El delirio comercial de Trump: por qué menospreciar a Canadá y México recuerda la caída de una dinastía
James Bacchus señala que el rechazo a los beneficios económicos que genera el comercio fue una de las razones por las que la dinastía Qing fue la última dinastía china, lo que siguió fueron dos siglos más de estancamiento y declive económico chino.
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Por James Bacchus
En otra de sus interminables giros en materia de comercio, el presidente Donald Trump ha sugerido que tal vez no renueve el actual tratado comercial de Estados Unidos con Canadá y México. Resultó especialmente interesante una de sus explicaciones sobre el motivo. "No necesitamos nada de lo que tiene Canadá; no necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que nosotros tenemos, y tienen que tratarnos mejor", dijo Trump. "No necesitamos sus autos; no necesitamos su madera; no necesitamos su energía; no necesitamos nada de lo que ellos tienen".
Según las cifras de abril de este año, Canadá es el principal socio comercial de Estados Unidos en importaciones y exportaciones de bienes, con un total de 86 mil millones de dólares. México ocupa el segundo lugar, con un total de 64,8 mil millones de dólares en comercio bilateral de bienes con Estados Unidos. En general, la integración económica regional del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (anteriormente conocido como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, antes de que Trump introdujera algunos cambios y lo rebautizara como USMCA durante su primer mandato presidencial) ha hecho que las tres partes del acuerdo sean más competitivas tanto a nivel nacional como internacional.
No es ni remotamente creíble sugerir que Estados Unidos no necesita nada de sus dos principales socios comerciales, del mismo modo que no sería creíble sugerir que ellos no necesitan nada de nosotros. El desdén de Trump hacia lo que Canadá y México tienen para ofrecer a los estadounidenses en materia de comercio recuerda una famosa comunicación enviada al rey Jorge III por el emperador Xianlong de la dinastía Qing en China en 1793. El Imperio Británico había enviado una misión a Pekín, encabezada por lord George Macartney, para abrir China al comercio británico. Pero el emperador chino no estaba interesado.
En su edicto entregado al rey británico, dijo, con cierto desdén: "No veo ningún valor en objetos extraños o ingeniosos, y no tengo ningún uso para los productos manufacturados de su país… Le corresponde a usted, oh rey, respetar mis sentimientos y mostrar aún mayor devoción y lealtad en el futuro…" (Véase Harry G. Gelber, El dragón y el diablo extranjero: China y el mundo, desde el 1100 a. C. hasta el presente Nueva York: Walker and Company, 2007, p. 164).
El rechazo a los beneficios económicos que genera el comercio fue una de las razones por las que la dinastía Qing fue la última dinastía china. Lo que siguió fueron dos siglos más de estancamiento y declive económico chino antes de que un líder chino con una mentalidad más abierta al comercio, Deng Xiaoping, asumiera el poder en la década de 1980.
Esperemos que no le pase lo mismo a Estados Unidos, ya que el presidente Trump no tiene interés en importar productos de los dos países que más nos exportan y que, por lo tanto, contribuyen significativamente a la prosperidad del pueblo estadounidense.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 12 de junio de 2026.