Pioneros en el desarrollo de China: Gu Zhun y Wu Jinglian

James A. Dorn destaca la contribución al desarrollo económico de China de dos economistas chinos que fueron testigos de la naturaleza destructiva de la planificación central: Gu Zhun (1915-1974) y Wu Jinglian.

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Por James A. Dorn

El desarrollo económico de China desde 1978, cuando el líder supremo Deng Xiaoping comenzó a relajar el control del Partido Comunista Chino sobre la vida económica, es notable. Una vez que la gente obtuvo mayor libertad económica —y ya no estuvo sujeta a la rígida planificación centralizada de Mao Zedong—, creó nuevos mercados y comenzó a salir de la pobreza.

Merecen especial atención dos economistas chinos que fueron testigos de la naturaleza destructiva de la planificación de arriba hacia abajo y del impacto que las políticas de Mao tuvieron en la sociedad civil. Gu Zhun (1915–1974) fue el primero en criticar abiertamente el uso que hacía China de la planificación centralizada al estilo soviético como mecanismo para la asignación de recursos. Argumentó que, sin precios de mercado competitivos, los planificadores nunca podrían contar con la información suficiente para asignar los recursos de manera eficiente. Por lo tanto, se debía otorgar autonomía a las empresas para fijar los precios guiándose por la oferta y la demanda del mercado. Comenzó como un miembro comprometido del PCCh, pero más tarde se dio cuenta —tras sufrir bajo un régimen totalitario— de que el socialismo maoísta era una receta para aumentar el poder del Estado al tiempo que destruía la libertad personal y económica. A menudo se le conoce como el "Hayek de China".

Wu Jinglian, uno de los principales reformistas de China, se vio influenciado por el pensamiento pro-mercado de Gu y desarrolló aún más los argumentos a favor de los precios competitivos de mercado y la necesidad de un estado de derecho para lograr la prosperidad y la armonía social. Ahora, a sus 96 años, Wu sigue siendo una voz poderosa a favor del libre mercado, tanto de bienes como de ideas. Se le conoce como "Wu del mercado".

Cabe señalar que China ha establecido mercados con características socialistas. El Estado sigue desempeñando un papel importante en la vida económica, pero muchas empresas estatales han desaparecido en la ola de diversos derechos de propiedad privada y cuasi-privada que han surgido desde 1978. El sector no estatal ha sido la principal fuerza impulsora del desarrollo de China, y el país es ahora la mayor potencia comercial del mundo en bienes. Ese logro no habría sido posible sin el cambio en el clima de ideas impulsado por intelectuales como Gu Zhun y Wu Jinglian.

Gu Zhun: uno de los primeros defensores de la descentralización y la liberalización del mercado

Gu Zhun fue en gran medida autodidacta. Aunque carecía de educación formal, dominó la contabilidad a temprana edad y se formó como aprendiz en una reconocida firma de contabilidad de Shanghái. En 1935, se unió al Partido Comunista Chino y, en 1949, fue nombrado director de la Oficina Fiscal de Shanghái. Sin embargo, en 1952, la situación dio un giro cuando fue criticado por "tendencias contrarrevolucionarias", degradado dentro del PCCh y sometido a "reeducación". En 1956, fue asignado a trabajar en el prestigioso Instituto de Economía de Pekín, que formaba parte de la Academia China de Ciencias (CAS). Durante la Campaña de las Cien Flores de Mao (1956–57), que permitió una mayor libertad para criticar la rígida planificación al estilo soviético, Gu escribió su famoso artículo: "Una discusión preliminar sobre la producción de mercancías y la ley del valor bajo el socialismo". Fue publicado en Jingji Yanjiu (Revista de Investigación Económica), número 3, 1957.

Wu Jinglian, quien trabajó con Gu en la CAS, señaló que "Gu Zhun fue el único que afirmó sin ambigüedades que se debía permitir que las fluctuaciones espontáneas de los precios —la verdadera ley del mercado— regularan la producción bajo el socialismo". Fue "la primera persona en los círculos económicos chinos en desarrollar la idea de la economía de mercado socialista" (Wu 2013 [1997], p. 134).

La cita exacta del artículo de Gu de 1957 es: "Dado que una empresa buscará espontáneamente producir lo que le reporte precios más rentables, y los precios… subirán y bajarán espontáneamente, tales subidas y bajadas regularán de hecho la producción" (véase Zhang 2020, p. 14).

