Ni siquiera los ganadores del Premio Nobel pueden salvar el "impuesto a los multimillonarios"
Adam N. Michel dice la carta que seis economistas ganadores del Premio Nobel firmaron recientemente, alentando a los californianos a aprobar un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de los multimillonarios del estado, se basa en una serie de afirmaciones que no se sostienen.
Por Adam N. Michel
Por lo general, uno puede darse cuenta de que una idea controvertida como el "impuesto a los multimillonarios" es mala cuando sus defensores empiezan a sacar a relucir a grupos de ganadores del Premio Nobel para defenderla.
Si la idea fuera realmente tan buena, no se necesitaría más de un ganador del Premio Nobel para argumentar a su favor. La "señal reveladora" es cuando citan a media docena, como si existiera un Premio Nobel al pensamiento grupal.
Seis economistas ganadores del Premio Nobel firmaron recientemente una carta instando a los californianos a aprobar la Propuesta 40, el impuesto único del 5% sobre el patrimonio de los multimillonarios del estado.
La carta se equivoca en todo, desde la historia de los impuestos sobre el patrimonio hasta los ingresos que California puede esperar obtener con este impuesto.
La carta califica a la Propuesta 40 como "el primer impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios promulgado en cualquier parte del mundo". Los gobiernos han gravado el patrimonio neto de los multimillonarios durante décadas.
Doce países europeos impusieron impuestos anuales sobre el patrimonio neto en la década de 1990. Generaron muy pocos ingresos, su administración resultó muy costosa, ahuyentaron la inversión de sus países y fueron políticamente impopulares. Todos los impuestos sobre el patrimonio en Europa, excepto tres, han sido derogados.
La carta afirma que los multimillonarios de California pagaron un impuesto sobre la renta equivalente a solo el 1,6% de sus ganancias patrimoniales. Esto también es engañoso. El 1,6% no es una tasa de impuesto sobre la renta. Es el impuesto sobre la renta pagado dividido por el aumento en el valor estimado de los activos, gran parte del cual no se ha materializado.
No gravamos las ganancias sobre el papel. Ni a los ricos, ni a la clase media. Si lo hiciéramos, los propietarios tendrían que pagar un impuesto cada año que su casa aumentara de valor, incluso si aún vivieran en ella.
Los ricos, en realidad, pagan impuestos elevados. Por eso, cuando un estudio del Tesoro de Estados Unidos de la era Biden estimó los pagos de impuestos según el patrimonio, los resultados mostraron que los estadounidenses más ricos pagaban tasas impositivas totales de casi el 60% de sus ingresos anuales, la más alta de cualquier grupo. Y aproximadamente el doble de la tasa del contribuyente promedio.
Luego están los 100 mil millones de dólares prometidos en nuevos ingresos fiscales. La Oficina del Analista Legislativo de California, de carácter no partidista, no respalda esa cifra y estima que el impuesto podría recaudar "decenas de mil millones", al tiempo que reduciría los ingresos por el impuesto estatal sobre la renta de manera continua a medida que los contribuyentes adinerados se muden del estado.
Los galardonados con el Premio Nobel afirman que "es poco probable que un número significativo de multimillonarios logre romper sus vínculos con el Estado Dorado" antes del 1 de enero de 2026, fecha de entrada en vigor del impuesto.
Sin embargo, según se informa, Sergey Brin, Larry Page, Peter Thiel, Don Hankey, Travis Kalanick, Steven Spielberg y David Sacks se fueron antes de la fecha límite. Los economistas de la Universidad de Stanford Joshua Rauh y Benjamin Jaros descubrieron que casi el 30% del patrimonio imponible previsto salió de California incluso antes de que la medida reuniera los requisitos para ser sometida a votación.
California podría impugnar algunas de estas salidas, pero los contribuyentes también impugnarán la legalidad del impuesto. La Propuesta 40 podría ser inconstitucional hasta en ocho aspectos diferentes.
La carta de los galardonados con el Premio Nobel afirma que la Propuesta 40 ayudaría a compensar los "recortes masivos de financiamiento" al programa Medicaid (Medi-Cal) de California.
Sin embargo, muchos de los llamados "recortes" en realidad le ahorran dinero al estado al añadir requisitos laborales o de voluntariado para recibir los beneficios de salud del estado.
En términos reales, se prevé que los subsidios federales a California disminuyan ligeramente con respecto a su máximo previo a la pandemia durante la próxima década. Pero incluso después de los "recortes", un análisis de la Institución Hoover concluyó que "el gasto federal en Medi-Cal será un 50% mayor en 2034 que en 2019". Eso está lejos de ser un recorte masivo.
Y el aumento de la riqueza de los multimillonarios no demuestra que estos contribuyentes tengan un poder político "extraordinario", como afirman los autores de la carta. Es cierto que los multimillonarios son dueños de medios de comunicación y financian campañas políticas, pero el gasto de ambos lados del espectro político a menudo se compensa mutuamente.
Los autores señalan que Sergey Brin ha gastado 100 millones de dólares en contra de la Propuesta 40. Sin embargo, Tom Steyer gastó más de 220 millones de dólares de su propio bolsillo al postularse para gobernador con una plataforma que incluía el impuesto sobre la riqueza.
Más fundamentalmente, el aumento de la riqueza de los multimillonarios no es evidencia de que alguien más se haya empobrecido. La riqueza en la cima consiste, en su gran mayoría, en la propiedad de empresas productivas, no en montones de dinero robado al resto de la economía. Aproximadamente tres cuartas partes de los activos del 0,1% más rico son participaciones accionarias en empresas que emplean a trabajadores, producen bienes y servicios, y financian nuevas inversiones.
Si dejamos de lado las credenciales del Premio Nobel, el argumento de la carta se basa en una serie de afirmaciones que no se sostienen. Las firmas prestigiosas no cambian las cuentas.
Los californianos que decidan sobre la Propuesta 40 deben sopesar la evidencia. Y, según la evidencia, el resultado más probable no es una ganancia inesperada para el gasto en salud, sino una base impositiva más pequeña y una carga fiscal más alta que recaerá sobre todos los que se queden.
Este artículo fue publicado originalmente en New York Post (Estados Unidos) el 8 de octubre de 2026.