las fábricas y las organizaciones necesarias para que tecnologías complejas funcionaran a gran escala.
La historia ofrece paralelismos útiles.
Thomas Edison era combativo, ferozmente competitivo y, a veces, despiadado. Durante la batalla por los sistemas eléctricos rivales, respaldó las electrocuciones de animales para demostrar los supuestos peligros de la corriente alterna. Sin embargo, su trabajo en la iluminación eléctrica práctica, la grabación de sonido y la investigación industrial ayudó a transformar la vida moderna.
Henry Ford era un notorio antisemita que promovía teorías de conspiración a través de sus publicaciones. Sin embargo, su aplicación de técnicas de producción en masa puso la propiedad de un automóvil al alcance de los estadounidenses comunes. El precio de un Modelo T cayó de 850 dólares en 1908 a 260 dólares en 1925. Ford ayudó a democratizar la movilidad personal. Además, su perfeccionamiento de la línea de ensamblaje móvil revolucionó la manufactura global. Al establecer un modelo de eficiencia sin precedentes, los métodos de Ford se adoptaron rápidamente más allá del sector automotriz, impulsando enormes aumentos de productividad y transformando la producción industrial en todo el mundo. Quizás paradójicamente, la línea de ensamblaje ayudó a los Aliados a derrotar a Hitler al convertir a Estados Unidos en el arsenal de la democracia.
Steve Jobs era famoso por ser exigente y podía ser cruel con sus colegas. Su perfeccionismo hacía que fuera difícil trabajar con él. Sin embargo, ayudó a llevar las computadoras personales, los teléfonos inteligentes y otras tecnologías transformadoras a los mercados masivos.
Ninguno de estos ejemplos demuestra que ser desagradable genere innovación. Muchas personas desagradables no logran nada, y muchos innovadores importantes son personas decentes. Pero el patrón histórico plantea una posibilidad incómoda: algunas características que hacen que los innovadores tengan éxito también hacen que sea difícil llevarse bien con ellos.
La investigación psicológica respalda esa posibilidad. En un metaanálisis de 1998, el psicólogo Gregory Feist descubrió que las personas altamente creativas tendían a ser más abiertas a nuevas experiencias, menos convencionales, más independientes, más seguras de sí mismas y más ambiciosas que sus pares. También mostraban niveles más altos de hostilidad e impulsividad. La investigación se centró en la creatividad científica y artística más que específicamente en los emprendedores, pero sugiere que la creatividad y la amabilidad social no siempre van de la mano.
Ahí radica la verdadera disyuntiva.
Preferiríamos contar con innovadores brillantes que sean modestos, considerados, políticamente inofensivos y fáciles de supervisar. Sin duda, algunos encajan en esa descripción. Pero si los rasgos psicológicos asociados con la creatividad excepcional a veces van acompañados de arrogancia, impulsividad y hostilidad hacia lo convencional, la sociedad no puede dar por sentado que puede seleccionar lo primero y eliminar lo segundo.
Una sociedad que valora mucho la conformidad, la deferencia y la aprobación social puede desanimar precisamente a algunas de las personas más dispuestas a desafiar las tecnologías e instituciones establecidas. El precio podría ser una innovación más lenta, menos experimentos y beneficios retrasados para todos los demás.
Eso no significa suspender las normas habituales de conducta. Musk debe rendir cuentas por las violaciones de la ley, las afirmaciones engañosas y los daños reales causados por sus decisiones. Sus empresas deben enfrentar la competencia y las mismas obligaciones legales que sus rivales.
Pero hay una diferencia entre hacer cumplir las normas de conducta y esperar que los innovadores posean personalidades socialmente aceptables. Debemos ser especialmente reacios a convertir la aversión personal o el desacuerdo político en una razón para menospreciar sus logros u obstaculizar una iniciativa empresarial legítima.
Esto es importante porque la innovación genera beneficios que van mucho más allá del innovador. Un acceso más económico al espacio ayuda a investigadores y emprendedores que nunca conocerán a Musk. Las mejores baterías ayudan a consumidores que nunca tendrán un Tesla. Las comunicaciones por satélite sirven a personas cuyas vidas pueden depender de conexiones confiables. Los competidores imitan las tecnologías exitosas y las mejoran. Los beneficios resultantes pueden seguir acumulándose durante generaciones.
Por supuesto, es posible que otros emprendedores hubieran desarrollado muchas de estas tecnologías con el tiempo. La pregunta es: ¿en qué tiempo? Llevar innovaciones útiles al mercado años o décadas antes genera un valor sustancial. Esos beneficios deberían tenerse en cuenta al evaluar a las personas responsables.
Gibney tiene derecho a criticar el carácter, la conducta y el ejercicio del poder de Musk. Pero el énfasis del documental en sus fallas corre el riesgo de ocultar los avances extraordinarios que él ha ayudado a lograr.
Yo preferiría un Musk que fuera más considerado, más moderado y menos propenso a insultar a todos los que no están de acuerdo con él. Pero no puedo dar por sentado que ese mismo hombre, despojado de su temperamento poco convencional, hubiera perseguido las mismas ambiciones extraordinariamente difíciles con la misma determinación.
La verdadera elección, por lo tanto, no es entre elogiar a Musk y condenarlo. Podemos hacer ambas cosas. Se trata de si la sociedad sigue dispuesta a dar cabida a personas difíciles y poco convencionales cuyos talentos pueden generar enormes beneficios para todos los demás.
Este artículo fue publicado originalmente en The Dispatch (Estados Unidos) el 20 de octubre de 2026.