Una de las pocas fuentes en inglés sobre la crítica de Gu a la planificación centralizada es el artículo de Chor-yung Cheung, "El 'Hayek de China' y los horrores del totalitarismo: las lecciones liberales en el pensamiento de Gu Zhun", que apareció en Reclaiming Liberalism, editado por David F. Hardwick y Leslie Marsh (2020, pp. 281–311). Al analizar el artículo de Gu de 1957, Cheung afirma que Gu:

Planteó la tesis de que, sin el mecanismo de precios en el mercado, no existía una base racional para establecer un criterio común con el que medir y comparar la eficacia económica relativa de los diferentes productos, servicios y factores de producción en una sociedad. Al igual que habían argumentado Mises y Hayek, Gu creía que la planificación centralizada por sí sola no nos proporcionaría la información necesaria para la asignación, la producción y la coordinación económicas [Cheung, p. 288].

Según Cheung, Gu reconoció "la naturaleza dinámica del cálculo económico y la naturaleza estática de la planificación centralizada" (p. 291). Sin tener conocimiento alguno de las contribuciones de Mises y Hayek al debate sobre el cálculo (véase Cheung, p. 307, n. 4), Gu Zhun (1957) utilizó su propia experiencia en contabilidad y planificación centralizada para llegar a la siguiente conclusión:

La capacidad del cálculo económico para realizar ajustes ayuda a la planificación económica a obtener datos que no pueden obtenerse mediante encuestas estadísticas, y es sobre la base de estos datos que debe realizarse la planificación económica futura… [Por lo tanto,] al observar los movimientos en el mercado minorista de bienes de consumo… y al analizar los ajustes de precios realizados en las ventas de estos productos, se pueden detectar todos los cambios… en la demanda y la oferta y, de acuerdo con ello, se podrían ajustar las decisiones de producción. De manera similar, en cada empresa productora, la situación de las ventas y los ajustes de precios y utilidades relacionados… son indicadores importantes que nos indican el grado de equilibrio alcanzado entre la producción y el consumo de productos, así como los cambios en el nivel de productividad. Este tipo de información es muy útil para la planificación económica futura. El proceso de reproducción de la sociedad es un proceso continuo y el plan de producción anual para la sociedad no surge de la nada. La información y los datos generados a partir del cálculo económico constituyen una base fundamental para la planificación económica. Sin ellos, no se puede realizar ninguna planificación económica. [Traducido por Cheung, pp. 291–92.]

Este tipo de pensamiento llevó al PCCh a tildar a Gu de "derechista" (es decir, de contrarrevolucionario) en 1957, cuando la Campaña de las Cien Flores terminó abruptamente (véase Naughton 2013, p. 113). En 1958, durante el Gran Salto Adelante, Gu fue expulsado del Partido y enviado a un campo de trabajo en la provincia de Hebei. En 1959, fue trasladado a otro campo durante la Gran Hambruna. Tras su internamiento, regresó al Instituto de Economía en 1962, con la ayuda de la directora del instituto, Sun Yefang. Sin embargo, en septiembre de 1965, a Gu se le tildó de "ultraderechista" y sufrió durante la Revolución Cultural. Estas experiencias lo convencieron de los graves peligros que planteaban la planificación centralizada y el poder absoluto bajo un régimen de partido único (véase Cheung para más detalles).

En resumen, Gu Zhun fue un pensador valiente e independiente que se mantuvo firme en su defensa del uso de las señales de precios basadas en el mercado para guiar la asignación de recursos. Reconoció que sería imposible asignar recursos de manera efectiva bajo la planificación estatal, en la que todos los precios son fijos y las empresas deben ajustarse a las preferencias de los planificadores. Sin embargo, nunca llegó al extremo de abogar por una privatización generalizada. Quería combinar los precios de mercado con el socialismo, adhiriéndose así al "socialismo de mercado". No obstante, a menudo se le conoce como el "Hayek de China".

Wu Jinglian: Nuevo pensamiento económico

La adhesión inicial de Wu Jinglian al marxismo y a la planificación centralizada dio paso a su reconocimiento del papel clave de los mercados competitivos y del sistema de precios como componentes necesarios de lo que se conoció como la "economía de mercado socialista" de China. Como se ha señalado, Gu Zhun influyó en el pensamiento de Wu respecto a los problemas de la planificación y el control integrales frente a los beneficios de un mecanismo dinámico de precios de mercado (véase Gewirtz 2017: 51).

