La declaración a sus 250 años
Ian Vásquez afirma que el 4 de julio, día en que se conmemora la Declaración de la Independencia de Estados Unidos, es parte de la tradición hispana de la libertad y es aún relevante en la lucha por los derechos humanos en la mayor parte del mundo.
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Por Ian Vásquez
Dirigiéndose a “un mundo sincero”, los rebeldes americanos declararon su independencia de Gran Bretaña un 4 de julio de hace 250 años enunciando las ahora famosas frases:
“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, que su creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que para asegurar estos derechos se instituyen gobiernos entre los hombres, los cuales derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados”.
El documento no solo justificó la rebelión al enumerar una larga lista de quejas contra el rey británico, sino, lo que es mucho más importante, también proclamó un criterio moral detrás de la decisión de romper con el imperio, criterio que informaría el fin legítimo de cualquier gobierno: el de asegurar los derechos de las personas.
Por lo tanto, el experto legal estadounidense Roger Pilon observa que “nuestro sistema político no se fundamenta sobre una voluntad política sino sobre un razonamiento moral accesible a todos”. La revolución americana fue radical porque se basó en una idea radical –la de la libertad– más que en el interés propio.
Thomas Jefferson, autor de la declaración, dijo que intentaba que el documento fuera una “expresión de la mente americana”. John Adams, otro padre fundador, dijo que “la Revolución se llevó a cabo antes de que comenzara la guerra. La Revolución estaba en las mentes y los corazones del pueblo”.
Los padres fundadores de Estados Unidos consideraban que los valores por los que luchaban eran universales y por eso apelaban a toda la humanidad. Destilaban las ideas de los pensadores liberales de la Ilustración, sobre todo las de John Locke, quien hoy es justamente considerado el padre de la filosofía política moderna.
La revolución americana influyó en todas las Américas y el mundo entero. En su libro “El radicalismo de la revolución americana”, el historiador Gordon Wood explica cómo la rebelión no se trataba simplemente de un rechazo a los impuestos exigidos por el imperio, sino más bien de una revolución social en la que los privilegios hereditarios, la aristocracia y otras jerarquías sociales se destruyeron. El republicanismo que los fundadores buscaron establecer terminó creando la democracia de masas que conocemos hoy en día.
Numerosos líderes independistas de América Latina compartieron los ideales revolucionarios y liberales de los estadounidenses. Por ejemplo, el precursor venezolano de la independencia, Francisco de Miranda, se carteaba con varios de los padres fundadores estadounidenses. Tanto creyó en ese proyecto liberal que quiso que el 4 de julio de 1811 sea el día de independencia de Venezuela. La declaración de Venezuela fue la primera que proclamara la independencia en Hispanoamérica, pero terminó siendo el 5 de julio.
Otro precursor de la independencia fue el liberal peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán, cuya revolucionaria “Carta dirigida a los españoles americanos” fue extremadamente influyente y es comparable a los escritos de Thomas Paine.
Hoy en día, casi la mitad de los países del mundo se consideran democracias, aunque muchos menos son democracias liberales, y hasta los países autoritarios dicen representar los deseos de sus pueblos y garantizar derechos básicos. La dificultad que han tenido países latinoamericanos en realizar democracias liberales, sin embargo, no debe atribuirse a que las ideas liberales son ajenas.
De hecho, como señala Gabriela Calderón de Burgos, la tradición escolástica española de los siglos XVI y XVII influyó mucho en Locke respecto a conceptos como la igualdad de los hombres, la soberanía del pueblo, los derechos humanos, los límites al poder y el derecho a la rebelión. Tanto Jefferson como Adams leyeron a uno de sus principales representantes, Juan de Mariana.
El 4 de julio es parte de la tradición hispana de la libertad y es aún relevante en la lucha por los derechos humanos en la mayor parte del mundo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 30 de junio de 2026.