2 de abril de 2025: un día de locura económica, no de liberación
Clark Packard señala que como resultado del mal llamado "Día de liberación", el renacimiento de la industria manufacturera estadounidense prometido por el presidente Trump se está produciendo en lugares como la provincia vietnamita de Bac Ninh.
Por Clark Packard
Hace un año este mes, el presidente Donald Trump entró en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, levantó un cartel con tipos arancelarios sin sentido sobre las importaciones procedentes de prácticamente todos los países del mundo y declaró el 2 de abril de 2025 "Día de la Liberación". Dijo a la audiencia que sería "recordado como el día en que renació la industria estadounidense" y que era "uno de los días más importantes… de la historia de Estados Unidos". El presidente declaró: "Importamos prácticamente todos nuestros compudores, teléfonos, televisores y aparatos electrónicos". Prometió que los puestos de trabajo y las fábricas "regresarían con fuerza" y que Estados Unidos reduciría su dependencia de China.
Parece que se está produciendo un auge de la fabricación, pero no en Estados Unidos.
A principios de esta semana, Bloomberg publicó un artículo sobre las consecuencias del "Día de la Liberación" en las cadenas de suministro mundiales, utilizando China y Vietnam como casos de estudio. El año pasado, Vietnam superó a China como principal proveedor de computadoras portátiles y otros productos electrónicos de Estados Unidos. Sobre el papel, esto debería ser una victoria parcial para la administración Trump: aunque no se haya relocalizado la producción en Estados Unidos, al menos el país está reduciendo su dependencia de la electrónica china. Pero si rascamos un poco bajo la superficie, surge una historia diferente.
El análisis de Bloomberg reveló que la producción principal de esos productos electrónicos sigue teniendo lugar en China. Ante unos aranceles impredecibles, los fabricantes chinos encontraron una solución rentable: trasladar las líneas de montaje de acabado, que requieren poca cualificación, al otro lado de la frontera, a Vietnam, donde se enfrentan a gravámenes más bajos. Cabe destacar la particular ironía de esta situación: los productos electrónicos de consumo fabricados en Asia quedaron exentos de los llamados "aranceles recíprocos", pero los productos fabricados en China seguían sujetos a gravámenes separados relacionados con el fentanilo de hasta un 20%.
Bloomberg descubrió que la filial vietnamita de Foxconn "exportó 8.600 millones de dólares en MacBooks, iPads y placas base tanto para productos como para servidores, mientras que importó 7.900 millones de dólares en diversos componentes de China, Corea del Sur y Taiwán. Eso significa que, como mucho, el 7,8 % del valor de las exportaciones se generó en Vietnam, si se exportaron todos los productos finales de Fukang". Algo similar está ocurriendo con BYD (más conocida por sus autos eléctricos), que también fabrica iPads para Apple. El efecto neto sobre la exposición de las exportaciones chinas a Estados Unidos fue mínimo. La caída de aproximadamente 51.000 millones de dólares en los envíos directos de China a Estados Unidos quedó prácticamente anulada por un crecimiento equivalente en las importaciones procedentes de Vietnam, India y México. La cadena de suministro no se relocalizó.
Como resultado, el renacimiento de la industria manufacturera prometido por el presidente se está produciendo en lugares como la provincia vietnamita de Bac Ninh, donde la demanda de mano de obra es tan alta que se traslada en autobús a trabajadores sin experiencia desde aldeas remotas y las empresas ofrecen bonificaciones por contratación de unos 570 dólares para atraer a nuevos empleados.
El balance del Día de la Liberación
Recientemente, mis colegas del Instituto Cato, Scott Lincicome, Alfredo Carrillo Obregón y Chad Smitson, han publicado una magnífica entrada de blog con datos y análisis sobre lo que han producido los aranceles durante el último año. El panorama no es nada halagüeño. Documentan una bonanza de lobbying impulsada por empresas desesperadas por conseguir exenciones, lo que ayuda a explicar por qué el régimen arancelario global, supuestamente de gran alcance, se ha llenado de excepciones. La incertidumbre en materia de política comercial ha aumentado drásticamente. El sistema arancelario estadounidense se ha vuelto significativamente más complejo y opaco. En lugar de aislar a China, los aranceles han acelerado una tendencia contraria: otros países, incluida China, están profundizando sus lazos comerciales y de inversión entre sí como forma de reducir su exposición a la errática política comercial estadounidense, con aranceles que han cambiado más de 50 veces en el último año, según la Tax Foundation (subidas de tipos, recortes de tipos, exenciones, inclusiones, pausas, etc.). Las investigaciones han demostrado que los consumidores estadounidenses, tanto particulares como empresas, absorbieron alrededor del 90-95% del costo de los aranceles, a pesar de las repetidas declaraciones de la Administración en sentido contrario.
En la edición de hoy del New York Times, el economista de Harvard Jason Furman explicaba por qué los aranceles no han logrado crear puestos de trabajo en el sector manufacturero. Y las cifras generales de la industria manufacturera hablan por sí solas. Los puestos de trabajo en el sector manufacturero disminuyeron en aproximadamente 90.000 entre abril de 2025 y febrero de 2026, mientras que el gasto en construcción para la industria manufacturera cayó cada mes en 2025. El déficit comercial —el pecado original que supuestamente causó todo el (muy exagerado) declive a largo plazo de la industria manufacturera estadounidense— aumentó en 2025 (Como señalan Lincicome, Carrillo Obregón y Smitson, esto se debió en parte a que las empresas estadounidenses se apresuraron a importar antes de que entraran en vigor los aranceles). Dado que alrededor del 50% de todas las importaciones son insumos intermedios, materias primas y bienes de capital, el estancamiento de la industria manufacturera era totalmente predecible. Los aranceles son un impuesto sobre la industria manufacturera nacional, no un subsidio.
El argumento de los defensores de los aranceles se basa en un auge de la inversión para crear nuevas fábricas nacionales dentro del muro arancelario recién erigido. El presidente cita habitualmente estadísticas descabelladas y sin verificar sobre todas las nuevas inversiones que fluyen hacia Estados Unidos. Sin embargo, estas afirmaciones no se han materializado. Erica York y Emily Kraschel, de la Tax Foundation, señalan que la inversión extranjera directa total en 2025, de 288.400 millones de dólares, "estuvo por debajo de la media de los diez años anteriores, de 320.700 millones de dólares, y fue inferior a los totales anuales" entre 2021 y 2024. En otras palabras, seguimos esperando el prometido auge de la inversión, y la inestabilidad del panorama político es una de las principales razones por las que es casi seguro que nunca se materializará.
Es probable que la historia considere el 2 de abril de 2025 como un día de infamia económica, no de liberación. Aunque la Corte Suprema anuló acertadamente los aranceles iniciales del presidente, la Administración está reconstruyendo la arquitectura arancelaria sobre un andamiaje jurídico diferente, por lo que la saga está lejos de haber terminado. Pero tras un año, los aranceles están fallando en sus objetivos declarados, incluida su premisa central: relocalizar la fabricación nacional.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 2 de abril de 2026.