Wu sufrió durante la Revolución Cultural por sus opiniones "revisionistas, pero llegó a desempeñar un papel clave en el avance de la incipiente economía de mercado de China después de 1978. Sus artículos y libros fueron muy influyentes para convencer a académicos y funcionarios de las ventajas de la descentralización y del uso de los mercados para asignar recursos y generar riqueza. Esto fue particularmente cierto después de la Gira por el Sur de Deng Xiaoping en 1992, cuando China retomó el camino de la reforma y la apertura al mundo exterior tras la tragedia de Tiananmen de 1989.

En el XIV Congreso del Partido, celebrado en octubre de 1992, Jiang Zemin, secretario general del PCCh, aceptó oficialmente el término "economía de mercado socialista" para referirse a un sistema económico caracterizado por "las fuerzas del mercado… que sirven como medio básico para regular la asignación de recursos", en contraposición a la planificación centralizada al estilo soviético. Según esta nueva forma de pensar, China mantendría el socialismo como su misión principal, al tiempo que permitiría que la oferta y la demanda fijaran los precios. En este régimen cuasi-mercantil, se esperaba que las empresas eficientes crecieran, mientras que las no rentables desaparecerían (véase Gewirtz, p. 251).

Por supuesto, esta terminología es confusa porque, como les dijo Milton Friedman a los funcionarios chinos en 1980: lo que China necesita es "el uso más amplio posible no del mercado, sino de los 'mercados privados libres'" (Friedman 1989: 569). Él pone énfasis en "libres" y "privados". Su lógica es sencilla:

El mercado es un mecanismo que puede movilizarse para una gran variedad de propósitos. Dependiendo de cómo se utilice, el mercado puede contribuir al desarrollo social y económico o bien inhibir dicho desarrollo. Usar o no usar el mercado no es la distinción crucial. Toda sociedad, ya sea comunista, socialista, socialdemócrata o capitalista, utiliza el mercado. Más bien, la distinción crucial es si hay propiedad privada o no. ¿Quiénes son los participantes en el mercado y en nombre de quién operan? ¿Son los participantes burócratas del gobierno que operan en nombre de algo llamado el Estado? ¿O son individuos que actúan directa o indirectamente en su propio nombre? [ibíd., pp. 568–69]

En resumen, China necesita un sistema de libre mercado basado en derechos de propiedad privada seguros y un estado de derecho justo que proteja esos derechos. Esto incluye un libre mercado de ideas, en el que las personas puedan criticar al gobierno y las violaciones de los derechos humanos sin temor a represalias (Dorn 2021).

Bajo el socialismo con características chinas, el PCCh sigue valorando altamente la propiedad pública. Sin embargo, el sector no estatal ha sido la clave del desarrollo y del ascenso de China como una importante nación comercial. Se ha llevado a cabo la privatización de empresas estatales y se permite la propiedad privada. Como establece la Constitución de la República Popular China:

  • “El sistema socialista es el sistema fundamental de la República Popular China. El liderazgo del Partido Comunista de China es la característica definitoria del socialismo con características chinas. Se prohíbe a cualquier organización o individuo dañar el sistema socialista" (Art. 1).
  • "En la etapa primaria del socialismo, el Estado defenderá un sistema económico fundamental en el que la propiedad pública sea el pilar principal y se desarrollen conjuntamente diversas formas de propiedad" (Art. 6).
  • "El Estado protegerá los derechos e intereses legítimos de los sectores económicos no públicos, tales como las empresas de propiedad individual y las empresas privadas" (art. 11).
  • "El Estado aplicará una economía de mercado socialista" (art. 15).

Las innumerables formas de propiedad no estatal que han surgido en China son fascinantes (véase, por ejemplo, Oi y Walder 1999). Sin embargo, la promesa de Pekín de proteger los derechos de propiedad privada es engañosa, al igual que el artículo 33 de la Constitución: "El Estado respetará y protegerá los derechos humanos" (art. 33). El monopolio del poder por parte del PCCh excluye cualquier verdadero estado de derecho que proteja a las personas y la propiedad. La adhesión al socialismo es obligatoria. Es por eso que la mayoría de los reformistas evitan abogar por los "mercados privados libres" de Friedman y utilizan en su lugar el término "economía de mercado socialista".

