La desglobalización es una gran manera de empobrecer a los estadounidenses

Norbert Michel indica que contrario a lo que sostienen los partidarios de un mayor financiamiento estatal de la inversión en investigación y desarrollo, EE.UU. continúa siendo uno de los 10 países que más invierte en I+D como porcentaje del PIB

Por Norbert Michel

A fines de septiembre participé en el Webinar del Simposio de Vail, “Inflación en EE.UU.: impactos actuales y futuros”, con Lisa Shalett de Morgan Stanley y David Wessel de Brookings. Fue una gran discusión, moderada por Richard Bard, y el video completo está disponible aquí.

En general, estuvimos de acuerdo en la mayoría de los puntos, especialmente en las causas del aumento de la inflación que comenzó en 2021. Por ejemplo, estuvimos de acuerdo en que tanto los problemas de oferta como los de demanda contribuyeron al aumento. También acordamos que los cambios de mes a mes en la inflación son más importantes en este momento porque las tasas de inflación de un año a otro permanecerán elevadas incluso si la inflación se mantiene estable durante el resto del año (Profundizo más en ese tema aquí). 

Sin embargo, no estoy tan seguro de que estemos tan de acuerdo con respecto a las perspectivas para el futuro.

Mis compañeros panelistas esperan que la inflación se mantenga relativamente más alta de lo que ha sido en tiempos “normales” en el futuro previsible, manteniéndose más cerca del 4% que del 2%. Parecen tener una explicación ligeramente diferente de por qué ese podría ser el caso, pero ambos parecen pensar que estamos experimentando un cambio estructural de algún tipo, donde todas las principales economías del mundo se reducirán y (a falta de un término mejor) se desglobalizarán (Pero juzgue usted mismo).

Los dos puntos que más sobresalieron fueron los semiconductores y el gasto en investigación y desarrollo (I+D).

Lisa sugirió que es problemático que EE.UU. ya no esté invirtiendo en “cosas que son fundamentales para construir una economía competitiva”, cosas como infraestructura e investigación y desarrollo. Tanto David como Lisa coincidieron en que EE.UU. depende demasiado de otros países para sus semiconductores, y David cree que EE.UU. tendrá que empezar a “orientar parte del dinero del gobierno para estimular la inversión privada” (Todo esto comienza alrededor del minuto 50).

En el frente de la inversión privada, probablemente no podamos estar más en desacuerdo. 

Durante décadas, los defensores de una mayor investigación y desarrollo financiados con fondos públicos han hecho parecer que ha habido una gran disminución de la investigación y el desarrollo en EE.UU. En años más recientes, los partidarios comparan a EE.UU. con China, un país que supuestamente está dejando atrás a otros países desarrollados. Pero como ha señalado mi colega Scott Lincicome, los datos del Centro Nacional de Estadísticas de Ciencia e Ingeniería (NCSES) y la OCDE cuentan con una historia muy diferente. 

Aquí hay algunos puntos destacados

  • El gasto total de EE.UU. en I+D alcanzó un máximo histórico en 2019, tanto en dólares ajustados a la inflación ($584.400 millones) como en porcentaje del PIB (3,06%). Este máximo histórico como porcentaje del PIB se produjo a pesar de una disminución de la I+D financiada con fondos federales (como porcentaje del PIB).
  • Todas las formas de I+D en EE.UU. (desarrollo básico, aplicado y experimental) alcanzaron máximos históricos en 2019.
  • EE.UU. lidera el mundo en gasto bruto en I+D, muy por encima de China. 
  • EE.UU. se encuentra entre los 10 principales países en gastos de I+D como porcentaje del PIB, muy por encima de China.

Estas estadísticas justifican una visión escéptica sobre la necesidad de estimular más inversión privada en EE.UU. Y los defensores de “dirigir” más fondos gubernamentales hacia la inversión privada deberían explicar por qué EE.UU. necesita más inversión financiada por el gobierno cuando el sector privado ya lo está haciendo tanto.

Es difícil argumentar que ha habido una falla del mercado, y si la financiación del gobierno ha impulsado la innovación y la competitividad de EE.UU., debería haber toneladas de pruebas sólidas de su beneficio neto. 

En cuanto al tema de los semiconductores, está muy claro que “los subsidios masivos a los semiconductores en China … no han producido una industria de vanguardia que supere al mundo”. Igual de importante, el mero hecho de que EE.UU. no produzca la mayoría de los semiconductores del mundo –o la mayoría de cualquier otra cosa en particular– nos dice muy poco sobre el estado de la economía estadounidense o su capacidad para producir bienes y servicios.

Los semiconductores son una de las principales exportaciones de EE.UU. y los fabricantes estadounidenses producen el 43% de sus chips en EE.UU. (Consulte la página 23). Es cierto que, por participación de mercado, las tres empresas más grandes del mundo tienen su sede en Taiwán o Corea del Sur. Sin embargo, medido por ingresos, Intel INTC -2,7% con sede en EE.UU. es la compañía de semiconductores más grande del mundo (Tal vez el Congreso debería haber tomado la palabra del CEO de Intel cuando dijo que su empresa no necesitaba subsidios). 

Independientemente, la realidad es más complicada de lo que cualquiera de estas estadísticas individuales podría sugerir, y no favorece la noción de que la desglobalización está sobre nosotros. Por ejemplo, Intel tiene más de 100.000 empleados, repartidos en 46 países diferentes. Samsung, con sede en Corea, la segunda empresa de semiconductores más grande del mundo (por ingresos), emplea a casi 290.000 personas, con operaciones en 74 países. Incluso Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la más grande del mundo por participación de mercado, tiene instalaciones de fabricación en varios países y está abriendo una nueva instalación en Arizona

Si realmente estamos presenciando la desglobalización, muchas empresas –no solo las empresas de semiconductores– tendrán que revertir el rumbo y comenzar a hacer negocios de manera muy diferente. 

Y si eso ocurre, no será bueno para los estadounidenses. Como demuestra la reciente escasez de fórmula para bebés, concentrar la producción solo en EE.UU. no evita los problemas de la cadena de suministro. Hace lo contrario. 

Mis compañeros panelistas parecen pensar que nos estamos moviendo hacia una era de más nacionalismo económico y política industrial. No estoy seguro de que si apoyan ampliamente ese cambio, pero espero que estén equivocados porque hacer todo en EE.UU. es una buena manera de empobrecer a los estadounidenses (Y como Scott Lincicome ha explicado en detallehay muchas buenas razones para creer que este tipo de desglobalización no está ocurriendo. Resulta que muchas personas con capital en riesgo entienden cómo diversificar). 

La apertura de mercados y la expansión de la libertad económica de los estadounidenses es la mejor manera de garantizar que los estadounidenses sean más competitivos y resistentes. Es una pena que tan pocos hayan aprendido esa lección.

Este artículo fue publicado originalmente en Forbes (EE.UU.) el 28 de septiembre de 2022.