No culpes a la marihuana legal por las regulaciones defectuosas
Jeffrey A. Miron sostiene que la respuesta adecuada a un mercado legal imperfecto es una regulación estatal menos opresiva, idealmente combinada con la legalización federal.
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Por Jeffrey A. Miron
Casi una década después de que Massachusetts legalizara la marihuana recreativa, una campaña para derogar la legalización ha cumplido los requisitos para aparecer en la boleta electoral de noviembre. Los críticos mencionan especialmente el acceso de los jóvenes y los productos de alta potencia.
Estas preocupaciones son comprensibles. Pero deberían abordarse ampliando la legalización, no abandonándola. Millones de personas quieren consumir marihuana, y la prohibición no elimina esa demanda. Por el contrario, principalmente empuja la producción y la distribución a la clandestinidad, donde nadie realiza pruebas para detectar contaminantes ni resuelve disputas sin recurrir a la violencia.
Se suponía que el mercado legal de Massachusetts desplazaría ese comercio clandestino. En cambio, el mercado legal compite con el sector clandestino en condiciones desfavorables. Esto no es sorprendente.
Una compra legal conlleva un impuesto combinado de aproximadamente el 20%, basado en los impuestos estatales especiales, sobre las ventas y los impuestos locales opcionales. Más de un tercio de las ciudades y pueblos del estado prohíben los dispensarios minoristas, lo que empuja a los consumidores hacia vendedores sin licencia o a pueblos vecinos, y los operadores con licencia se enfrentan a una amplia gama de regulaciones costosas.
Cuando los gobiernos encarecen el producto legal, algunos consumidores se quedan con el producto más conveniente, pero ilegal. Por lo tanto, la regulación excesiva no es más que una prohibición encubierta.
Otra razón por la que la legalización estatal funciona de manera imperfecta es que la marihuana sigue siendo ilegal según la ley federal. Dado que sigue siendo una sustancia de la Lista I para fines recreativos, las empresas de cannabis enfrentan restricciones que las empresas comunes no tienen.
La sección 280E del código tributario federal prohíbe a las empresas de marihuana deducir gastos comerciales ordinarios; un cambio en la normativa de abril de 2026 comenzó a flexibilizar eso, pero solo para los operadores médicos con licencia estatal. Además de eso, el cannabis no puede cruzar legalmente las fronteras estatales, por lo que cada mercado estatal opera como una isla. La mayoría de los bancos aún se niegan a prestar servicios a la industria, lo que obliga a muchos dispensarios a operar en efectivo. La prohibición federal mantiene los costos artificialmente altos, incluso en los estados que han legalizado el cannabis.
Algunos argumentan que la marihuana es perjudicial debido a los riesgos para la salud, pero el alcohol y el tabaco son igual de peligrosos, si no más. En esos casos, sin embargo, la sociedad regula sin sabotear deliberadamente el mercado legal. La misma lógica debería aplicarse al cannabis.
Los defensores de la prohibición argumentan, por ejemplo, que limitar la potencia es más seguro porque reduce las dosis en la vida real, pero eso no es necesariamente cierto. Por ejemplo, las ventas de seltzers con alcohol y cerveza representaron casi el 80% de todas las bebidas alcohólicas compradas por los estadounidenses en 2023. Por el contrario, la prohibición del alcohol empujó a los bebedores hacia bebidas espirituosas más fuertes, que eran más fáciles de ocultar y transportar. Prohibir la marihuana legal conlleva el riesgo de un cambio similar hacia productos no regulados y no probados.
También vale la pena preguntarse qué impacto tiene la legalización en otras sustancias, y si un mayor consumo entre los adultos es siquiera un problema. La evidencia sobre la sustitución es contradictoria: un estudio relacionó la legalización en Estados Unidos con un pequeño aumento en el consumo de alcohol entre los adultos más jóvenes, pero otro reporta una disminución sustancial en las muertes por accidentes de tránsito. Si la legalización permite que más adultos elijan un producto cuyos riesgos recaen principalmente sobre el consumidor, y no sobre el público en general, eso significa que la política está funcionando como se esperaba.
Nada de esto significa que la marihuana deba quedar totalmente sin regulación. Es poco probable que las medidas de protección básicas, como las edades mínimas, la prohibición de conducir bajo los efectos de la droga y los requisitos de etiquetado preciso, incentiven un mercado clandestino. El gobierno puede regular en aras de la seguridad sin utilizar la regulación como una prohibición encubierta.
La verdadera lección de la última década es que la legalización ha funcionado en gran medida. El consumo de marihuana entre los adolescentes ha seguido disminuyendo durante más de una década, incluso a medida que más estados la legalizaron para los adultos: el consumo en el último mes entre los estudiantes de secundaria ha bajado en dos dígitos desde 2012. El consumo declarado entre adultos ha aumentado, aunque parte de ello puede reflejar una menor estigmatización más que un mayor consumo real, ya que ahora menos personas ocultan en las encuestas un comportamiento que es legal. Mientras tanto, el estado ha recaudado casi 2 mil millones de dólares en ingresos fiscales por el cannabis.
La respuesta adecuada a un mercado legal imperfecto es una regulación estatal menos opresiva, idealmente combinada con la legalización federal. Massachusetts debería completar el experimento que inició en 2016, no dar marcha atrás.
Este artículo fue publicado originalmente en Boston Herald (Estados Unidos) el 21 de septiembre de 2026.