Wu Jinglian, quien recibió el prestigioso Premio Económico de China en marzo de 2005, tuvo la audacia de argumentar que "solo al combinar el estado de derecho con la economía de mercado podremos alcanzar el éxito total". Más recientemente, en diciembre de 2012, en una conferencia de Chatham House sobre "Desafíos para la política económica y la reforma del sistema de China", Wu señaló: "Los conflictos económicos y sociales han demostrado cada vez más en los últimos años que dichos conflictos… deben resolverse mediante nuevas reformas económicas y políticas. Solo cuando hayamos establecido una política económica y social inclusiva podremos superar esas contradicciones y mantener nuestra prosperidad, estabilidad política y armonía social" (Chatham House 2012: 3).

Las declaraciones de Wu se produjeron poco después del XVIII Congreso Nacional del PCCh en noviembre y del traspaso de poder de Hu Jintao a Xi Jinping como secretario general del PCCh. Wu aprovechó esta oportunidad para recordar a todos que, "bajo el sistema administrativo, las personas no tenían la oportunidad de elegir ni de aprovechar al máximo sus capacidades". Sin embargo, "con la reforma y la apertura, [la gente] tiene la oportunidad de prosperar. Desde las décadas de 1980 y 1990, se han creado decenas de millones de empresas privadas. Es [el] sector privado el que ha impulsado el auge de la economía china" (ibíd., p. 4).

A pesar de este progreso, Wu afirma: "Nuestra reforma no se ha implementado por completo. Bajo el sistema actual, aún persisten muchos elementos del antiguo sistema, lo cual se refleja principalmente en que las empresas estatales siguen ocupando una posición de monopolio". Además, "los gobiernos a todos los niveles siguen conservando su poder para interferir en nuestra economía", y no existe un "verdadero estado de derecho" (ibíd.).

Para el futuro de China, Wu ve dos posibilidades: o bien continuará la liberalización del mercado y el gobierno desempeñará un papel menor en la vida económica; o bien "el gobierno y los sectores estatales reforzarán gradualmente su control e intervención en el mercado" —y China practicará el "capitalismo de amigos"—. Concluye: "Desafortunadamente, desde [el inicio del] siglo XXI, la segunda tendencia se ha vuelto más predominante" (ibíd., p. 5).

A diferencia de los socialistas que sostienen que los problemas de China se deben al supuesto caos de una economía de mercado, Wu atribuye el desorden económico y social a la falta de "una economía de mercado basada en el estado de derecho". Mientras tanto, "cuanto más intervenga el gobierno [en el mercado], más se extenderá la corrupción" (ibíd., p. 6).

El desafío fundamental para los líderes de China, según Wu, es "construir una nueva economía de mercado basada en el estado de derecho y la reforma política". Si esto se logra, China pasará de ser "la base manufacturera del mundo" a ser "un gran mercado para el mundo" (ibíd., p. 9). Debería agregar que, en ese caso, China estaría más cerca de un "mercado privado libre". Por supuesto, Wu entiende que esto representaría un salto cuántico respecto a la economía socialista de mercado de China, y que los obstáculos para la transición son enormes. Pero, como dicen los chinos, "las pequeñas gotas de agua desgastan las grandes piedras".

Conclusión: Liberar el pensamiento

Cuando Mao Zedong abrió brevemente un espacio para discutir críticamente sistemas económicos alternativos durante la Campaña de las Cien Flores, pronunció su famosa frase: "Que compitan cien escuelas de pensamiento". En ese momento, Gu Zhen aprovechó la oportunidad para criticar la planificación centralizada de tipo soviético y defender un sistema de precios competitivo que permitiera asignar los recursos de manera más eficiente. Se centró en el mercado como una forma de fijar los precios de manera espontánea según la oferta y la demanda, en contraposición a la rigidez de la planificación centralizada. Mao, sin embargo, cerró rápidamente la puerta al debate abierto y envió a quienes cuestionaban su socialismo doctrinario —y mostraban el más mínimo apoyo a la libertad frente al control estatal— a campos de "reeducación" para corregir su forma de pensar. Gu quedó atrapado en esa trampa. Hoy se le considera un pionero del movimiento reformista chino y se le conoce como el "Hayek de China".

