Inteligencia artificial y productividad
Carlos Rodríguez Braun sostiene que nada permite concluir que la IA va a dañar la economía. Seguramente la beneficiará, aunque no podamos anticipar con precisión cómo lo hará.
Lo nuevo suele suscitar admiración, pero también inquietud. Está sucediendo ahora con la inteligencia artificial, la llamada “IA”, igual que sucedió antes con casi todos los avances tecnológicos.
Muchos piensan que la IA es una amenaza para el empleo. Esta idea, que se remonta a los destructores de máquinas, los luditas, de hace dos siglos, es un error que despejó en 1821 David Ricardo, economista inglés de familia sefardí. Sostuvo Ricardo que la tecnología, al fomentar la productividad, hace lo propio con el crecimiento, de tal modo que, aunque pueda perjudicar el empleo en algunos sectores –el ferrocarril o el automóvil redujeron el empleo en las empresas que utilizaban caballos como medio de transporte–, el impacto global es positivo para los trabajadores.
Nada permite, por tanto, concluir que la IA va a dañar la economía. Seguramente la beneficiará, aunque no podamos anticipar con precisión cómo lo hará. Es razonable esperar que haya en el futuro numerosos empleos que ahora simplemente no existen.
Hay otra dimensión económica de la productividad que sí es una incógnita preocupante: el tiempo. En efecto, prácticamente todos los avances tecnológicos requieren tiempo hasta que se consolidan y pueden rendir sus efectos benéficos. En ese lapso lo habitual es que las empresas pierdan dinero. En ocasiones, mucho dinero.
Este es un proceso delicado, además, porque la intervención de las autoridades puede influir negativamente, en particular en lo relativo a la política monetaria y fiscal. Hemos vivido un período prolongado de expansiones monetarias que han reducido artificialmente los tipos de interés, lo que pudo haber propiciado inversiones cuantiosas y erróneas, también en la IA.
Al mismo tiempo, las políticas fiscales expansivas han provocado déficits públicos generalizados y fuertes subidas de la deuda pública. Como advirtió hace poco The Economist, los bonos a 30 años en los países desarrollados están en su nivel más alto desde la crisis de 2007-2009. En esas condiciones, puede que las subidas de los tipos de interés retrasen o bloqueen la capacidad de la IA de animar, a través de la productividad, el crecimiento de la economía y el empleo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico Sotogrande (España) el 13 de agosto de 2026.