Gu tuvo una gran influencia para que Wu Jinglian pasara de abrazar en su juventud la planificación estatal a convertirse en un destacado defensor de la descentralización, la liberalización del mercado y el estado de derecho. Sin embargo, al igual que Gu, fue sancionado y silenciado por los maoístas y sufrió durante la Revolución Cultural. Con la muerte de Mao en septiembre de 1976 y el ascenso de Deng Xiaoping, quien en su discurso de 1978 llamó a "emancipar la mente", Wu logró que los líderes de China escucharan su voz. En particular, Deng hizo un llamado a los "pioneros que se atrevan a pensar, explorar nuevos caminos y generar nuevas ideas". A partir de 1978, la atención se centró en la reforma y la apertura, en contraposición a la lucha ideológica. No obstante, el socialismo con características chinas siguió siendo el ideal principal del PCCh para proteger el monopolio del poder del Partido.

Wu adquirió una profunda comprensión de las diferencias fundamentales entre la planificación y el mercado, tal como lo expresó en su artículo de 1991, "Una discusión sobre la planificación y el mercado como mecanismos de asignación de recursos" (capítulo 17, en Naughton 2013). Al igual que Gu, reconoció la importancia de los mercados para transmitir información que era imposible de centralizar.

Wu destacó el éxito del mercado en la promoción del desarrollo económico de China:

Aunque nuestro mercado está fragmentado por el proteccionismo regional y las señales del mercado se ven distorsionadas por la fijación de precios por parte del gobierno y la excesiva interferencia administrativa, el mercado ha crecido vigorosamente a través de las grietas y huecos de la economía dirigida… Especialmente en algunas regiones y sectores, donde la reforma avanzó rápidamente y las restricciones de las órdenes estatales fueron relativamente escasas, los elementos de mercado son fuertes y su desempeño durante el último año de desajuste económico ha sido claramente superior. Esto demuestra de manera contundente cómo las fuerzas del mercado pueden generar estabilidad y una economía próspera [Wu 1991, en Naughton, p. 229].

En 2003, Wu impartió una conferencia en un curso de capacitación del gobierno y enfatizó que "el sistema de derechos de propiedad privada [es] el fundamento de la economía de mercado".

Les dijo a sus oyentes que La riqueza de las naciones, de Adam Smith, "defendía el papel de la mano invisible del mercado en la asignación eficaz de los recursos"; y también que "la economía de una nación alcanzará su mejor desarrollo posible solo bajo un sistema natural y libre" (Wu 2003, en Naughton, p. 87). Tales comentarios habrían sido impensables durante el régimen de Mao.

Si bien Wu había sido tildado despectivamente de "Wu del mercado" por los partidarios de la línea dura que querían volver a la planificación centralizada tras el levantamiento de Tiananmen en 1989 (véase Barboza 2009), ese término se convirtió en una insignia de honor tras la Gira del Sur de Deng Xiaoping en 1992. Para 2018, se reconocía claramente que "Wu Jinglian y sus discípulos fueron los cerebros clave detrás de la reforma", como informó Fran Wang en Caixin Global.

Desafortunadamente, desde el ascenso al poder de Xi Jinping en 2012, el avance de China hacia una economía de mercado se ha desacelerado, y el sector estatal ha ganado terreno (véase, por ejemplo, Lardy 2019, The State Strikes Back). En China, el "socialismo" prevalece sobre el "mercado" y seguirá haciéndolo hasta que la gente sea libre de elegir. Del mismo modo, la propiedad pública o estatal sigue siendo dominante en la Constitución de China. Si la verdad se obtiene a partir de los hechos, como sostiene el dogma marxista, entonces el único hecho que los líderes chinos deben reconocer es que "los mercados sin derechos de propiedad divisibles y transferibles son una mera ilusión", como observó Warren Nutter en 1968 (véase Friedman 1981: 7). Siguiendo los pasos de Mises y Hayek, Nutter sostiene: "Si toda la propiedad se colectiviza literalmente y todos los precios se centralizan literalmente, no queda espacio para un mecanismo que pueda reproducir, en ningún aspecto significativo, el funcionamiento de la empresa privada competitiva".

La apertura al mercado de China ha tenido éxito únicamente gracias al crecimiento del sector no estatal y a la evolución de los derechos de propiedad, que han permitido la innovación y la asunción de riesgos por parte de los emprendedores. Pioneros como Gu Zhen y Wu Jinglian allanaron el camino para la liberalización económica que ha permitido a millones de personas salir de la pobreza. Lo que China necesita es más libertad y menos control estatal —una mayor emancipación de la mente para todos— para que las personas puedan desarrollar todo su potencial bajo un auténtico estado de derecho que proteja a las personas y la propiedad.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 14 de septiembre de 2026.